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Terroristas adolescentes sueltos por París: la pesadilla revive en el cine

Bertrand Bonello dinamita el Zinemaldia con 'Nocturama', un filme sobre atentados en la ciudad.

Imagen promocional de Nocturama.

Imagen promocional de Nocturama.

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El 13 de noviembre de 2015 el terrorismo sacudió París. Varios atentados en diferentes zonas de la capital francesa dejaban al mundo paralizado y horrorizado. 137 personas fueron asesinadas por el Estado Islámico en un acto de crueldad que volvía a demostrar la debilidad europea ante la barbarie. Las heridas siguen abiertas, y por ello la nueva película de Bertrand Bonello está levantando la polémica allá por donde pasa. Nocturama, que se ha presentado en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, cuenta (con un frialdad que asusta) cómo diez adolescentes provocan varios atentados terroristas en pleno centro de París. El Ministerio del Interior, una plaza, la sede de un importante banco… todos volados por los aires por chavales con aspecto inocente en un ataque con tintes anticapitalistas.

El filme ha polarizado a la crítica entre los que la tachan de vacía y provocadora y los que hemos caído rendidos por la inteligencia de Bonello para plantear un asunto espinoso como el terrorismo, los ideales, la pérdida de valores de occidente o el estado de paranoia de la sociedad. Hipnótica y precisa, Nocturama es la confirmación del francés como un cineasta sin miedo a nada, ni siquiera al público de su propio país, que no ha recibido bien un proyecto que hable de terrorismo tan pronto. El cine se nutre de historias reales, pero normalmente la distancia del tiempo es la coartada para hacerlo. Bonello tenía este proyecto en mente desde 2010 y la casualidad quiso que la realidad superara la ficción. Cuando los atentados ocurrieron ya estaba acabado un primer montaje del filme.

Fotograma de Noctutama, de Bertrand Bonello.

Fotograma de Noctutama, de Bertrand Bonello.

“Evidentemente, después de los atentados reflexionamos y hablamos con los productores, pero pensamos que la película no hablaba de lo mismo, no eran los mismos atentados. Yo creo que mi película habla de insurrección, no de terrorismo. No tenía nada que ver con el Estado Islámico, así que decidimos seguir como la habíamos concebido. Por lo que respecta a la recepción, la crítica ha sido muy buena pero ha habido muchísimos debates después, porque la gente está muy sensible. La película es más complicada cuando no la has visto, porque se hacen ideas falsas sobre ella”, explica el director a EL ESPAÑOL.

La película cuenta con dos partes muy diferenciadas. La primera se centra en cómo estos chavales cometen el atentado. Una sucesión de cambios de metro, mensajes de móviles, recogida de paquetes sospechosos. Un baile tenso en el que sin saber quiénes son, todos parecen sospechosos. Nocturama crea un estado de alerta similar al que vive una sociedad que sabe que en cualquier momento puede ser atacada. “Europa vive esa tensión actualmente en todos los sitios. Todas las elecciones generales, cada ley que se aprueba, todos los países que están pensando en salir del contienente… Europa es un sueño antiguo, por ello el auge de la extrema derecha en tantas partes. Esta tensión está muy presente”, explica Bertrand Bonello.

Europa es un sueño antiguo, por ello el auge de la extrema derecha en tantas partes. Esta tensión está muy presente

El director no explica del todo los motivos de estos adolescentes, pero todo hace indicar que es un movimiento de respuesta ante el momento actual de salvaje desigualdad y de falta de perspectivas de las nuevas generaciones, pero nunca explicita el mensaje ni dice al espectador qué debe pensar. De hecho en la segunda parte del filme aísla a sus protagonistas en un centro comercial vacío sin tener contacto con el exterior, por lo que no saben las consecuencias de sus actos. Ellos han buscado no matar a nadie, sólo alterar el estado de las cosas, pero Bonello nunca les enfrenta a sus propias acciones en lo que parece una coartada moral para ellos.

“Hay un posicionamiento de estar siempre con los personajes, de nunca cambiar de punto de vista. El espectador ve lo que ven ellos y por tanto eso construye una forma de empatía, porque son de carne y hueso, no les dejas nunca, ni siquiera en los momentos de debilidad, eso construye un juicio moral. No quiero decir que los aplauda, pero sí puedo decir que los entiendo”, dice al respecto el realizador, que también defiende su decisión de que sean adolescentes los que cometen los atentados: “Todos los movimientos revolucionarios y utópicos históricamente vienen de gente joven, porque hay un deseo, un romanticismo, y hasta una inocencia, afortunadamente. Cuando hice el casting, en cuanto veía a alguien que tenía 26 o 27, años la película cambiaba y empezaba a contar otra cosa”.

Todos los movimientos revolucionarios y utópicos históricamente vienen de gente joven, porque hay un deseo, un romanticismo, y hasta una inocencia

Como Bonello se las sabe todas no deja que sus personajes se vayan de rositas, y da la vuelta a la moneda para mostrar la estupidez de chavales que convierten idealismo con violencia, así como de sus propias contradicciones. Tras ese atentado anticapitalista los jóvenes se encuentran dentro del cine comercial disfrutando de todos los lujos. Juguetes, consolas, música, televisiones… una vida a todo trapo sin pensar en sus actos. El momento culmina con uno de los adolescentes encontrándose de frente con un maniquí vestido igual que él. Ni los activistas escapan a las normas marcadas.

Fotograma de Nocturama, de Bertrand Bonello.

Fotograma de Nocturama, de Bertrand Bonello.

“Sí, eso forma parte de la complejidad y la ambigüedad del mundo en el que vivimos. Estamos lejos de la ideología de los años 70, ahora el mundo es más complicado de descifrar ideológicamente. Las líneas ya no están tan claras. Es una época que puede al mismo tiempo provocar un deseo de terrorismo y un deseo de capitalismo juntos, quería que eso se mostrara en la película. Esa imagen es una imagen de terror, porque es la desaparición del individuo”, dice mostrando una seguridad en su película aplastante.

Estamos lejos de la ideología de los años 70, ahora el mundo es más complicado de descifrar ideológicamente. Las líneas ya no están tan claras

La provocación ha llegado al Zinemaldia a sólo dos días de su comienzo. Estaba claro que Bertrand Bonello no iba a venir sin ganas de guerra y lo ha logrado. Ahora queda ver si su provocación (y su genio) tienen espacio en el palmarés final o quedará enterrada en la polémica de su temática.