libertad y represión

El fotógrafo que huye de Al Qaeda por retratar homosexuales

Gazi Nafis Ahmed, amenazado de muerte por retratar a la comunidad LGTB, se refugia de la intolerancia en España... de momento.

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Los márgenes son así: calles estrechas, perros callejeros, basura, paredes que se depellejan y dos hombres que caminan de la mano hacia la oscuridad. Los márgenes son en blanco y negro. Y están perseguidos y reprimidos, porque lo que molesta queda fuera, allí donde cae todo lo que estorba, allí donde los derechos se anulan. En las esquinas de la sociedad caminan los rechazados, justo los lugares a los que Gazi Nafis Ahmed lleva su cámara para sacar a la luz a los seres invisibles.

Así fue desde hace ocho años, así ha tenido que dejar de hacerlo. Ha huido de Bangladesh, amenazado de muerte por una rama de Al Qaeda que opera contra la libertad sexual en todo el país, y que ha matado a machetazos en los últimos meses a un profesor de inglés, de 58 años, por dar su opinión, y a una estudiante de Derecho, de 28, destacada bloguera activa defensora de la igualdad y los derechos humanos. Refugiado en España, de momento, a la espera de no tener que aterrizar, de nuevo, en Bangladesh. 

De la serie Amantes, realizada por Gazi Nafis Ahmed.

De la serie Amantes, realizada por Gazi Nafis Ahmed.

El último asesinato fue el pasado abril, cuando seis personas entraron en el apartamento de Xulhaz Mannan y acabaron con su vida y la de su compañero. Mannan era uno de los fundadores hace dos años de la revista Roopba, la única publicación del país que prestaba atención a la comunidad LGTB y cuya finalidad era promover la tolerancia y la aceptación de la diversidad. El editor de 35 años era amigo de Gazi.

“Ahora soy blanco de los grupos islamistas por el tema de mi trabajo y apoyar abiertamente una causa en la que están en contra: la comunidad LGTB. Soy un artista que trabaja con la fotografía y defiende los derechos humanos”, cuenta a EL ESPAÑOL. Acaba de aterrizar en España huyendo de la amenaza de muerte que recibió en mayo.

Tomar conciencia

Ahmed comenzó a fotografiar en 2008, tras terminar la licenciatura en fotografía de la Escuela Danesa de Medios de Comunicación y Periodismo. “Leí mucho sobre las identidades de género, identidades sexuales y expresiones personales”, cuenta. Fueron sus primeros pasos en el tema que se convertiría en el eje de su carrera y al regresar a Bangladesh se interesó por la parte menos favorecida de la sociedad.

RoomJhoom, Apple y Dalia, en 2014.

RoomJhoom, Apple y Dalia, en 2014.

Pronto construye dos series, Cara interior e Identidades innatas, en las que aborda las cuestiones más delicadas de los sujetos más intimidados por ejercer su libertad sexual. Asegura que ha tenido varias exposiciones individuales y colectivas en Bangladesh y en todo el mundo, “y han sido publicadas en los principales periódicos”. “Siempre he hablado abiertamente sobre mi trabajo y mis ideas. Soy un rostro conocido por colaborar estrechamente con la comunidad LGTB, así como por dar voz a la minoría de Bangladesh”, añade. Es el objetivo perfecto de la intransigencia.

El fotógrafo se centra en la intimidad y la cotidianidad de los sujetos que se arrojan a la cámara sin miedo a ser identificados. En la cama, cuatro piernas desnudas de hombre se entrecruzan y abrazan. Hay besos y cariño, declaraciones de amor que se enfrentan a la intolerancia. “Había recibido mensajes amenazantes antes, pero nunca me los había tomado en serio. Incluso he recibido llamadas al teléfono de extraños que buscan información o quieren reunirse conmigo, pero siempre rechacé las invitaciones. Ahora pienso que eran trampas”, dice. “Quienes me amenazan son cobardes, temen a la educación, al conocimiento, a la libertad de la palabra y a la libertad de expresión”.

Gazi camina desde el documentalismo reposado al gesto más espontáneo y directo del fotoperiodista. Entre la denuncia de los hechos y la lírica de la tradición india. Su complicidad con la comunidad le abre las puertas de la intimidad de los intimidados, en una sociedad que no respeta la diversidad, ni las diferentes opciones sexuales. Las relaciones homosexuales en Bangladesh están declaradas como un acto criminal, fuera de la ley, condenados a vagar por callejones oscuros.

El sexo es tabú

“Mi preocupación son los derechos de los demás seres humanos. La fotografía es muy importante para que sus voces sean escuchadas, sobre todo, en la situación LGTB en Bangladesh, extremadamente oprimidos legal y socialmente. Cualquier conversación en torno al sexo y la sexualidad es tabú. No es como aquí, en España”, explica. Cree en un mundo ideal en el que hay igualdad, tolerancia, aceptación y reconocimiento de unos a otros, sin discriminaciones, “ya sea por raza o sexo”.

“Pero para un cambio real y definitivo, no basta sólo con ser un fotógrafo”, reconoce. “Hay otras cosas en las que uno también tiene que ser experto. La mayoría de los fotógrafos no entienden la importancia del sentido crítico, la complejidad y el poder de este medio”. Prefiere priorizar la denuncia a las imágenes bonitas. Prefiere trabajar con una parte de la sociedad que nunca fueron fotografiados antes (en el contexto de su sexualidad). “Tardé un año en ganarme su confianza antes de empezar a fotografiarles. No es fácil trabajar con la comunidad LGTB en Bangladesh”.

Bishu en Pond, fotografía del año 2009.

Bishu en Pond, fotografía del año 2009.

El código penal prohíbe la homosexualidad, “un regalo que nos dejaron las autoridades británicas cuando desmontaron la colonia”. La ley se utiliza para hostigar a las personas LGTB, como si no bastara con la persecución a la que somete la sociedad al colectivo: “La gente dice de ella que es un pecado, un trastorno psicológico o, simplemente, una conducta pervertida”. La fotografía ayudará a limitar las culpas y los pecados, quizá a extinguirlos.