Fraude subvenciones cine

Enrique González Macho: primero dimisión, luego imputación

Imputado por falsear los espectadores de la película 'Rosa y negro' para obtener los 731.900 euros en subvenciones del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Enrique González Macho en la presentación de los Premios Platino.

Enrique González Macho en la presentación de los Premios Platino.

Cuando Enrique González Macho dimitió como presidente de la Academia del Cine en febrero, un año después de ser reelegido, no explicó cuáles eran esos “estrictos motivos personales” que le llevaron a tomar la decisión que abrieron las puertas del cargo más representativo del cine español a Antonio Resines. El productor, exhibidor y expresidente ha sido imputado, tal y como informa El País, ha sido imputado por el Juzgado de Instrucción 18 de Madrid, junto con el productor Edmundo Gil, por falsear los datos de recaudación y de espectadores de la cinta Rosa y negro, estrenada en 2009. El objetivo del supuesto fraude era alcanzar el número mínimo de espectadores para obtener los 731.900 euros en subvenciones del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

La productora Flamenco Films (de Edmundo Gil) compró entradas para llegar al cupo mínimo de los 30.000 espectadores para optar a la ayuda. La distribución y exhibición corrió a cargo de Alta Films y Alta Classics, empresas de González Macho. De las siete salas en las que se proyectó la película protagonizada por Juan Diego y Gérard Junot, seis pertenecían al expresidente de la Academia. El barrido contra el fraude en el cine coincide con el juicio celebrado contra Miguel Bardem, productor de la película El rey de la montaña, también por trampear datos. El acuerdo entre fiscalía y Bardem obliga a éste a pagar 50.000 euros de multa y una pena de cuatro meses de cárcel que no cumplirá por no tener antecedentes.

“Me voy obligado por las necesidades”, dijo en su carta a los académicos que comunicó su decisión. No podía compaginar su “actividad personal con la Presidencia de forma cuanto menos correcta”, aseguró entonces. “No quisiera bajo ningún concepto que en el futuro mis necesidades personales afectaran a la dedicación que la Academia requiere”, añadía en su despedida a cuatro años al frente de la Academia. Su negocio había entrado en quiebra y las circunstancias le obligaban, decía, a renunciar, mientras alegaba un IVA del 21% como un peaje insostenible para la cultura.

“Nadie que esté entusiasmado por su trabajo puede temer por su futuro”, dijo en su última gala de los Premios Goya. “No habéis temido al único vicio que se puede tener en una profesión como es el cine español, que es el fracaso. El fracaso es cuando no se intenta. Lo importante es levantarse a la sexta caída y seguir. Lo importante es que busquéis la felicidad en el trabajo diario que amáis, en seguir avanzando por el camino lleno de ortigas y de flores”, dijo en el discurso que cerraba su presencia al frente de la Academia del Cine.