José María García

Así sellaron la paz García y De la Morena

Los dos grandes de la radio deportiva española comieron en febrero de 2014 según cuenta este libro que se publica ahora.

José María García en su estudio.

José María García en su estudio.

Desde que García salió de la Ser, en 1981, la cadena había removido cielo y tierra para recuperar el liderazgo de la radio nocturna, pero sólo había cosechado fracasos: José Joaquín Brotons, Álex Botines, Joaquín Durán, Julio César Iglesias… La emisora lo intentó hasta con Jesús Quintero, el Loco de la Colina.

En 1987, dos años después de que Prisa comprara la Ser, los nuevos gestores nombraron responsable de Deportes a Alfredo Relaño. Le pidieron que diseñara una estrategia para competir con Supergarcía. Pasaron meses antes de que le confiara a José Ramón de la Morena la dirección del nuevo programa. Juntos pusieron en marcha un espacio que abordaba el deporte desde un punto de vista desenfadado, con un lenguaje cercano. Tenía un locutor principal, pero se hacía de forma coral, con participación de varios periodistas.

El Larguero empezó sus emisiones el verano de 1989. El primer choque con Supergarcía se produjo a cuenta de un incidente en un partido entre Brasil y Chile, clasificatorio para el Campeonato del Mundo, que se disputó en el estadio de Maracaná el 3 de septiembre de 1989 (en Río de Janeiro, Brasil 1 - Chile 0). Una bengala lanzada desde la grada cayó junto al guardameta chileno, que rodó por los suelos aparentemente sangrando. Días después se comprobó que fue una farsa, que el portero simuló haber sido alcanzado.

Cuando aún no se conocían todos los detalles del caso, García defendió que había que dar el partido por perdido a Brasil. Relaño, en El Larguero, opinaba que no. García se hizo eco de sus comentarios y lo ridiculizó en antena. "Las primeras agresiones siempre las hizo García contra nosotros ", afirma Paco González (Madrid, 1966). "Era su forma de hacer el programa; él era así. Juzgaba si el lateral había centrado bien o mal, y si el periodista de una cadena que no era la suya lo había hecho bien o mal. Y se ponía a repartir. ¡Pumba! Y nos tocó varias veces".

García en la Vuelta.

García en la Vuelta.

Rambo en Oviedo

El 6 mayo de 1990, García y Relaño estuvieron a punto de llegar a las manos. Fue en la puerta del hotel La Reconquista, de Oviedo, antes de la salida de una de las etapas de la Vuelta. García bromeó con uno de los conductores de la Ser, un viejo conocido al que llamaban El Botas. Al verlo, Relaño le recriminó por mostrase tan amigable con un equipo al que ofendía cada dos por tres en antena. García respondió con chulería, y Relaño le emplazó a resolver sus diferencias en la parte trasera del hotel. De la Morena fue testigo de lo ocurrido: «Me acuerdo como si fuera hoy. Al desafío de Relaño, García le contestó: “¡Oye! ¡Que tú tampoco eres Rambo!”. Entonces Relaño le hizo un gesto de desprecio con la mano y, sin querer, le dio en el cigarro que llevaba en la boca y lo salpicó de chispas. No fue un golpe, pero se corrió la voz de que le había dado un bofetón. Al final, creo que hasta Relaño acabó convencido de que le había pegado ». Ese día, Juan Manuel Gozalo envió una botella de champán al supuesto agresor, lo que da idea de la animadversión que García generaba entre otros compañeros.

"Nos las hizo de todos los colores", asegura De la Morena. "Presionó a Delfín Álvarez para que no estuviera en El Larguero el día que sustituyó a Díaz Novoa en el banquillo del Celta. A Azcargorta le aseguró que no volvería a entrenar en España si osaba atender nuestros micrófonos. A Emilio Cruz, nombrado técnico del Rayo, lo acojonó hasta el punto de que rechazó participar en el programa, aunque era amigo personal mío".

Se produce una escalada en el tono y en el lenguaje. De la Morena se da cuenta de que entrar en el cuerpo a cuerpo le beneficia. Su audiencia, más juvenil, más gamberra, disfruta con las burlas a García. Llena el estudio de público; la mayoría son estudiantes. Están admitidos los aplausos, las risas y el pataleo. Cada noche es una función de radio. García se niega a admitir que eso sea un programa deportivo. Lo califica de "circo". Pero De la Morena sigue a la suya. Saca El Larguero a la calle. Recorre el país haciendo su espacio en directo. Y no hay semana que no dedique alguna pulla a su oponente. Erigirse en antagonista de García le granjea simpatías y popularidad. En ese propósito tiene el apoyo de todo el Grupo Prisa. El diario El País y Canal Plus reproducen las críticas a García y alimentan la rivalidad entre ambos.

