Memoria histórica

Calderilla para encontrar a Lorca

El equipo de arqueólogos que trabaja entre Alfacar y Víznar en busca de los cuatro fusilados se quedan sin dinero en la recta final de la excavación. 

El arqueólogo Miguel Ángel Zapater usa el detector de metales en busca de la fosa.

El arqueólogo Miguel Ángel Zapater usa el detector de metales en busca de la fosa.

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Tres semanas después de empezar a mover toneladas de tierra, los trabajos para encontrar los restos del maestro republicano Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas están garantizados gracias a los donativos. Durante los primeros siete días, los componentes de la asociación Regreso con honor contaron con una máquina excavadora de la Junta de Andalucía. Pero el PP denunció que la pala mecánica se estaba empleando para algo que no se había cedido, trabajos en una carretera.

Las dos Españas están presentes, aquí viene gente a insultarnos y otros a animarnos

Era el primer revés político contra el trabajo del grupo de arqueólogos que se ha movilizado voluntariamente a la zona conocida como el Peñón del Colorao, para la localización y exhumación de los restos de los tres hombres que fueron fusilados junto a Federico García Lorca, en agosto de 1936. Un vecino de la zona apareció con su máquina y se la cedió al grupo para que continuaran sus labores. “Las dos Españas están presentes, aquí viene gente a insultarnos y otros a animarnos”, dice Javier Navarro, arqueólogo responsable de la intervención.

Pero una semana más tarde el vecino tuvo que recuperar la máquina y la excavación volvió a paralizarse. Sin fondos con los que acometer la última fase de la búsqueda del pozo en el que se supone están los cuerpos, el grupo hizo un llamamiento hace dos días y organizaron un crowdfunding solidario para poder continuar su trabajo. Necesitaban reunir dinero para alquilar un par de máquinas. “Hemos recibido 3.000 euros en donativos de la gente. Esto nos permite tirar dos o tres días más”, comenta a EL ESPAÑOL Navarro.

La pala que estuvo trabajando hace semanas, moviendo siete metros de tierra.

La pala que estuvo trabajando hace semanas, moviendo siete metros de tierra.

Según sus cálculos es posible que el martes haya resultados de la búsqueda. “Si localizamos la fosa, no habrá más problemas de financiación”, asegura. Cree en la sensibilidad de la gente. Es optimista y no ve en las trabas económicas el mayor de los escollos de una excavación que es la metáfora del olvido de la Memoria Histórica española. El mayor inconveniente de este trabajo ha sido mover toneladas y toneladas de tierra que se habían traído hasta la zona para tapar lo que no se quiere ver o recordar.

Un circuito de motocross

El lugar hizo la Transición como el resto del país, escondiendo los problemas. Alguien decidió convertir la zona de fusilamientos masivos (todavía hay más de 500 cuerpos que esperan ser rescatados para enterrarlos, en el barranco de Víznar) en un circuito de motocross. Más tarde, los montículos que se habían levantado para que las motos saltaran a los cielos fueron allanados para que los futbolistas practicaran su deporte.

Todo el terreno se ha revuelto y los especialistas no pueden seguir ningún rastro. Donde suelen encontrar la memoria embalsamada, la tierra, ahora hallan latas de refrescos y cerámicas rotas. Una escombrera. Esto dificulta sus labores porque las huellas han sido desvirtuadas. “Hemos abierto más parte del terreno de la que teníamos previsto, porque hay que vaciar toda esa arena. El suelo está muy afectado y creía que la fosa iba a estar intacta. Las evidencias que podrían marcar la fosa han desaparecido”, cuenta el arqueólogo. Ahora tendrán que emplear una pala excavadora para ir a por los huesos, en vez de emplear limpieza fina.

Todos voluntarios, junto con los 14 de la asociación Regreso con honor. Nadie cobra por su trabajo

Los trabajos tienen el visto bueno de la familia del maestro y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), en calidad de familia política de Arcollas y Galadí. Y el rechazo de la familia del poeta. Sonia Turón pertenece al grupo de trabajo de Memoria Histórica de la CNT, del que han ido a trabajar cinco personas. “Lo hacemos porque creemos en la causa”, dice.

