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Qué le pasará a Bob Dylan cuando regrese a casa (si acepta el Nobel)

La película 'El ciudadano ilustre' fantasea con la vuelta a su pueblo de un ganador del Nobel de Literatura.

El Nobel Bob Dylan en un concierto en Londres, en 2004.

El Nobel Bob Dylan en un concierto en Londres, en 2004. Getty Images

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El mundo está conmocionado. Bob Dylan no coge el teléfono. Después del terremoto provocado por la decisión de la Academia Sueca de concederle el Nobel de Literatura el cantante ni siquiera les contesta. Ni un mísero gracias. Dylan pasa de premios, no los necesita. Nadie sabe si al menos acudirá a recogerlo o mandará una india nativa como cuando Marlon Brando ganó el Oscar. Los académicos empiezan a cansarse de su actitud altiva y ya hay quien lo ha calificado como descortés y arrogante. Lo que para muchos escritores es el mayor reconocimiento posible y un camino directo al estrellato, para Dylan puede convertirse en un martirio.

Imaginen ese momento en el que Dylan, movido por alguna pulsión desconocida, decide volver a Duluth, el pueblo de Minnesota en el que pasó su infancia y del que salió corriendo para cambiar la historia de la música (o de la literatura). Regresará a la América profunda, y lo hará convertido en una celebridad. No habrá quien no le paré para hacerse una selfi, le invitarán a ser jurado del concurso local de pintura y los bomberos le pasearán junto a la reina de la belleza del pueblo, una Miss en potencia a la que le espera un futuro poco prometedor. Él es el orgullo de Duluth, y hay que mostrarlo como si fuera un trofeo.

Como siempre el cine se ha adelantado a la realidad, y la película El ciudadano ilustre fantasea con esa posibilidad de regreso catártico de un flamante Nobel de Literatura a su pueblo natal del que escapó sin mirar atrás. No es, además, un Nobel cualquiera, sino uno que cantó las cuarenta a los galardones en su discurso de agradecimiento (como muestra la brutal escena inicial del filme). Este personaje de ficción que se ha adelantado a Dylan se llama Daniel Mantovani, un cínico y ególatra escritor al que da vida un imperial Óscar Martínez.

Lo que sigue es una sucesión de momentos incómodos que han desatado la carcajada del público de la SEMINCI en su primer pase. Es imposible no pensar en el cantautor de EEUU cuando ve a esta estrella que en su regreso descubre que la mitad no se han leído su obra y otros tantos le odian por no llevar la bandera de la localidad en su boca todo el tiempo. Gastón Duprat y Mariano Cohn han acudido a Valladolid y han reconocido que El ciudadano ilustre se ha convertido en “una película premonitoria”. Tanto que hasta la cuenta falsa de Twitter del escritor del filme hizo un comunicado oficial opinando sobre el Nobel para Dylan: “Pero pienso que Dylan no debería a aceptarlo, ¿por qué? Por respeto a su propia historia, y por desprecio a una institución que predica lo contrario a sus canciones”, dice el autor ficticio.

No debe ser fácil para Bob Dylan que le den ese premio unos reyes. Es un rockero, es terrible, una desgracia. Y se lo van a dar igual aunque no vaya, está condenado

“No debe ser fácil para Bob Dylan que le den ese premio unos reyes. Es un rockero, es terrible, una desgracia. Y se lo van a dar igual aunque no vaya, está condenado”, cuentan entre risas Duprat y Cohn a EL ESPAÑOL. El filme, que apunta al palmarés como ya lo hizo en Venecia -donde ganó el premio al Mejor actor-, no deja títere con cabeza. Ataca a los 'pueblerinos', a los que miran por encima del hombro por haberse ido a la gran ciudad, a los políticos, a los artistas y hasta a las barbacoas argentinas. Y eso que los realizadores hacen mucho hincapié en que El ciudadano ilustre no es una película de humor. “No es una comedia, pero al público la única referencia que le queda para pasar esas situaciones incómodas es reírse”, zanjan de forma contundente.

Su Daniel Mantovani suelta frases como puñales y dice en voz alta lo que nadie se atreve, aunque lo piensen. Así no duda en asegurar que todos los artistas y creadores tienen que ser egocéntricos, algo que los directores matizan. “Sí, es cierto, pero también existe el ego en otras profesiones. Por ejemplo los directores tenemos más herramientas para protegernos de esto, de lo público, de la exposición indeseada. Si uno no quiere no te daríamos esta entrevista, incluso puede que quedara bien eso, decir: 'uhh un director que no da notas', mientras que en una actor sería raro”, añade.

El hecho de irse de un pueblo pequeño a una ciudad cosmopolita para triunfar como artista es una idea pueblerina. Es un poco frívolo decir: me voy a hacer artista donde sucede todo

Hasta para su personaje principal tienen dardos durante la película, porque a pesar de que el topicazo diga que para triunfar en el arte tienes que ir a una gran urbe, ellos tienen claro que “el hecho de irse de un pueblo pequeño a una ciudad cosmopolita para triunfar como artista es una idea pueblerina”. “Es un poco frívolo decir: me voy a hacer artista donde sucede todo. Luego donde sucede todo no sucede nada. No hay garantía de nada”, explican a este periódico.

Esta idea premonitoria tardó cinco años en verse realizada. Ahora arrasa en la taquilla argentina y es el filme elegido para representarles en los Oscar. El guion, de Andrés Duplat -hermano de uno de los realizadores-, nació con la idea del regreso de una figura relacionada con el mundo del arte, pero luego fueron sumando capas: “añadimos que fuera un premio Nobel, porque además a Argentina se le negó el premio a escritores como Borges o Cortázar, así que había un tema pendiente ahí”, dicen sobre los orígenes del proyecto. Una cuestión de justicia poética, casi como ese premio a Dylan, del que Daniel Mantovani tiene algo más que añadir: