Atentados en París

Una canción de guerra para defender la Revolución

Banda sonora frente a la barbarie terrorista, 'La Marsellesa' ha sido interpretada por Édith Piaf, Serge Gainsbourg o Django Reinhardt.

Un momento del partido amistoso entre Inglaterra y Francia.

Un momento del partido amistoso entre Inglaterra y Francia. Reuters

La canción que todos cantan es una canción de guerra. El ataque criminal del viernes en París y el momento emocionante del desalojo del estadio de Saint-Denis con buena parte de los espectadores de un partido de fútbol cantando a capela el himno francés, vuelve a poner el foco en La Marsellesa. Una añeja canción de épica y gloria, batalla y superación, creada para mayor empuje militar hace ya más de dos siglos.

Allons enfants de la patrie... apenas sus cinco primeras palabras activan el resorte sentimental. Lógico que se haya convertido en un efímero anclaje emocional para las víctimas de los atentados en la capital francesa. También para muchos compatriotas europeos y, por extensión, para toda la población mundial cuyos ánimos golpeó el ataque extremista a la capital símbolo de la democracia, de las libertades, de la cultura y la diversión. La capital de la buena vida.

Allons enfants de la patrie...

En marcha, hijos de la patria...

Aunque La Marsellesa no nació en son de paz. En Francia, donde se adoptó finalmente como himno nacional en la Constitución de la V República en 1958, cualquier escolar conoce su historia. Declarada la guerra entre Francia y las monarquías europeas a comienzos de la primavera de 1792, un grupo de oficiales fue convocado por el alcalde de Estrasburgo para analizar la situación. Uno de ellos, el también compositor Rouget de Lisle, recibió el encargo de escribir una canción a modo de himno patriótico para alentar a las tropas. De Lisle tardó poco en entregarlo: esa misma tarde del 25 de abril de 1792 presentó Chant de guerre pour l'armée du Rhin (Canto de guerra para el ejército del Rin) en la escena que luego quedó inmortalizada en un cuadro del pintor parisino Isidore Pils.

Le jour de gloire est arrivé!

El día de gloria ha llegado.

También el rebautizo de esta canción conmovedora como La Marsellesa tiene origen en el campo militar. Durante el primer verano de la guerra entre las potencias europeas en torno a los valores y los derechos que reconocía la Revolución Francesa, un desembarco de tropas en Marsella se realizó con los soldados cantando el himno patriótico. Así llegaron a París y así quedó grabada la pieza en el acervo popular francés. La canción que cantaban los soldados recién llegados de la ciudad mediterránea. La Marsellesa.

Contre nous de la tyrannie, l'étendard sanglant est levé.

Contra nosotros, la tiranía alza su sangriento pendón.

Connotaciones políticas actuales aparte (la penúltima ha sido su resurgimiento con motivo de los atentados del viernes, pero ya antes Nicolás Sarkozy había intentado acotar con severas multas cualquier signo de falta de respeto al himno), la trayectoria musical de la canción llamada La Marsellesa estuvo casi siempre salpicada por segundas lecturas. Sin duda es antológica la escena de la película Casablanca en la que el personaje Viktor Lazlo manda cantar La Marsellesa para impedir la jarana de unos oficiales alemanes con una marcha imperial de su país, Die wacht am Rhein.

Este pasaje que pone en pie el bar de Rick (Humphrey Bogart) como desafío a los nazis, es uno de los instantes más emotivos del filme de Michael Curtiz. Pero no es una escena inocente. En 1942, el año de producción de la película, La Marsellesa había sido prohibida por el régimen colaboracionista de Vichy y era motivo de dura represión por parte de los ocupantes de la Alemania nazi. Lógico también que esta canción, casi tanto como el revolucionario Le chant des partisans, cayera de pie en las gargantas de los voluntarios de la Resistencia. Y que durante la España republicana se tradujera al español para combatir a los golpistas.

