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El Goya que salvó mi vida

Miguel Herrán emocionó con su discurso. Visitamos el lugar donde cambió todo y hablamos con él de su complicado pasado.

Miguel Herrán, ganador del Goya al Mejor actor revelación

Miguel Herrán, ganador del Goya al Mejor actor revelación

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Miguel Herrán nunca olvidará el momento ni el lugar en el que cambió su vida. Martes, dos de la mañana. Sí, martes. Había clase al día siguiente, pero eso no importaba. Todo le daba igual. Con un litro de cerveza en la mano y dos colegas escoltándole alguien les llamó: "Acercaos". Calle Arapiles. Daniel Guzmán hacía casting de acera: buscaba actores jóvenes para su nueva película. Ese fue el día que lo cambió todo. Guzmán encontró al protagonista de su ópera prima y Miguel encontró algo más. Un mentor, un amigo, el padre con el que no se habla (que ni le ha escrito para felicitarle por su Goya al mejor actor revelación).

El resto de la historia ya la conocemos, juntos han triunfado con A cambio de nada, que se ha alzado con dos premios Goya el pasado sábado. Para Daniel el mejor dirección novel y el otro para este joven de 19 años, nacido en Málaga, que creció en el barrio madrileño de Chamberí. El discurso de Miguel Herrán emocionó a los millones de espectadores que veían la gala y que escucharon las palabras más sinceras que se pronunciaron en ese escenario.

“Has conseguido que un chaval sin ilusiones, sin ganas de estudiar, sin que le guste nada, descubra un mundo nuevo y quiera estudiar, quiera trabajar y se agarre a esta vida nueva como si no hubiera otra. Me has dado una vida, Daniel. Gracias”, dijo el nuevo actor mientras Guzmán rompía a llorar, junto con el resto de la humanidad que vio la soporífera gala.

He estado tan en la mierda que no volvería a asomarme ahí por nada del mundo

Había preparado sus palabras durante una semana, a escondidas, y era la primera vez que le decía a Dani lo importante que fue aquel encuentro fortuito. “Tenía claro que quería decírselo delante de todo el mundo”, cuenta a EL ESPAÑOL desde el mismo rincón de la calle Arapiles donde su vida dio un giro radical.

Todavía no ha bajado de la nube. Tiene cientos de whatsapp y mensajes sin leer, pero promete que irá contestando poco a poco, cuando se le pase el “bloqueo”. Después de la fiesta post Goya no podía dormir y cada cinco minutos miraba de reojo para comprobar que su premio seguía allí. Ese premio significa su reconocimiento como actor, pero también un punto de inflexión. Su propia madre al escuchar su discurso le dijo algo que era la primera vez que escuchaba: “Has madurado”.

Un vida “en la mierda”

Tras su discurso el personal empezó a especular sobre la vida de Miguel Herrán, cómo sería ese pasado del que quería escapar. El actor no habla explícitamente de ello, el dolor sigue dentro y es consciente de lo que ha sufrido la gente de su alrededor, especialmente su madre.

Era un tío al que no le hubiera importado nada estar vivo o muerto, no tenía nada que perder

“De pequeño estaba mal de la cabeza, tenía ideas poco normales, era un chaval sin amigos, asocial. Un ser marginal, escuchimizado. Así que me dedicaba a autodestruirme de todas las maneras que te puedes imaginar. No estaba contento con mi vida, no me gustaba quién era, cómo era la gente que me rodeaba, lo que hacía. Nada de mí. Era un tío al que no le hubiera importado nada estar vivo o muerto, no tenía nada que perder. Yo pensaba que si me iba de este mundo mi madre podría estar mejor y tener menos problemas”, cuenta con los ojos vidriosos.

