Cine de animación

El siglo XXI no le sienta nada mal a Carlitos y Snoopy

Es uno de los iconos de la cultura popular. Esta semana llega a los cines su nueva película, animación por ordenador con alma clásica.

Snoopy, en un fotograma del filme

Snoopy, en un fotograma del filme Fox

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No está claro si es un beagle, un pointer o un basset. De hecho, podría ser una mezcla de razas. Un chucho, sí. Pero da igual. Snoopy tiene algo especial: sin abrir la boca en más de medio siglo, se ha convertido en parte de la cultura popular norteamericana e internacional. Una creación tan icónica como R2D2, el capitán Spock, Tintín o, para los lectores hispanohablantes, Mafalda. Algunos, para ser francos, nunca le vimos la gracia. Quien esto firma fue siempre más de Calvin & Hobbes o del humor surrealista de Gary Larson en sus tiras de The Far Side. Aunque 350 millones de lectores de Peanuts no opinan igual. 

Con todo, hasta a los más críticos pueden -dejémoslo en "podrían", depende de la flexibilidad con que uno vaya al cine- disfrutar de Carlitos y Snoopy, la película de Peanuts, una nueva incursión del personaje en las pantallas firmada por Steve Martino (Horton y Ice Age 4 son sus cartas de presentación), que llega este viernes a España con el público familiar como objetivo. Ha habido innumerables adaptaciones animadas de la serie, pero todas fueron directas a televisión. Éste es el primer largometraje que aterriza en los cines.

Un entretenimiento visual sencillo pero moderno que auna la esencia clásica de las tiras de Charles Shulz y las técnicas de animación del siglo XXI. “Eso fue para mí una de las claves -explica el director-. Fuimos muy cuidadosos con los personajes para que estuvieran dibujados a la manera de Schulz, pero a la vez sabía que la animación por ordenador podía ayudar a que el público se metiera en este lugar, a hacerle creer que lo que le mostramos realmente existe”. Con las técnicas de animación actuales, añade Martino, “podríamos llevar cualquier personaje de cómic a las pantallas”.

Robar protagonismo

En España, Snoopy comenzó a habitar estuches de colegio, bolsos de adolescente y a sonar en juramentos de pijo ochentero. Le explico a Martino que por aquí el perrillo aviador es más popular que el propio más que Charly Brown -Carlitos en las traducciones españolas- y el director asiente: “Probablemente ocurre igual a lo largo y ancho del mundo. Es un personaje más grande que la vida misma, con una imaginación asombrosa, capaz de llevarte a los lugares más increíbles. Snoopy es el personaje que todos querríamos ser”.

Charly Brown es un chaval corriente al que todo le sale mal. No ha abandonado aún la infancia -se supone que tiene unos 10 años- y ya sabe lo que es ser un metepatas, un fracasado. En el colegio no da una y lleva años intentando hacer volar sin éxito sus cometas. Por fortuna, no le faltan amigos: su hermana Sally, su amigo Linus, el joven pianista Schroeder, Pigpen, con su capa de mugre siempre a su alrededor, la cascarrabias Lucy, Pecas Patty (Peppermint Patty), que sobresale en los deportes, la brillante Marcia, Franklin…

Todos ellos conforman un mundo pequeño, accesible, que cabe en un barrio, en una pista de patinaje, en una de esas calles de un suburbio de clase media de EEUU que tan bien conocemos gracias al cine y las novelas. También gracias a tiras como Peanuts. En ese microcosmos vive Snoopy, casi otro amigo de Carlitos, más que su perro. Y con él, Emilio (Woodstock en el original americano), el pájaro que escucha sus relatos cuando se sienta a teclear en la máquina de escribir sobre su caseta. “Es verdad que las tiras de Peanuts tienen su propio universo muy bien definido. El reto era contar una historia nueva con personajes que todo el mundo conocía perfectamente. Eso es algo que no puedes cambiar, y tampoco quería hacerlo”, reconoce Steve Martino.

Proyecto familiar

El proyecto nació del hijo y el nieto del dibujante, Craig y Bryan Schulz, respectivamente, que después de negarse durante años a una adaptación cionematográfica, creyeron llegado el momento de dar el paso. Ambos firman el guión junto a Cornelius Uliano. “Yo sabía desde el primer momento que trabajaría con ellos. Para Craig supone una gran responsabilidad velar por el legado de su padre. Eso es algo que respeto. A la vez, suponía una oportunidad para dar a conocer estos personajes a una nueva generación”.

