Una pistola en el bolsillo

Zac Efron: el eterno adolescente que sólo piensa en sexo y borracheras

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Si hay un periodo en la existencia del ser humano en el que somos capaces de convertir el patetismo en una honrosa disciplina ese es la adolescencia. Es como si todo nuestro organismo reaccionase a los placeres y contrariedades de la vida con la sintomatología de un lsd. El conflicto se convierte en el único camino posible y adquirimos una concepción hedonista de la existencia como desafío a esa transición hacia la responsabilidad civil. Menos mal, pensaba yo, que dura un par de años. De lo contrario, no existiría fuerza física y mental capaz de soportarlo. Lo creía, así, en pretérito imperfecto, hasta que leí que la adolescencia era una construcción comunitaria influida directamente por los patrones culturales, sociales y económicos de cada sociedad. Y eso significa que su inicio está bien delimitado pero su final podría ser tan impreciso como los valores apadrinados por ese conjunto de ciudadanos.

Viendo cine podemos llegar a conocernos, y hasta comprendernos, como sociedad. De ahí que haya llegado a la conclusión de que el cine nos ha animado, desde hace décadas, a no abandonar la adolescencia y atrincherarnos en lo que aún puede ser infinitamente más patético: la tardoadolescencia. Zac Efron, el icono adolescente de los Estados Unidos, tiene veintinueve años. Acaba de estrenar Mike y Dave buscan rollo serio, una película en la que él y sus compañeros de reparto –Adam DeVine (32), Anna Kendrick (31) y Aubrey Plaza (32)- solo piensan en beber y follar. Cuando uno cree en eso con dieciséis años resulta hasta entrañable.

Zac Efron en Mike y Dave buscan rollo serio.

Zac Efron en Mike y Dave buscan rollo serio.

Son los dos tótems de la edad adulta masculina: pillarse un pedo y perder la virginidad. Los símbolos sagrados que hay que derribar para abandonar definitivamente la infancia. Basta mirar la trayectoria de los niños y niñas Disney para observar de qué manera se enfrentan a su pasado con apenas dieciséis años. Pero cuando uno sigue creyendo en esas representaciones a partir de los veinte años, perpetuando el rol adolescente, llegando incluso a suponer que se puede sobrevivir sin generar ningún otro pensamiento, el resultado roza el ridículo. Vean sino Mujeres y Hombres y viceversa.

Todas las generaciones encontraron un reflejo de su adolescencia en la gran pantalla. Pero desde Elizabeth Taylor y Mickey Rooney a Selena Gómez y Nick Jonas ha sucedido algo más que setenta años. Pretenden darnos a entender que el progreso ha igualado los roles entre adolescentes de ambos sexos para eliminar el estigma machista de ese tipo de comedias. Pero a veces progresar no es sinónimo de evolucionar. Leí una opinión al respecto del dramaturgo Guillem Clua en la que apuntaba a que el sexo masculino manipulaba el relato a su favor. Y es cierto.

Son los dos tótems de la edad adulta masculina: pillarse un pedo y perder la virginidad. Los símbolos sagrados que hay que derribar para abandonar definitivamente la infancia

Directores y guionistas, hombres mayoritarios en la industria y para quienes su adolescencia es la época dorada, porque podían beber y follar sin ninguna responsabilidad, invaden el universo femenino para integrarlo a ese discurso y así conseguir perpetuarlo aún más. Sin embargo, pocas mujeres señalarán su adolescencia como la mejor etapa de su vida. Porque la masculinidad, también como construcción cultural y social, está definida en parámetros adolescentes.

Resguardado en la insoportable condescendencia que proporciona la edad, esa que nos hace defender que lo que nosotros vivimos y admiramos fue mejor, pienso que mi adolescencia estuvo marcada por Danny Zuko y Sandy Olsen y ya no sé si sentirme orgulloso. Durante años pensé que haber estado influido por John Hughes (The Breakfast Club, La chica de rosa) era infinitamente mejor que haber sucumbido a la saga de Porky’s. Pero tal vez no tenga ningún mérito. Solo fuimos producto de un tiempo y un lugar.

Los cuatro protagonistas de Mike y Dave buscan rollo serio.

Los cuatro protagonistas de Mike y Dave buscan rollo serio.

Hoy, y voy a generalizar a riesgo de equivocarme, un adolescente que crece en plena crisis económica, sin patrón cultural y dejando que los realities de televisión y el fútbol dicten sus valores, es muy probable que piense que alargar esa etapa de su vida no es mala opción. La crisis crea tardoadolescentes si no se pone remedio pronto. Les recuerdo, aunque este ejemplo pertenezca a otra historia diametralmente opuesta, las declaraciones de David Leo, el reciente ganador del millonario bote del programa Pasapalabra: “Veía más posibilidades en Pasapalabra que en el mercado laboral”. Y él escribe poesía. Las antípodas culturales de la comedia adolescente.

No deja de sorprenderme que desde Desmadre a la americana hasta Mike y Dave buscan rollo serio, con un intervalo de treinta y ocho años entre una y otra, sigamos contando la misma historia. El discurso sólo se modifica, como apuntaba anteriormente, alterando el relato para incorporar a una mujer hipersexualizada que folla, bebe, se droga y vomita exactamente igual que un tío. Lo sé, no resulta muy alentador. Hasta que, en nuestra impermeable madurez, pensamos en la última vez que follamos. Y en la última vez que compensamos esa falta con alcohol. Y en ese momento puede que pensemos, con absurda nostalgia, que tendría su gracia ser un personaje de Zac Efron a los cincuenta. Aunque solo fuese veinticuatro horas.