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Pérez-Reverte quiere guerra

El autor de “El capitán Alatriste” explica el conflicto de 1936-1939 a los jóvenes en breves y ambiguos retazos, para "no olvidar”.

Imagen de la portada del libro de Pérez-Reverte y Fernando Vicente.

Imagen de la portada del libro de Pérez-Reverte y Fernando Vicente.

  1. Guerra civil española
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De los creadores del Quijote resumido llega la Guerra Civil resumida. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) tiene una nueva causa: después de “limpiar” la obra de Cervantes para “adaptarla al uso escolar”, porque “no debería leerse nunca con 15 años”, regresa con un nuevo resumen. Después de justificar la “poda” para hacer “aproximación amena, eficaz”, que sea “una herramienta educativa”, una “lectura sencilla”. Después de darle a la tijera para conseguir “una lectura sin interrupciones de la trama principal”, le toca a la guerra.

Su propósito vuelve a ser loable: quiere enseñar a los jóvenes la contienda, troceadita, bien picada, subrayando unos aspectos y olvidando otros tantos. Es la ley de los resúmenes. “De aquella desgracia podrían extraerse conclusiones útiles sobre la paz y la convivencia que jamás se deben perder. Lecciones terribles que nunca debemos olvidar”, escribe en el prólogo el autor de El Capitán Alatriste y académico de la RAE.

Ilustración de Fernando Vicente sobre la batalla del Ebro

Ilustración de Fernando Vicente sobre la batalla del Ebro

La guerra civil contada a los jóvenes (Alfaguara) -ilustrada magistralmente por Fernando Vicente, que nunca antes se había acercado a este asunto- no es el único empeño de la industria editorial en abreviar hasta los huesos la Historia. El riguroso historiador Juan Pablo Fusi publicó hace un año Breve historia del mundo contemporáneo (Galaxia Gutenberg), en el que resolvió la contienda española en ocho páginas. El investigador aclaraba que no se trataba de “divulgación”, sino de “precisión”. “O se hace literatura o se hace precisión o se calla uno”, advirtió en 1908 el joven Ortega y Gasset a Ramiro de Maeztu.

Sobre “la sublevación”

“En principio se trataba sólo de un golpe de Estado para instaurar una dictadura militar que gobernase el país. Sin embargo, las cosas se complicaron por la resistencia que desde el primer momento opusieron las izquierdas y el legítimo gobierno republicano, que armaron al pueblo para oponerse a los sublevados”.

Estamos ante uno de los extractos más polémicos, en el que el académico parece restar importancia a eso, un golpe de Estado. Además, parece explicar a los jóvenes que la sublevación podría haber triunfado a la primera y por el bien de la sociedad española, pero la resistencia “complicó” las “cosas”. Jóvenes y adultos entienden la ambigüedad de las “cosas”. Quizá se refiera el autor a las “cosas” de los militares, que querían “gobernar el país”; o a las “cosas” de los resistentes, que querían proteger a su Gobierno. Sin embargo, no menciona, como hace Juan Pablo Fusi, que de los 31.000 oficiales del ejército español, 8.500 permanecieron leales a la República y 14.000 se sublevaron (“el resto sufrió distinta suerte”).

Prueba del trabajo de Fernando Vicente para el libro.

Prueba del trabajo de Fernando Vicente para el libro.

El avance sobre Madrid”

“Los militares sublevados eligieron por jefe a un general llamado Francisco Franco, que había conseguido prestigio en las guerras de Marruecos”.

Como bien aclara Juan Pablo Fusi, los militares se sublevaron porque aducían que la República era un régimen sin legitimidad política y contrario a la esencia católica de España; porque entendían que la concesión de autonomía a las regiones era una amenaza a la unidad nacional; y porque había falta de autoridad para controlar las huelgas y desórdenes. Pérez-Reverte explica a los jóvenes éste último punto como razón de la sublevación y porque “se creían marginados” por la República. En el relato juvenil no hay ni rastro de la Iglesia católica, de su papel a favor del golpe de Estado y de la represión que sufrió.

Sobre “los asedios”

“Los dos bandos pelearon con crueldad y también con valentía”.

Con demasiada frecuencia, el escritor deja que su corazón le lleve hacia los territorios comanches donde la épica de la guerra oculta el tam-tam de los asesinatos. Si bien explica al comienzo del libro que una guerra civil es la peor de todas, porque enfrenta a amigos, vecinos y hermanos, inmediatamente carga las cananas, mete munición y echa a correr: “Como ocurrió en la mayor parte de las batallas de esta guerra, ambos bandos pelearon con valor y ferocidad”. Esto es sobre la batalla del Jarama. La épica y el mito del valor del militar parece legitimar la matanza de una población arrastrada a la guerra.

Ilustración sobre las causas politicas.

Ilustración sobre las causas politicas.

“Los soldados franquistas, que recibieron orden de resistir a toda costa, se mantuvieron en sus posiciones con extraordinaria firmeza, sólo comparable al tesón con el que los republicanos atacaban una y otra vez”. Esto sobre la batalla del Ebro. Y aquí sobre la intervención de los exiliados en la Segunda Guerra Mundial: “Un gran número de españoles tomó las armas en diversos lugares de Europa contra los nazis, tanto con las tropas regulares aliadas como con la Resistencia francesa, a la que aportaron su coraje y experiencia militar”.

Sobre el franquismo

“En vez de optar por la clemencia y la reconciliación, el régimen franquista, convertido en una férrea dictadura que iba a durar cuarenta años, procuró aplasta cualquier resto de libertad y democracia”.

Pérez-Reverte habla de miles de víctimas, sin precisar que en ella murieron unas 300.000 (en torno a 175.000 en el frente; unas 60.000 en la represión de la zona sublevada; otras 30.000 en la represión zona republicana). Tampoco precisa que Franco ejecutó a otras 50.000 personas en la inmediata posguerra. Como aclara Fusi, el propósito del historiador debe ser la precisión y la verdad, aunque se dé en formatos reducidos. No por ser breve debe ser mentira, ni impreciso. El novelista y antiguo reportero prefiere el genérico al dato: “Franco no dudaba en sacrificar a las propias tropas en una larga guerra de desgaste, mientras que con la represión de los vecinos aseguraba las zonas conquistadas”

Juan Carlos, el salvador

“Juan Carlos I volvió a legalizar los partidos políticos, procuró la reconciliación nacional, liquidó el régimen franquista y devolvió a España la democracia”.

El retorno de la democracia fue así de simple: el dictador muere y su heredero devuelve la soberanía al pueblo. La guerra y la dictadura quedaron finiquitadas aquel 20N de 1975. No hizo falta el esfuerzo de la Transición, ni la crítica a ésta -cuarenta años después- por haber sido permeable a la oleada franquista en las instituciones. Muchos historiadores, como Gutmaro Gómez, siguen denunciando hoy el apego por la inercia del régimen, como en el poder judicial pendiente de cuestionar su pasado ni revisar sus decisiones. La complejidad del conflicto y sus consecuencias, como observó Orwell, queda sin pintar en la guerra ilustrada de Arturo. Pero como es para jóvenes...