Uno de los carteles de

Uno de los carteles de

Una campaña polémica

El año más tormentoso es sin duda 1994. En febrero, El Larguero lanza una campaña de promoción en prensa y en televisión en la que retrata a García como a Hitler, utilizando una imagen de la película de Chaplin El gran dictador. El anuncio dice: "Fanatismo o espectáculo". La primera palabra va acompañada por una fotografía del actor, caracterizado como Hitler, encorajinado ante unos micrófonos. La segunda aparece junto a una imagen de De la Morena con su colaborador Michael Robinson en actitud distendida.

Los directores de ABC, El Mundo y Diario 16 exigen su retirada. La Asociación de la Prensa de Madrid publica una nota rechazando ese tipo de prácticas. La Asociación Española de la Prensa Deportiva también se dirige a la Ser para que cancele la publicidad. "El ataque fue brutal", recuerda García. "No sólo fueron aquellos famosos anuncios donde yo era Hitler. Desde el monopolio que Prisa ejercía con los partidos televisados, los domingos aparecían una y otra vez pancartas estratégicamente situadas en las que ponía 'Butano cabrón', 'Enano' y demás".

Casi dos décadas después, al recordar aquellos incidentes, Santiago Segurola (Baracaldo, 1957), escribe: "De ese tiempo quedan recuerdos atroces, como la soga que ahorcó a un muñeco que representaba al periodista José María García. Un cable de hierro cruzó de parte a parte la anchura del campo, frente a 100.000 espectadores que asistieron a aquella terrible y simbólica ejecución pública, uno de los actos más despreciables que ha visto el fútbol español. Por supuesto, el club colaboró. Cuando menos miró hacia otra parte, que es una manera igual de indigna de colaboración".

La Ser graba todas las intervenciones de García. Cada mañana, a De la Morena le pasan una nota con lo más destacado que ha dicho su contrincante la noche anterior. Si encuentra algo atractivo, pide el corte de voz para comentarlo en su espacio; si no, siempre queda el recurso al chascarrillo. Por ejemplo: "Crece la instalación de gas ciudad en Madrid porque el butano está caduco".

La estrategia está clara: caricaturizar a García como anticuado y rancio. Y dado que, al comprar Antena 3, Prisa se hizo con el archivo sonoro de la cadena, la Ser tiene a su disposición 10 años de grabaciones, una mina a la que acude regularmente para añadir pimienta al programa. De la Morena se refiere a García como "Superratón", y este bautiza a su antagonista como "el vizconde de Brunete", haciendo mofa de su estrabismo.

El Larguero sigue ganando audiencia. Rebasa por primera vez el millón de oyentes. En 1992, Supergarcía le aventajaba en más de medio millón. A finales de 1994, esa diferencia se ha reducido a solo 80.000. Comienza a hablarse de El Larguero como de un fenómeno sociológico: la posibilidad real de darle un vuelco a la radio deportiva en España, empresa que se tuvo por imposible durante mucho tiempo.

"¿Cómo lo ha conseguido De la Morena?", se pregunta Víctor M. Amela en La Vanguardia. "Muy sencillo: ha convertido a García en el protagonista del programa, en el pimpampum de su feria. Su arma secreta es el propio José María García".

Del mismo modo que García había montado una galería de personajes donde estaba muy claro quiénes eran amigos y quiénes tenían puesta la cruz, De la Morena crea la suya por oposición. Los amigos de García son sus enemigos, y viceversa. Javier Clemente, Jorge Valdano, Villar, Pedro Delgado, Núñez, Mendoza… pasan a ser santificados en una parte del dial y despellejados en la otra. Y sus manifestaciones se utilizan para caldear más el ambiente. Hasta las ruedas de prensa sirven para avivar por el día las brasas que deja la noche.

García dispuso que cada noche le grabaran, entero, El Larguero. Al terminar su programa y salir del estudio, tenía encima de la mesa del despacho dos cintas de casete, y camino de casa, entrada ya la madrugada, cuando la gran mayoría de sus oyentes y los de su rival habían apagado los transistores, le pedía a su chófer que las pusiera y las iba oyendo mientras el vehículo recorría una M-30 gris, solitaria y muda. Es una imagen tremenda que resume la pugna histórica entre los dos periodistas.

El 18 de abril de 1995, el EGM confirma que El Larguero ha desbancado a Supergarcía. De la Morena registra 1.360.000 seguidores; García, 1.230.000. "En la Ser alguien había dicho: 'Si somos líderes, llenamos la Cibeles de champán y bañamos a todas las meretrices de Madrid'", recuerda Alfonso Azuara. "¿Por qué? Porque eran 20 años de García, que parecía inamovible". No hubo meretrices en la fuente madrileña, pero sí hubo fotos en el estudio para inmortalizar una jornada histórica para la radio en España.