El responsable de la excavación, Javier Navarro.

El responsable de la excavación, Javier Navarro.

Todos voluntarios, junto con los 14 de la asociación Regreso con honor. Nadie cobra por su trabajo. En los orígenes del proyecto había un mecenas dispuesto a hacerse cargo del pago de algunos de los colaboradores. Pero falló. “Un empresario vasco ha puesto 6.000 euros. Dos amigos míos, 1.000 y 600 euros. Una profesora de Puerto Rico, 1.000 dólares. La CNT 1.500 euros. Y mantenemos la cuenta abierta para seguir recibiendo donativos”, explica Navarro.

La Junta ha desaparecido

Esta campaña, con trampas a diario, es la tercera fase de una operación que empezó en 2013. Desde entonces, el equipo ha ido avanzando y descartando zonas. Es un terreno complicado, dicen los arqueólogos. Aquellas dos primeras intervenciones las realizaron por encargo de la Junta de Andalucía, pero el equipo del gobierno cambió y los nuevos se desentendieron de la memoria. “Nos dijeron que ellos no continuarían apoyando este tema”, dice Navarro. “Ya no nos sentimos respaldados por la Junta, pero sí por las familias de los asesinados”.

Con un poco de tiempo y ayuda llegaremos a los pozos. Confío profundamente en que están, pero si no fuera así nuestro trabajo valdría para descartar

Sonia insiste en que no están buscando a Lorca, sino a todos los fusilados que están en las cunetas y no han sido evacuados. “Es más justo buscar a los que no los han buscado nunca. Es lo justo y lo reclama la ONU, que pide verdad, justicia y reparación”, cuenta. Recuerda el esfuerzo económico que mucha gente ha tenido que hacer para dedicarse a esto. “Es una decisión personal”. Y los gastos seguirán creciendo cuando aparezcan los restos. “Lo más barato para cotejar el ADN de las víctimas será un presupuesto de 1.500 euros por difunto”.

¿Ocurrirá? ¿Encontrarán la fosa con los restos? “Por eso estamos aquí, porque estamos convencidos. Estamos en los puntos que indican que con un poco de tiempo y ayuda llegaremos a los pozos. Confío profundamente en que están, pero si no fuera así nuestro trabajo valdría para descartar”, asegura la arqueóloga. Los tres pozos que buscan se hicieron para reflotar el manantial, pero nunca se usaron. Uno de ellos fue usado con nueva utilidad. “Nos dicen que reabrimos las heridas, pero nuestras heridas no están cerradas”.

Localización de la zona donde trabaja el equipo en la búsqueda de los restos.

Localización de la zona donde trabaja el equipo en la búsqueda de los restos.

Están cerca: “Se nos acaba el terreno, ya no hay mucho más por buscar”, cuenta Navarro. La arqueología avanza y descarta, es una hipótesis que se demuestra sobre el terreno. Un acto de fe en casos como éste en que no hay testimonios de testigos directos. Ni los que fusilaron, ni los que enterraron. El profesor maneja un croquis dibujado por un pintor que acudió con el historiador Molina Fajardo a la zona, pero décadas después de los acontecimientos. Todo indica que están sobre el pozo, la fosa.

La memoria es maleable y los arqueólogos han llegado para ubicarla y ponerle límites. Si la lluvia pasa y el dinero lo permite, en cuatro días el equipo de Navarro podría estar llamando al juez y a la Guardia Civil para que levanten acta. Entonces, la Ley de Memoria Histórica debería engrasar la otra maquinaria, la del Estado, para resolver un caso pendiente hace 80 años.

Atardecer en la carretera entre Víznar y Alfacar, a unos metros del lugar del asesinato.

Atardecer en la carretera entre Víznar y Alfacar, a unos metros del lugar del asesinato.