Miguel Herrán posa en la Calle Arapiles

Miguel Herrán posa en la Calle Arapiles

Su naturalidad y sinceridad apabullan, y escucharle recordar esos momentos hace que su discurso cobre un nuevo significado. “El día que lo cuente todo la gente lo entenderá”, repite una y otra vez excusándose por no abrirse en canal. A pesar de todo tiene claro que no se arrepiente de nada, porque eso le ha hecho saber lo que no quiere. “Haber sido así ha hecho que no quiera absolutamente nada de eso. Te puedes imaginar en este mundo la cantidad de cosas que se te ofrecen y yo sé que no quiero ninguna. He estado tan en la mierda que no volvería a asomarme ahí por nada del mundo”, cuenta sin tapujos.

Una de las personas más cercanas a Miguel es su madrina, Gabriela, que recuerda la emoción del momento en el que le nombraron ganador. “Sé todo lo que hay detrás, y hay un antes y un después. Ahora hay un fin, una perspectiva y cuando uno tiene un objetivo todo cambia. Cuando estás a la deriva no te importa nada, no quieres saber nada de nadie, estás por estar, sientes que no eres nada, y así es todo muy complicado”, cuenta a este periódico. Para ella su primo siempre ha sido “cómo le veis”: natural, humilde y noble.

Al igual que su madre siempre estará agradecida a Daniel Guzmán por cambiar la vida de Miguel. “Yo le digo que con Dani se le apareció la virgen, porque tuvo una oportunidad, supo aprovecharla y lo más importante es que ha sabido encauzarla”, explica.

Generación 'Ni Ni Ni Ni'

Hasta que llegó A cambio de nada Miguel Herrán deambulaba sin destino fijo. Repitió tres veces sexto curso y otra más cuarto de la ESO. En ese momento comenzó a darle todo igual. “Ya ni me molestaba en copiar, me la pelaba. Si iba a clase era para hacer lo que me diera la gana, a pegarme, a ser un capullo y dar la nota, aunque la mayor parte de las veces no iba”, confiesa.

Miguel Herrán posa en la Calle Arapiles

Miguel Herrán posa en la Calle Arapiles

Sólo tiene buenas palabras para su madre, que luchó contra viento y marea para que no dejara los estudios. Una vez llegó a llamar a la policía para que fuera a clase, pero los agentes le dijeron que ya con 16 años podía elegir si iba o no. “Fue un momento muy duro, porque se dio cuenta de que no me podía obligar a tener una buena vida, si me la quería joder, me la iba a joder”, explica el joven.

Miguel Herrán no se consideraba ni un 'Ni Ni'. Un familiar se lo dijo una vez y le respondió lo siguiente: “Yo soy un 'ni ni ni ni ni', yo no hago una puta mierda. Me consideraba el mejor porque sabía no hacer nada de puta madre”.

Yo era un 'ni ni ni ni ni', no hacía una puta mierda. Me consideraba el mejor porque sabía no hacer nada de puta madre

A su madre Daniel Guzmán también le ha dado una nueva vida. “Mi madre ha pasado de ser una tía que tenía un hijo que le amargaba y le hacía la vida imposible a ser una madre feliz y orgullosa. No para de darme besos y decirme lo contenta que está”, cuenta feliz.

Vuelta a la escuela

Ironías de la vida, el joven que no quería estudiar y hacía pellas ha vuelto a la escuela. Estudia interpretación en la Central de Cine y quiere hacer un máster y un curso de dramaturgia para dirigir una película sobre la vida de su madre: “Si la mía ha sido dura la suya ha sido un Picasso”.

Miguel Herrán posa en la Calle Arapiles

Miguel Herrán posa en la Calle Arapiles

Será su homenaje a ella y a Daniel, y allí entenderemos del todo ese discurso. Sus palabras inspiraron a muchos jóvenes que le escriben diciéndole que es un ejemplo y que les representa. “Ahora siento que puedo hablar con ellos y explicarles cosas, decirles que sigan estudiando, ya lo he hecho con mis amigos, pero no me consideró ningún gurú”, aclara.

Si mi vida ha sido dura la de mi madre ha sido un Picasso

Ahora necesita descansar. Volver a la realidad, a sus clases y a un trabajo que le apasiona. Entre manos tiene un papel para el que acaba de hacer un casting con el que tiene muy buenas vibraciones. El cine salvó su vida, y él nos ha regalado un trocito de ella.