David Alden

“Las óperas de Händel son sexis, divertidas, eróticas y sucias”

Es uno de los más destacados directores de escena y debuta en Madrid con la ópera 'Alcina', un homenaje al género del teatro.

Alden, con uno de los animales en los que Alcina convierte a sus amantes

Alden, con uno de los animales en los que Alcina convierte a sus amantes

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Mia Farrow va al cine y ve La rosa púrpura de El Cairo una y otra vez. Está aburrida de sí misma, de su matrimonio sin amor y de su marido. De repente, Tom traspasa la pantalla de la sala y se convierte en un personaje de carne y hueso que la seduce. David Alden (1959, Nueva York) vio a Farrow en la película de Woody Allen y no pudo evitar relacionarla con una larga ópera de Georg Friedrich Händel que estuvo casi dos siglos metida en un cajón.

Alden es director de escena, uno de los más demandados del momento. Fue durante décadas el favorito de la English National Opera y de la ópera de Munich. Su trabajo es casi todo lo que no es música, desde lo que hay en el escenario hasta los movimientos y las miradas de los actores. El martes estrena Alcina en el Teatro Real, una de las obras maestras de Händel y este jueves recibió a EL ESPAÑOL en un descanso de los ensayos.

"Durante cientos de años, las óperas de Händel desaparecieron del escenario y sólo se encontraban en los libros de Historia. Eran consideradas anticuadas y rígidas, pero los que pensaban eso estaban equivocados. Händel fue un compositor fantástico para la escena. Y muy exigente. Su música demanda no sólo cantantes buenos y virtuosos sino atletas que puedan moverse, actuar y bailar", asegura.

Un par de cantantes dan fe en la majestuosa sala principal del teatro, que antes del estreno es un trasiego constante de técnicos y músicos. "Se sabe la partitura y el libreto [el texto] de memoria y la canta todo el tiempo. No es habitual", confiesa una de ellas.

Bruja ninfómana

Alcina es la historia de una bruja ninfómana que vive con su hermana en una isla desierta y convierte a los amantes de los que se cansa en animales y objetos. Ruggiero es su última víctima, pero su novia acude al rescate hasta que consigue deshacer el hechizo. ¿Final feliz? Para Alden, no. El director de escena convierte la isla desierta en un teatro abandonado, como si se tratase del cine de Mia Farrow. Allí aparece Ruggiero, que en realidad es más feliz cuando vive en la ficción y el engaño que con su prometida. La isla se convierte en un teatro más divertido que la vida real. "Todo eso está ahí, en Händel, pero no en la superficie", explica Alden.

El tipo de mujer, poderosa y al mismo tiempo inteligente y sensible, es para Alden una prueba de que el barroco y la ópera de Händel son más "salvajes" que el repertorio romántico de Verdi o Wagner. También el tratamiento del sexo.

El barroco era más permisivo con la sexualidad. Después, con Verdi y Wagner, se convierte en controvertido

"El siglo XVIII tenía una concepción más permisiva sobre la sexualidad. Después, con Verdi y Wagner, se convierte en un tema mucho más controvertido. También cambia el papel de las mujeres en la sociedad, mucho más controladas en el siglo XIX. Muchos de los héroes de Händel son mujeres poderosas. Eran las que llevaban las riendas, pero al mismo tiempo tenían intelecto y profundidad interior", asegura.

Alcina no es la sublimación vana de Halloween ni la pesadilla de una wedding planner. A Alden no le interesa contar sólo una historia de brujas y víctimas, de realidad e ilusión. Según él, la vida es más compleja y mezcla todos esos elementos. Sólo así son posibles momentos de "comedia loca" y al mismo tiempo "una cierta melancolía sobre la condición humana. Pero Händel es sexy, divertido, erótico y sucio. La atmósfera cambia 100 veces" a lo largo de las cuatro horas que dura el espectáculo.

Imagen del espectáculo, coproducido con la ópera de Burdeos.

Imagen del espectáculo, coproducido con la ópera de Burdeos.

Para él, en la época en la que se escribió la obra "había una línea muy delgada entre la elegancia y la porquería. La gente iba muy bien vestida, pero las calles estaban asquerosas. Y en esa sociedad también se daban más contrastes, para empezar con una moral mucho más libre y relajada de lo que podríamos pensar. Los que iban a la ópera lo hacían como un evento social, a conocer gente. Pero además de eso, a veces buscaban estímulos eróticos o sexuales en esos teatros. Y nadie sabía en realidad lo que había tras el telón", bromea. "Eso es Händel, la sátira de grandes héroes, de las grandes formas y al mismo tiempo la fragilidad de su interior", añade.

Puro entretenimiento

No es imprescindible saber todo esto antes de ver Alcina o cualquier otra ópera. Tampoco que estuvo en un cajón entre 1738, cuando se representó por última vez en su época, y 1928, cuando resucitó en Leipzig (Alemania). Ni siquiera que contiene una veintena de arias 'da capo', un tipo de pieza con una estructura fija y un gran lucimiento del cantante. El director de escena, un apasionado del género "desde los 15 años", cree que "es bueno saber algo de Händel o de la época, pero no realmente necesario". "La historia está clara, los personajes son muy expresivos y la música es increíblemente bonita y entretenida. La gente se asusta ante la ópera si no sabe sobre ella, pero cuando va y se da cuenta de que es teatro, es luz, vestidos, es algo visual, extravagante, entretenimiento al 100%, le pierde el miedo".

En los últimos años ha habido una revolución. La ópera se ha actualizado y se ha convertido en algo muy visual

Alden reconoce que el género ha cambiado mucho. "En los últimos años ha habido una revolución. Se ha actualizado, se ha convertido en algo muy visual. Hasta la década de los 50 estaba anclada en el pasado y tenía que cambiar, aunque sólo fuera por la influencia de la televisión y el cine", asegura. Él es reconocido como uno de los artífices de esa renovación desde que en 1984 comenzara a trabajar en Londres de la mano de Peter Jonas, uno de los directores artísticos clave de las últimas décadas. En su trabajo suele haber política, referencias al cine, al cabaret o al cómic. Todo intentando respetar la música y el espíritu original del compositor.

El responsable escénico de Alcina reconoce que algunos teatros no miden su entusiasmo por la renovación y lo reducen a "poner a abogados, fontaneros o cocineros famosos a hacer ópera". Es otra manera de lamentar el espectáculo por el espectáculo, priorizar los titulares en la prensa para conjurar así el miedo a parecer aburrido.

"Es el precio que hay que pagar, pero óperas como ésta son piezas tan brillantes que tienen que ser tratadas como teatro moderno para llegar a la gente de hoy. Y esa renovación está ayudando a mucha gente a descubrir la ópera", confía. 

(Alcina se representa en el Teatro Real desde el 27 de octubre hasta el 10 de noviembre)