Cine

David Prowse, en busca del verdadero Darth Vader

Fue el villano más temido de la galaxia. Pero nunca se oyó su voz ni se vio su rostro. El documental "I am your father" rastrea su historia.

David Prowse, en maquillaje para recrear la escena final de El retorno del Jedi

David Prowse, en maquillaje para recrear la escena final de El retorno del Jedi Nova TV

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“Luke… Yo soy tu padre”. ¿Hace falta decir mucho más? Cualquiera que lea esta frase, si no ha estado viviendo en una galaxia muy, muy lejana, pensará al momento en Darth Vader. Escondido tras la máscara oscura, durante tres películas y sus respectivos rodajes, estuvo David Prowse, un actor y culturista británico de dos metros de altura y sonrisa franca con un rostro algo cubista. Sin embargo, nunca se le escuchó en pantalla: George Lucas decidió doblar a Prowse y la voz que se hizo célebre fue la de James Earl Jones (en español, la de nuestro enorme Constantino Romero).

No sólo eso: cuando, en El retorno del Jedi (1982), la tercera parte de la trilogía original, finalmente se veía el rostro maltrecho de Vader, es decir, de Anakin Skywalker, el actor elegido fue Sebastian Shaw. A Prowse, que había vestido la armadura negra y actuado durante meses bajo el casco, le fue vetada toda gloria. I am your father, un documental de los directores españoles Toni Bestard y Marcos Cabotá, cuenta la historia de esta “injusticia”. “Fue una decepción no ver a Dave cuando le quitaron la máscara, porque debería haber sido él”, dice sin titubear en pantalla otro culturista de culto, Lou Ferrigno.

Demasiado británico

Prowse (Bristol, 1935) explica en el documental cómo se enteró por un periodista del Daily Mail que Lucas planeaba apartarle de su única toma con el rostro al descubierto. Aquello fue “frustrante”, reconoce a cámara el ya anciano actor. Pero venía de lejos. Ya en con El Imperio contraataca, donde se produce la gran revelación de la saga, el hombre detrás de la máscara puso sólo los movimientos, el cuerpo, el lenguaje gestual… Y el guión fue por su propio camino. “No sabía que era el padre de Luke Skywalker hasta que, de hecho, fui al cine a ver la película”, cuenta Prowse a Cabotá en el documental. A alguien le pareció que el acento de Prowse era demasiado del oeste de Inglaterra. Necesitaban algo más neutro y oscuro. Hoy, ríe con ironía el viejo actor -que esta semana visitará Madrid para presentar el filme-, su voz es ya casi idéntica a la de James Earl Jones.

David Prowse, en un momento del documental

David Prowse, en un momento del documental

En cualquier caso, hay testimonios interesantes. En Lucasfilm parecían tenerlo claro desde el comienzo. El propio Prowse reconoce que le ofrecieron elegir entre dos papeles: Chewbacca y Vader. “¿Chewbacca? ¿Eso que es?”, preguntó. “Una especie de gigante peludo que acompaña al protagonista a todas partes”, le explicó Lucas. “El otro es el villano de la película”. Le pareció más interesante. Pero está claro que era un comodín, un relleno, a ojos del director. “Su físico fue lo que le metió en el proyecto, no su capacidad para actuar”, subraya Robert Watts, uno de los productores de la saga.

Frente a eso, Cabotá reivindica el talento y la trayectoria de un actor casi desconocido que interpretó en dos ocasiones al monstruo de Frankenstein -en dos versiones bien diferentes- y que, como culturista, preparó físicamente a Christopher Reeves para Superman.

Hoy Prowse es una vieja celebridad en Bristol, su hogar, en buena parte de Inglaterra, donde se le conoce por otros papeles -varios de terror para la Hammer, también una conocida campaña de seguridad víal de los años 70-, y a lo largo y ancho del mundo en toda convención de cómics y ciencia ficción que se precie, donde los fans de la saga siguen idolatrando al hombre que fue Darth Vader, pidiéndole autógrafos y haciéndose fotos con él. Bueno, no en todas: hay una convención en la que tiene prohibido el acceso: la oficial que organiza Lucasfilm una vez cada tres años. Es el único de los protagonistas que no es bienvenido.

La ira de Lucas

¿Qué pasó para que al gigante británico le excluyeran del circuito fan de Star Wars? Según el documental, Lucas creyó que Prowse había sido el responsable de una filtración a la prensa del final de la tercera película: la muerte de su personaje. Él lo niega rotundamente y el cineasta español entrevista al periodista que publicó aquella noticia, que asegura que su fuente fue otra. Sin embargo, el poderoso productor y director protegía sus tramas y guiones con el secreto más absoluto: no les daba a sus actores el guión hasta la noche antes, y sólo les entregaba las páginas que correspondían a su personaje.

Nadie logró convencerle de que Prowse -que tenía fama, aseguran un par de entrevistados, de hablar demasiado con los periodistas- era inocente. George Lucas “declinó amablemente” la invitación para participar en el documental, aseguran sus responsables al final, y es significativo que no hay ni una sólo escena de los filmes reproducida. Aunque sí hablan con varios de los protagonistas: Kenny Baker (el actor enano que se movía al androide R2D2), Jeremy Bulloch (Boba Fett) o el productor Gary Kurtz son algunos de los que rememoran aquellos rodajes y el ostracismo al que fue condenado Prowse.

En el documental no se ve ninguna escena original de los filmes de Lucas. Tampoco el final alternativo que rodaron con Prowse

Cabotá conoció a Prowse en 2004. El filme es un homenaje personal que va más allá de lo retratado: el director español le propuso al actor reconstruir la escena en que se ve el rostro de Anakin Skywalker, ésta vez con él de verdad. Para ello, contrató a especialistas en maquillaje, efectos especiales… Montó de nuevo un decorado y grabaron la escena, que proyectaron en un pase especial en Madrid.

Sin embargo, y aunque no lo aclara en pantalla, se da a entender que no obtuvieron permiso de Lucasfilm para sucesivas proyecciones, y la nueva versión del final de El retorno del Jedi ha quedado fuera del documental. Sólo se ve la preparación de la escena y a Prowse en el pase, sonriendo y recibiendo felicitaciones. Un final deslucido por la legalidad.