Ellos apostaron por Martino, y él ha respondido a lo que cualquier admirador de las viñetas puede esperar. “Ser fiel al espíritu de Schulz era importante. Realmente no cambiamos prácticamente nada. Lo único nuevo es que vemos más de la chica pelirroja, que es un personaje que apenas aparecía en las tiras”, explica el director. “El reto era crear, mediante una animación por ordneador, una experiencia que se pareciera a la de la tira. Una película para un público de 2015 y que a la vez fuera más amplia”.

Carlitos y Peppermint Patty, en la película

Carlitos y Peppermint Patty, en la película Fox

En el filme, los problemas de Charly Brown crecen cuando experimenta su primer flechazo: una chica pelirroja acaba de mudarse enfrente. Pero, por primera vez, la vida parece sonreírle: una confusión de exámenes le dará su primer sobresaliente y lo convierte en el chico de moda del colegio. Mientras tanto, Snoopy vive sus fantasías, convertido en un aviador de comienzos del siglo XX que persigue con su caseta al biplano del Barón Rojo para rescatar a su dama.

'La dificultad es que la tira cómica es un formato de sólo cuatro paneles. El reto era crear un largometraje con eso', explica el director del filme

Charles M. Schulz (1922-2000) comenzó a publicar las aventuras de Carlitos y Snoopy en 1950. La tira se llamaba al comienzo Li'l Folks, pero tuvieron que cambiarle el nombre ese mismo año porque ya había otra similar. Se quedó con el título definitivo de Peanuts, que nunca gustó al propio Schulz, como desveló años después. La publicó en blanco y negro, seis días a la semana, por 90 dólares al mes en varios periódicos, entre ellos The Washington Post y The Chicago Tribune -era habitual que una tira sindicada se vendiese a diferentes medios- desde el 2 de octubre de ese año hasta dos años más tarde. A comienzos de 1952, empezó a publicarse también los domingos a color.

“La dificultad es que la tira cómica es un formato muy corto, de sólo cuatro paneles, y con historias que a menudo acaban en sí mismas -explica Martino-. El reto era crear un largometraje con eso. A la vez, el reto era encontrar las ideas que sostuvieran una historia completa. Pero eso es parte de lo que tiene de divertido rodar películas”.

Ese año, se empezaron a reimprimir las tiras en libros. Snoopy se estaba haciendo enormemente popular en EEUU. En abril de 1965, Snoopy, Carlitos y compañía fueron portada en Time; dos años después, apareció en Life. Desde entonces, su éxito no ha dejado de crecer. “La clave de Peanuts es que capturaba la condición humana -reflexiona Martino sobre una tira que, a simple vista, pueden no parecer especialmente divertidos-. En cierto sentido, expresan sentimientos que todos tenemos en algún momento y que no nos hemos atrevido a compartir en voz alta: ¿hablará conmigo la gente? ¿Le caeré bien a los demás? ¿Tendré éxito? Son preguntas que se hace Carlitos. Todo eso es intemporal, hoy nos sigue sucediendo. Y son cuestiones que Schulz abordaba siempre con humor. La última viñeta de la tira siempre lograba hacerte reír”.

Carlitos y Snoopy, en otro momento de la película

Carlitos y Snoopy, en otro momento de la película Fox

En octubre de 1966, nació el alter ego de Snoopy: el as de la aviación. Un personaje imaginario con el que el filme de Martino juega sin cesar. Al final, se trata de una película sobre amistad, valentía -para afrontrar la vida- e imaginación. Todo en clave accesible a cualquier miembro de la familia.

Carlitos y Snoopy llega a España con su recorrido comercial ya redondeado: en EEUU se estrenó el 6 de noviembre. Allí ha recaudado unos 126,3 millones de dólares. La han considerado una de las películas “salvadoras” del final del año: ha amortizado los 99 millones de presupuesto, sin contar la vida comercial en las salas del resto del mundo, donde ya ha recaudado otros 145,2 millones. No es Star Wars… pero sus responsables pueden estar contentos con el resultado.