Un fotograma de la película Fatima.

Un fotograma de la película Fatima. Surtsey

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Mujer, inmigrante y limpiadora: las verdaderas heroínas no vuelan

Philippe Faucon presenta 'Fatima', la película con la que dio la campanada en los premios Cesar franceses.

Javier Zurro

La palabra heroína está desvirtuada. El cine y los cómic nos han hecho creer que una heroína tiene que tener superpoderes como la Tormenta de los X-Men, o al menos ser un portento físico que reparta guantazos como la Viuda Negra de Los vengadores. Parece que en la vida real no existieran. El cine se ha olvidado de representar a mujeres de verdad, luchadoras, fuertes y con mucho que decir. Las auténticas heroínas no vuelan, ni echan rayos X por los ojos, sino que trabajan a destajo para levantar a su familia. Tampoco se pegan con un villano venido de otro planeta, sino que se parten la cara con cualquiera que juegue con su futuro o el de sus hijos.

Así es Fatima Elayoubi, la inmigrante marroquí que ha cautivado a medio mundo. Primero con sus poesías, recogidas en el libro Prière à la lune, y después en Fatima, el filme de Philippe Faucon que ha ganado el premio Cesar a la Mejor película. Sus escritos, desgarrados y sin artificios, cautivaron al director, que tuvo claro que había que contar su historia. La de una madre que limpia pisos desde que sale el sol hasta que se pone y que lucha porque sus hijas tengan un futuro en una Francia que presume de integradora, pero que sigue mirando con desprecio a los que llegan de fuera.

Fotograma de Fatima, de Philippe Faucon.

Fotograma de Fatima, de Philippe Faucon. Surtsey

Una “heroína cotidiana” como la define Faucon, que ha presentado la película en España y ha asegurado que una de las cosas que más le apetecía era plasmar en la gran pantalla “estos personajes que no se ven mucho en el cine francés, mientras que su presencia en la realidad social es muy grande”. “Había un desfase entre la sociedad y su representación cinematográfica. El cine, hasta ahora, tenía poco espacio para estos personajes, porque cuando se anuncia que uno va a hacer una película de una señora de la limpieza que es inmigrante y que no habla bien francés, no es el tipo de tema que seduzca a los inversores y cuesta obtener los medios para hacerlo”, explica a EL ESPAÑOL.

Desde que leyó sus poemas quedó fascinado por “el empeño de alguien en resistir al agobio de su cotidianidad, a una situación de exclusión social, ese empeño en aguantar y en luchar por esa voluntad de expresión, de pensamiento propio”. En la película no se muestra el origen de Fatima, pero su situación tiene eco en la actualidad, con la crisis de los refugiados demostrando el egoísmo de los gobiernos de los países europeos.

Fatima es una heroína cotidiana, estos personajes que no se ven mucho en el cine francés, mientras que su presencia en la realidad social es muy grande

“En Francia, a nivel de las autoridades, se han visto actitudes miedosas y demasiado cautelosas, pero la gente ha ido por delante de ellas. Estamos en una época en la que los miedos se acentúan y hay reacciones de cerrazón, de desconfianza, pero Europa y el mundo entero han tenido siempre que afrontar ese problema, la gente abandona su país para buscar un lugar mejor, así que no deberíamos tener razones para tener miedo”, opina Faucon.

Aunque la crítica social esté muy presente en Fatima, el insiste en que lo que se desprende de ella es un mensaje optimista, de superación e igualdad. “En Francia también hay historias de éxito, personas que superan sus dificultades gracias a una voluntad férrea. Personas que no han querido abandonar ni rendirse, y es el caso de esta madre y su hija. Las dos son mujeres que están en una situación en la que no pueden rendirse ni soltar lo que tienen entre manos”, analiza saliendo del pesimismo en el que se había instalado la conversación.

Fotograma de Fatima, de Philipe Faucon.

Fotograma de Fatima, de Philipe Faucon. Surtsey

Pronto la charla vuelve al lado oscuro de las sociedades occidentales, como la islamofobia que crece en las grandes ciudades y que incluso ya se defiende desde partidos políticos radicales que cada vez obtienen más votos en las urnas. Fatima define esta situación en sólo una escena, en la que una señora miente a la cara a las mujeres protagonistas para no tener que enseñarles la casa que alquila. No quiere que unas inmigrantes musulmanas se queden allí. “Es algo que ha ido a peor, eso no se puede negar. Se expresa incluso a nivel político, los partidos juegan con ese miedo y los que lo hacen están en auge en toda Europa. Estamos en un momento de crispación respecto estos temas y de crecimiento de esos mensajes de desconfianza. Hay que estar atento y vigilante a estos problemas”, zanja con seriedad.

El problema de la islamofobia ha ido a peor, eso no se puede negar. Se expresa incluso a nivel político, los partidos juegan con ese miedo y los que lo hacen están en auge en toda Europa

El filme de Philippe Faucon muestra cómo los prejuicios no sólo son parte de las clases altas, sino que en los propios barrios, donde los inmigrantes viven concentrados, se dan situaciones de rechazo cuando uno intenta actuar con independencia y desafiando las normas establecidas. Los llamados 'banlieue', los suburbios de donde es difícil salir. “Lo que es peligroso es cuando se encuentran en situaciones de ruptura con el resto de sociedad, situaciones de exclusión y de diferencia de oportunidades, de acceso al trabajo o a la vivienda, entonces se ven en la tentación de replegarse en sí mismos y eso favorece ese fenómeno del 'comunitarismo' como yo lo llamo, un fenómeno de separación. Eso es lo que hay que vigilar para reparar esas fracturas y que no vaya a más”, explica el realizador.

Sólo así se conseguirá que Fatima no sea una excepción. Que cada vez allá más heroínas cotidianas, mujeres reales y fuertes, y sólo así el cine dejará de considerar arriesgado que una mujer emigrante que limpia las casas de los burgueses sea la protagonista de una película.