García negó credibilidad a los datos del EGM y fingió, en todo caso, no darle mayor importancia al hecho de pasar a ser segundo en los índices de audiencia. Sin embargo, todos los que lo conocen aseguran que era algo que le mortificaba. García es un ganador nato y extraordinariamente competitivo. Para él sólo cuenta ser primero.

García antes de un partido en la playa.

García antes de un partido en la playa.

Un epílogo inesperado

Aquella guerra en las ondas, sin precedentes, irrepetible, acabó ganándola Prisa. García jamás recuperó el número uno. Aún hoy niega cualquier fiabilidad al EGM: "La medición en la radio privada te la dan dos datos: la repercusión que tienen tus noticias y el anunciante, y yo seguí batiendo todos los registros".

Hasta hace poco, cada vez que le preguntaban por De la Morena le costaba hablar de él. Había que sacarle las palabras como con fórceps: "Un mediocre periodista y un pésimo comunicador. Su bagaje es presumir de que acabaron con García". En ocasiones incluso fingía ignorancia: "¡Ah! ¿Pero todavía hace el programa?". Era la prueba de que la herida no había cicatrizado.

Sin embargo, en noviembre de 2013, García alababa sorprendentemente en Radio Marca una entrevista que el director de El Larguero le había hecho al futbolista Adrián López: "Todavía hay momentos [en la radio] que merecen muchísimo la pena. El otro día escuché una entrevista con Adrián realizada por De la Morena que me llegó. Fue el día de la muerte de los mineros, y Adrián es hijo de uno".

Para cualquiera que hubiera conocido su rivalidad y la inquina que se profesaron, se trataba de algo asombroso. Tenía una explicación: 25 años después habían firmado la paz. El primer paso lo dio De la Morena. Llamó a García y quedaron a comer. "No sé lo que me queda de radio, pero antes de marcharme quería solucionarlo", señala. "La vida es demasiado corta como para perderse en estas cosas. Y creo que se necesita la paz mediática. No podemos dejar una herencia de trincheras a los periodistas que vienen detrás".

El encuentro se produjo el martes 18 de febrero de 2014 en un restaurante de la calle Serrano. Hablaron del pasado, de los errores cometidos, de la radio… Estuvieron a gusto. Se alargó la sobremesa. García pidió varios cafés. El tiempo se les pasó volando. De la Morena le confesó que tenía una foto con él del día que le despidieron de la Ser. La sacó el periodista Enrique Gozalo mientras García recogía sus cosas y De la Morena, un becario entonces, le echaba una mano. Pararon un segundo y posaron para la posteridad.

Es una foto que De la Morena ha guardado secretamente durante más de tres décadas y que ha publicado en Los silencios de El Larguero…25 años después. García aparece en mangas de camisa, con el pelo, ya escaso, un poco revuelto. Cinco días antes había cumplido 38 años. De la Morena luce una abultada cabellera. Le faltaban tres días para cumplir 25. "Se la voy a dar enmarcada", asegura. "Hubo una segunda foto en la que aparecía yo llevándole la maleta a su BMW azul, pero no salió porque era la última del carrete y se veló la mitad".

La cordialidad se ha mantenido después de aquella comida de reconciliación. Semanas después, el equipo de fútbol sala de García ganó la final de la Copa de España de 2014. De la Morena fue uno de los primeros en felicitarle. "Tengo muy claro que como reportero fue el mejor. Como profesional, ¿qué le vas a discutir? Yo no he llegado a los niveles de García", subraya. "A mí me decepciona cuando se sube al púlpito y llega al Gobierno. Porque García gobierna. Y a mucha gente le hizo daño, como seguramente yo también. Nunca deseé aquella guerra ni la organicé".

Se ven de tanto en tanto. Cada vez que lo hacen hablan de periodismo, de los viejos tiempos, también de la actualidad y de la vida. José Luis Sainz, consejero delegado de Prisa, le ha propuesto a García que acuda a El Larguero para que se visualice esa concordia, el fin a tantos años de lucha sin cuartel. Hasta ahora se ha mostrado renuente: "Creo que no es… No me importaría, pero ¿qué voy a decir? Son estilos de radio diferentes… Hemos visto que los dos hemos sido torpes. Durante mucho tiempo estuvimos equivocados".

Quién sabe si algún día se reconciliarán también quienes fueron sus fieles colaboradores, rehenes de una lucha que parecía eterna, y sus miles de incondicionales, reacios durante años a cambiar de dial. Ahora cobran todo su sentido las enigmáticas palabras de José Ramón De la Morena una noche de principios de 2014 en El Larguero, cuando casi nadie estaba al corriente de la situación: "Como alguien me ha dicho hace poco… olvidemos el pasado".

Este texto es una versión condensada del capítulo 6 del libro 'Buenas noches y saludos cordiales' (Corner, 2016), que acaba de salir a la venta. Encárgalo en Amazon