Artes escénicas

La danza busca casa

El sector se une para levantar un espacio propio en Madrid donde crear y exhibir sus trabajos, con apoyo público y privado.

Una pieza de la compañía La Phármaco

Una pieza de la compañía La Phármaco

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La Casa de la Danza en Madrid está en marcha. Ya se han puesto los cimientos. Las primeras ideas en realidad, porque el proyecto -sus responsables prefieren llamarlo “iniciativa”- ha nacido hace poco más de una semana. Pero tienen claro que ésta vez va en serio: quieren un espacio donde crear y mostrar sus trabajos.

Hay 16 fundadores implicados, artistas, coreógrafos, bailarines, gestores… Todos concienciados en dotar a la capital de un punto de encuentro para los amantes de la danza que hasta ahora no tiene. “Es una iniciativa que muestra la unión del sector y que existe esta necesidad en la ciudad desde hace muchísimo tiempo”, explica a EL ESPAÑOL la directora de producción y distribución de la compañía La Phármaco, Sofía Manrique, una de las portavoces del grupo que ha decidido poner fin al desierto dancístico de la ciudad.

Hubo otros intentos antes, pero esta vez contamos con un momento político adecuado

En Madrid hay numerosos teatros públicos -por no hablar de decenas de espacios y salas privados- dedicados a la dramaturgia, con el Centro Dramático Nacional, los Teatros del Canal y el Teatro Español a la cabeza, como grandes centros de creación y exhibición del Estado central, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, respectivamente. Hay también un gran teatro de ópera y otro de zarzuela.

Hay incluso un teatro de circo estable, el Price, de titularidad municipal. En parte de los anteriores se programa danza de vez en cuando, con más -Canal- o menos -CDN- asiduidad. Pero desde hace años, cuando cerró sus puertas el Teatro de Madrid, no ha habido en la capital un espacio dedicado en exclusiva a la creación coreográfica, a la exhibición, un punto de encuentro de este arte. Está la sede de la Compañía Nacional de Danza, en el Paseo de la Chopera, pero no es ni siquiera un teatro. Allí crea y ensaya la compañía, pero no estrena.

El proyecto toma como referencia entidades parecidas de otros países europeos: hay casas de la danza en Londres, en París, en Holanda… En España, lo más parecido es el Mercat de les Flors, en activo desde 1983, en Barcelona. Lugares en los que el público puede ver danza de forma habitual, pero que también producen espectáculos propios. Además, tienen cabida la programación de fuera, acogen talleres, encuentros, conferencias, y permiten a compañías independientes realizar residencias artísticas.

Momento oportuno

“Hubo otros intentos antes, pero esta vez contamos con un momento político adecuado”, explica a este diario Maite Villanueva, jefa de Prensa de la CND, una periodista vinculada desde hace años al mundo de la danza. Ella es otra de las 16 personas detrás de un proyecto que surgió a finales de octubre, tras una reunión en el salón de la gestora cultural Natalia Álvarez. “Nos invitó a su casa a tomar café. Había varios compañeros a los que no conocíamos. A otros sí. Pero estábamos muy coordinados, y empezamos a avanzar rápido”, cuenta Manrique.

El Ayuntamiento tiene espacios a los que se pueden dar uso, pero esto necesita colaboración de Comunidad de Madrid y del Estado

Junto a ellas están también coreógrafos y bailarines como Daniel Abreu, Antonio Ruz y Olga Pericet, programadores como Ana Cabo y Laura Kumin, periodistas especializados como Mercedes L. Caballero y gestores como Fernando Sánchez Cabezudo, de la sala Kubik.

Lo primero es encontrar un espacio físico con las características adecuadas.

Lo primero es encontrar un espacio físico con las características adecuadas.

No tienen aún proyecto, estudio de viabilidad ni cálculo de lo que necesitarán. Desde luego, un espacio físico. “Ha de ser grande, con salas de ensayo, otras para talleres y un auditorio”, responde Manrique. “El Ayuntamiento tiene espacios a los que se puede dar uso, pero esto necesita colaboración de la Comunidad de Madrid y del Estado”. El proceso requiere, por lo tanto, de una voluntad a tres bandas. El consistorio les ha recibido ya: “Ha habido un primer contacto con la concejala de Cultura. Nos escucharon, nos atendieron muy bien y parecían interesados. Pero hay muchos más pasos que dar, no nos han garantizado nada y tenemos que hablar con el resto de administraciones. Tiene que ser algo en que las tres tomen parte”, explica Manrique.

Estado embrionario 

Aunque aún no le han dado forma siquiera al proyecto, que está en estado embrionario, en principio, explica la productora, “el ideal sería un modelo donde el Ayuntamiento preste un espacio y una dotación económica y donde también Comunidad y Ministerio entraran con dotación económica”. ¿Y cuánto haría falta? Es pronto para decirlo. Una estimación, grosso modo advierte Manrique, pues no hay un plan concreto aún, no bajaría del millón de euros, quizá más. Un proyecto de la asociación Emprendo Danza en 2014 que no llegó a buen puerto pretendió crear un proyecto similar, aunque no idéntico: aquello era un centro coreográfico que estableciera redes de creación por toda España. Su presupuesto estimado: 15 millones. En un mundo útopico quizá habría tenido cabida, pero no en la España de 2014 que lucha por salir de la crisis.

Queremos crear sinergias entre todo el sector y ampliarlo a la comunidad internacional de la danza

El pasado 3 de noviembre los recibió la concejala de Cultura del Ayuntamiento, y en breve volverán a reunirse. Pero para entonces necesitan tener también respuesta de Comunidad de Madrid e INAEM -el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música dependiente del Ministerio de Cultura-. En el INAEM les han dicho que a finales de noviembre les llamarán. "Hay buena receptividad con ellos, están colaborando", explica Natalia Álvarez. En la Comunidad, de momento, no hay fecha cerrada.

La iniciativa ya se comparte en redes sociales.

La iniciativa ya se comparte en redes sociales.

El proyecto de la Casa de la Cultura necesita menos. Pero aspira a mucho. “Cuando se desarrolle, se invitará a compañías de otras ciudades para que puedan crear, hacer residencias”, cuenta Manrique. “Queremos crear sinergias entre todo el sector. Es más, ampliarlo a la comunidad internacional de la danza”. Será un espacio donde los coreógrafos y bailarines madrileños tendrán su hogar, pero que no estará cerrado, aseguran, a otras regiones.

La iniciativa está ya en redes sociales, donde están teniendo muchas respuestas de la profesión. También han creado una cuenta en change.org. -llevan cerca de 800 de las 1.000 firmas que se han puesto como objetivo-. Pero, de momento, el proyecto sigue siendo un esfuerzo privado, casi en familia. Se siguen reuniendo en casa de Álvarez. Quizá algún día, dentro de muchos años, los coreógrafos, bailarines, programadores, gestores o periodistas que pasen por la Casa de la Danza de Madrid puedan decir: allí empezó todo