50 años de Últimas tardes con Teresa

Juan Marsé: "La papada de Barberá y el tancredismo de Rajoy son netamente franquistas"

La novela que le consagró cumple medio siglo y el escritor hace un ejercicio de reedición y memoria: España no ha cambiado tanto.

El escritor Juan Marsé en su casa de Barcelona

El escritor Juan Marsé en su casa de Barcelona Getty Images

Han pasado cincuenta años de las visitas nocturnas del Pijoaparte al cuarto de la criada, del olor dulzón de Teresa en las tardes, del Floride derrapando hasta Monte Carmelo. Cincuenta años ya de esa Barcelona de manifestación joven, de libros prohibidos rulando por las universidades, de verbenas y besos y cárceles para niños pijos malos como Luis Trías. Cincuenta años desde que, en 1966, el Premio Cervantes Juan Marsé publicase Últimas tardes con Teresa en una sociedad censora de consignas franquistas que, según el autor, aún coletean. 

No habremos cicatrizado tanto o no nos habremos quitado todas las costras. Pero Últimas tardes con Teresa le sirvió a Marsé para consagrarse como escritor, para sacudirse la historia febril que no puede ser, para espabilar al charnego que le vive dentro y decirle que no hay nada que rascar, que los sueñecitos pudientes duran sólo un verano. El ojo de la nuca del autor no ha perdido esa templanza antigua y medio sarcástica de barrio viejo: "Cuando escribí Últimas tardes era un aprendiz de escritor y sigo siéndolo".

Teresa y Pijoaparte se desencontraron, pero el resto entendimos que las ideas políticas están inevitablemente ligadas al sexo

En realidad no es una novela, es "un doble equívoco": "La universitaria Teresa, llevada por su romanticismo ideológico de izquierdas y su mala conciencia de burguesita, confunde al charnego con un militante obrero. Y Manolo es un delincuente de poca monta, un buscavidas no politizado, que cree que su amor por Teresa y su respeto a las convenciones de su clase le permitirán acceder a su mundo". Ellos se desencontraron, claro, pero el resto entendimos algo importante: que las ideas políticas están inevitablemente ligadas al sexo, que la nube ideológica nos condiciona la apetencia carnal.

Marsé dice no ser "un sociólogo disfrazado de novelista, figura que abunda más de lo deseable", pero defiende el canallismo idealista de su Pijoaparte, palomita blanca comparado con "la mayoría de quienes gobiernan hoy España y sus autonomías o quieren gobernarlas". 

¿A qué político actual se parece más Pijoaparte? 

No se parece en nada a los políticos. Si acaso, en el lazo social que los ata al delito y del que intentan librarse… Pero el charnego Pijoaparte es un soñador, no un depredador social instalado en el poder. 

Su ideal era salir con una muchacha burguesa para escalar de posición social. ¿La lucha de clases ha terminado?

No ha terminado. No terminará nunca, porque en este mundo siempre habrá afortunados y parias, y éstos siempre albergarán sueños de fortuna, dignidad y respeto que se verán frustrados.

¿Qué herencias franquistas tenemos, si es que las tenemos?

Persisten no pocas corruptelas y son también herencia franquista, claro está. El peso de la iglesia católica en la enseñanza y sus corruptas alianzas políticas y jurídicas con el Estado, por no hablar de la impunidad con la que obispos y cardenales sueltan burradas y dislates pretendiendo aleccionar a la ciudadanía. El patriotismo andorrano del Honorable Jordi Pujol, el bigote y la chulería de José María Aznar, las mentiras de la Cospedal, los bolsos y la papada de Rita Barberá y el tancredismo de Rajoy son netamente franquistas. Y es que el franquismo es un cadáver que apesta.

¿Ha cambiado la burguesía catalana?

Sí. Es menos creativa y más hortera, más cutre. Más ñoña y sentimental y manejable, sin aquel ímpetu empresarial y aquel atrevimiento imaginativo y artístico que antaño logró obras memorables.

