Festival de Cine de Gijón

"La gente se ha acostumbrado a ser censurada”

El director de culto Apichatpong Weerasethakul explica cómo sobrevive el cine a la censura en Tailandia y el resto del mundo.

Apichatpong Weerasethakul, en el Festival de Cine de Gijón.

Apichatpong Weerasethakul, en el Festival de Cine de Gijón.

Hace 45 años la frenética Bangkok vio nacer a uno de los cineastas más importantes de su historia nacional, Apichatpong Weerasethakul. El tailandés, hijo de médicos y trasladado en su juventud a la tranquila zona de Khon Kaen, completó sus estudios de arquitectura en la universidad. Pero en vez de diseñar edificios decidió hacer cine y video-arte, mostrando en sus obras una personalidad inconfundible.

Weerasethakul ha sido perseguido por el régimen militar que en las últimas décadas retiene el poder en el país oriental, censurando a través del Gobierno su obra en los cines o directamente prohibiendo al director a intentar estrenar en salas. Por convicción propia sólo cuenta e imagina historias que ha grabado en suelo tailandés, habladas en su lengua y rodadas en entornos alejados de la megaurbe de Bangkok. Mientras el Estado le impide conectar con la gente de su pueblo, encuentra refugio en las audiencias internacionales, especialmente de festivales como en el de Gijón, donde este año cuenta con una retrospectiva.

Una escena de su nueva película.

Una escena de su nueva película.

Apichatpong Weerasethakul, Joe para los amigos y colegas, tiene ocho largometrajes en su CV, entre ellos el magnífico Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas, con el que ganó la Palma de Oro en Cannes en 2010. En aquel filme de referencia se filtraba esa emoción por implantar lo fantástico en lo cotidiano, buscar la espiritualidad en lo mundano. En Cemetery of Splendour, su última película, cuenta la historia de una mujer que cuida en un hospital a soldados aquejados de una enfermedad que les induce al sueño comatoso.

Una parte de la crítica ha visto en Cemetery of Splendour un fuerte discurso estético. Otros se han centrado más en esa alegoría política tan frontal, abrasadora. “Sí. Es genial que la gente se acerque a mis películas desde diferentes ángulos. Que ocurra esto me gusta mucho”.

P. Es un cuento sobre unos soldados que duermen bajo las ruinas de un palacio y tienen una médium que se comunica con ellos mientras están enfermos.

R. Creo que tenemos tantas capas de memoria personal y colectiva que nos conforman… En Tailandia tenemos una narrativa nacional que es pura propaganda. Hasta el punto en que cuando leemos información en Internet de lo que pasa en nuestro país te acabas sintiendo perdido en tu propia tierra. Mi ideología, mejor dicho, mis creencias, están en constante reconstrucción, por lo que esa forma de ir modificando nuestro imaginario subyacente en la película creo que refleja muy bien lo que somos: un barco flotante en un mar de datos contradictorios entre sí.

P. ¿Cree que debe informar al mundo sobre esta cuestión?

R. Sí, en parte lo hago, pero porque no conozco la verdad. Estoy bastante seguro de que este proceso no ocurre sólo en Tailandia, sino que se da en muchos países. A los ciudadanos se les programa para adquirir una serie de valores y creencias. Les inculcan algo parecido a una religión. Esta película refleja el punto del viaje en el que yo me encuentro ahora mismo, y probablemente en el futuro tenga nuevas revelaciones sobre lo que es la verdad.

Otra escena de "Cemetery of Splendour".

Otra escena de "Cemetery of Splendour".

P. Ha vivido la censura en varias de sus películas. ¿Ha vuelto a darse el caso?

R. Con esta película hemos decidido no estrenarla allí. Lo que más me preocupa es que la gente se ha acostumbrado a ser censurada. Por ejemplo, en la televisión nacional, el humo del cigarro, las bebidas alcohólicas… aunque sea echar un chorro de whiskey para una receta en un programa de cocina. Todo eso las cadenas lo censuran, emborronan las imágenes. Censuran ingredientes para hacer una receta. Este conservadurismo tan extremo, esta forma de control social que se vive en Tailandia es algo que me pone enfermo.

P. ¿La censura tailandesa es similar a la china?

R. Bueno, en nuestro caso no tienes que entregarle al ministerio los guiones de tus películas antes de rodarlas, como pasa en China. Pero si quieres estrenar en salas tienes que someter tu obra a un comité de censura. Este decidirá si pasas el corte o no. Hasta hace poco lo llevaba la policía, pero ahora pertenece al Ministerio de Cultura. El sistema de clasificación que han impuesto desde entonces es completamente arbitrario y de un moralismo enfermizo, de extrema derecha. En las televisiones no pueden mostrar ciertas partes del cuerpo. Por ejemplo, si ponen anime japonés y una chica se está dando una ducha o cualquier cosa de este estilo, la emborronan. Eso sí, la violencia les parece bien. Sangre, disparos, desmembramientos, todo eso lo aceptan.

P. ¿Se ha enterado del fraude en taquilla del cine español? Una película suya, "Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas", está bajo sospecha.

R. Algo me han contado, pero no puedo comentar la cuestión porque no conozco a fondo los detalles del caso. Eso sí, espero que no se trate de un tema político. Es también vuestra, de los periodistas, la obligación de presionar contra estas prácticas, contra esas persecuciones injustas.

P. Sobre la religión dice que se ha instrumentalizado el karma, que ahora es una herramienta de control. ¿Por qué?

R. Sí, es un poco absurdo. Por ejemplo, en mi país se usa el budismo como enemigo al hinduismo, y la confrontación es una idea que va totalmente en contra de la esencia budista. Así que sí, hay una parte muy importante dedicada al ritual, y esos rituales son alimentados básicamente para controlar. Le pasa igual a muchas religiones, que hay una parte de su aparato que sirve para la supervivencia de la tribu, y como no está progresando lo suficientemente rápido a como lo hace la ciencia, se crea una problemática. A veces no aceptamos ciertas enseñanzas, y éste es un conflicto que intentamos poner a un nivel demasiado alto.

P. "Cemetery of Splendour" está basada en parte en historias personales, de su infancia.

R. A medida que voy creciendo va creciendo un sentimiento nostálgico, sobre todo respecto a los sitios. Mi ciudad ha cambiado tanto que intenté buscar esa localización que se mantenía intacta. Y el hecho de que sólo quede uno hospital en el que crecí, así como la escuela y el cine, me motivaron. Por eso incluí esos tres elementos en el filme.

P. Ha dicho que "Cemetery of Splendour" será su última película rodada en Tailandia. ¿Dónde irá a continuación?

R. Ahora mismo me interesa Sudamérica. Mis películas van amoldándose a mis nuevos intereses. También puedo decir que ahora me motiva el tema científico. Creo que hay una conexión entre la espiritualidad y la ciencia. En el pasado me he preocupado más por lo espiritual, pero mi cine del futuro se centrará más de esta otra materia.