Entendez-vous dans les campagnes, mugir ces féroces soldats?

¿Oís en los campos el bramido de aquellos feroces soldados?

Otra versión imponente de La Marsellesa fue interpretada poco después por el guitarrista francés de origen belga Django Reinhardt. Un músico crucial para comprender el caudal de contaminación positiva que algunas músicas populares aportaron a la fabricación de una identidad musical en la Francia contemporánea. De origen gitano y nacido en 1910 en el pequeño pueblo de Liberchies, a cuarenta kilómetros al sur de Bruselas, Reinhardt se crió en los campamentos gitanos instalados en los alrededores de París. Allí comenzó a aprender a tocar los instrumentos tradicionales de su etnia, el violín y la guitarra. Con el tiempo, la contribución de Django Reinhardt y la repercusión de su obra fue fundamental para definir el patrón sonoro del jazz manouche. En esta clave reinterpretó La Marsellesa para su pieza instrumental Echoes de France, que no falta en ninguna compilación del guitarrista acompañado por Stéphane Grappelli y el Quinteto del Hot Club de France.

Ils viennent jusque dans vos bras égorger vos fils, vos compagnes!

¡Vienen hasta vosotros a degollar a vuestros hijos y a vuestras compañeras!

La historia atropellada de La Marsellesa también fue enarbolada por la cantante francesa por antonomasia. Édith Piaf no se arredró ante la ocupación nazi y actuó como portavoz en clave musical de las ansias de libertad del pueblo francés. Su música está asociada a ese periodo trascendental del país. En los días del todo o nada escuchar la voz de aquella mujer de apariencia débil, aquella voz de orgullo y resistencia, elevaba de veras la moral de la tropa. En 1944, después de escapar con suerte de un encontronazco con los nazis, Piaf cantó junto a Yves Montand para las tropas aliadas en Europa. Antes ya había entonado los versos patrióticos escritos por Rouget de Lisle, aquí alterando algo la tradición francesa de interpretar la primera estrofa y el estribillo. Porque la gran dama de la voz rota optó, junto al estribillo, por cantar la primera, la quinta y la sexta estrofas.

Aux armes, citoyens! Formez vos bataillons!

Marchons, marchons! Qu'un sang impur abreuve nos sillons!

¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones!

¡Marchemos, marchemos! ¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos!

Otra voz histórica, Serge Gainsbourg, reinterpretó La Marsellesa con aires de música reggae. En 1979 el cantautor francés se instaló en Jamaica para producir el disco Aux Armes et cætera, en el que colabora el conjunto vocal femenino The I Threes formado por Rita Marley, Marcia Griffiths y Judy Mowatt. La canción que da título al disco es una libre interpretación del himno nacional francés con la voz grave de Serge Gainsbourg volando sobre el síncope sinuoso del reggae y los coros del trío jamaicano. Su publicación llamó tanto la atención que algunos la criticaron como una falta de respeto al himno nacional. E incluso hubo quienes amenazaron de muerte a su autor. Tiempos perros para cantar contra la corriente del viento. No han cambiado tanto las cosas. Aunque ya diez años antes los Beatles aprovecharon las brillantes notas iniciales de La Marsellesa para arrancar su epifanía pop All you need is love y de paso vendernos que la modernidad venía envuelta en papel de celofán.

Nadie sabe todavía si este nuevo idilio popular por La Marsellesa ahorrará o no cañones, que es lo que dijo de ella Napoleón. Por ahora, la canción sigue nutriendo el combustible anímico de los franceses. Algo que en un país vecino que ni siquiera tiene un himno para cantar en los campos de fútbol se contempla con no poca indisimulada envidia sana. Aquí nos quedan, empero, aquellos versos de Sabina, otra voz inspirada por La Marsellesa, en su canto íntimo de resistencia Viudita de Clicquot. "Allons enfants de la patrie, maldito mayo de París, vendí en Portobello los clavos de mi cruz, brindé con el diablo a su salud".