¿Tiene usted patria?

La patria que me proponían el Honorable Pujol y señora, la que me proponen CIU y ERC con esos volatineros y sandungueros de la CUP, es una carroña sentimental empaquetada y distribuida por TV3 y Catalunya Radio, y yo no como de eso.

¿Por quién se decidiría Teresa entre Podemos y Ciudadanos?

Teresa Serrat tendría tal vez, en sus buenos tiempos, una aventura con uno de Podemos, pero se casaría con uno de Ciudadanos.

¿Siente nostalgia de algún momento político de la Historia de España? ¿Cuál fue -o cuál es- nuestra mejor versión?

España necesita urgentemente una regeneración moral. No soy adepto a las nostalgias, pero con frecuencia me siento manipulado por políticos verbosos, incultos y corruptos, y eso me lleva a pensar a veces en la República perdida que un día soñó mi padre, y entonces vislumbro otro país, otro destino, otros horizontes. Pero no es más que un espejismo. Estamos en otra Europa, en otros conflictos, y todo está por hacer.

¿Qué es peor en la clase política, la incompetencia o la corrupción?

Ambas cosas. Los gobiernos de este país han sido capaces de producir tal cantidad de políticos ineptos o corruptos o simplemente valencianos risibles que me parece asombroso que en Europa aún nos concedan crédito. Porque el franquismo es un cadáver de ayer que todavía apesta, como he dicho antes, así que hoy la pregunta es: ¿seremos capaces de imponer el cambio, la regeneración democrática que habrá de integrarnos definitivamente en Europa?

¿Cuáles serían hoy las lecturas revolucionarias de Teresa? Hace cincuenta años, leía, entre otros, poemarios de Nazim Hikmet…

Hoy veo a Teresa con 70 años y viuda de un benemérito y riquísimo industrial catalanufo, rodeada de nietos y leyendo declaraciones de Pablo Iglesias, pero también leyendo el ¡Hola! y a Pilar Rahola y (a ratos y a hurtadillas, cuando nadie la ve) Cincuenta sombras de Grey, ese bodrio.

¿Y usted? ¿Qué leía hace cincuenta años y qué lee hoy?

Por aquellos años leía a Stefan Zweig, Somerset Maugham, Baroja, Balzac, Hemingway, Tolstoi, Dostoievski, Flaubert, Faulkner, Espronceda, Stendhal, Scott Fitzgerald, Machado, Dickens, Rulfo, Balzac, Galdós, Kafka, Melville, Cernuda… Hoy leo a Stefan Zweig, Baroja, Balzac, Hemingway, Tolstoi, Dostoievski, Flaubert, Faulkner, Stendhal, Scott Fitzgerald, Machado, Dickens, Rulfo, Galdós, Kafka, Melville, Cernuda… 

¿Es posible ser un obrero no politizado, como Pijoaparte?

Durante trece años trabajé en un taller y viví en un mundo obrero que no estaba politizado, o lo estaba muy poco. La dictadura y los afanes de supervivencia pesaban mucho. Hoy el panorama es muy distinto. El Pijoaparte no estaba politizado en absoluto, pero captaba señales en Teresa que hacían entender el conflicto que vive la estudiante universitaria progresista y fagocitaban su sueño.

¿Qué necesita España para superar la “mala conciencia de señorito”? ¿A Podemos?

No lo sé. Con gobernantes eficientes y honestos, con más educación y cultura y con menos delirios identitarios y patrioteros, con una buena regeneración democrática en marcha, la cosa empezaría a cambiar, estoy seguro. Pero nadie está por la faena.

¿Qué simboliza ese final agrio? ¿Son irreconciliables, a largo plazo, Teresa y Pijoaparte y lo que representan?

Por supuesto, son irreconciliables. Si al final de la historia el chico pobre y la chica rica se casaran (pero nunca pasó por mi cabeza semejante dislate) habría escrito una novela rosa, malísima además, incongruente, por su deriva sarcástica y sus resabios sociopolíticos.