Exposición

Jackson Pollock antes de la gran eyaculación

El Museo Picasso de Málaga recibe una exposición cuyo principal reclamo es 'Mural', obra de iniciación al 'dripping' del profeta del expresionismo abstracto.

La pintura de Jackson Pollock, en el Museo Picasso Málaga.

La pintura de Jackson Pollock, en el Museo Picasso Málaga.

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Life hizo un mito de Pollock. “Me encanta trabajar con lienzos de gran tamaño”. Ese hombre empieza la pintura de cero. La cámara del fotógrafo está presente en el momento en el que el peso de la tradición vanguardista europea desaparece. “Colocando el lienzo en el suelo me siento más cercano y más integrado en el cuadro. De ese modo puedo rodearlo, trabajar desde los cuatro lados y meterme dentro de la pintura”. Life retrata a un artista libre, vital, ingenuo, que da muerte al artista académico, tradicional, preocupado por el pasado. La pintura surge sin condiciones, sin condicionales. “Algunas veces utilizo el pincel, pero otras prefiero recurrir a los palos. En ocasiones, incluso, vierto la pintura tal y como sale del bote”.

El comisario de la exposición asegura que Jackson Pollock trató de vencer a Picasso con su mural en lienzo

Jackson Pollock es el reverso de Pablo Picasso. Apenas les une su antifascismo y comunismo. Pollock y Picasso representan el renacimiento y la muerte de la pintura. El malagueño es la continua reinvención de los métodos y la materia; el otro la constante repetición invariable del motivo. Picasso entrega en 1939 para el pabellón de la República española el Guernica, en la Exposición Universal de París. Pollock hace, cuatro años después, un gran lienzo mural para el recibidor de la casa en Manhattan de Peggy Guggenheim. “Para Jackson Pollock había que vencer a Picasso”, dice David Anfam, comisario de Mural. Jackson Pollock. La energía hecha visible, que se inaugura en el Museo Picasso Málaga (hasta el 11 de septiembre).

“Es tan grande como el infierno”, dice la mecenas del lienzo cuando lo ve. Desde luego, el tamaño nunca ha sido uno de los mejores referentes de valoración, aunque importe. Pero sí, Mural, que ha pasado por Venecia y Berlín antes de llegar a Málaga, y continuar su marcha a Londres, es grande. Y de existir el infierno, es muy probable que sea un popurrí de colores similar al que utilizó Pollock en este cuadro pre dripping. Bermellon, rojo de cadmio, carmín alizarina, amarillo de cadmio medio, cadmio limón, verde, viridián, azul, azul cerúleo, azul cobalto, sombra quemada, blanco de titanio y negro de huesos. En su estudio se han identificado más de 25 pigmentos y mezclas.

Faltan unos años para que el artista libere su característico goteo azaroso sobre el lienzo o el papel: todavía es contenido, en Mural se arrepiente, corrige y reflexiona. A pesar de ello, el comisario asegura que la obra es “una expresión extraordinaria de la obsesión” de Pollock con la energía, la emoción y el movimiento. Pero es obvio que todavía es demasiado deliberado para lo que vendrá luego. Ya saben, la revolución de Pollock es la revolución del cuerpo. Ya no necesita pintar el cuerpo, ahora es el cuerpo el que pinta, como indica el historiador del arte Valeriano Bozal. Pollock hace del espíritu, el cuerpo.

Demasiado control

Será entonces cuando nosotros, los espectadores, seguiremos su movimiento sobre el cuadro. Su gran eyaculación, que en Mural no está. Es demasiado controlado, incluso, para enfrentarse al espectacular mural de Antonio Saura, La gran muchedumbre (1963), que ha llegado al museo malagueño desde el Reina Sofía. Es una de las obras de los 22 artistas que acompañan al protagonista, Mural, al que se le dedica una sala para explicar el proceso de restauración de dos años, que le devolvió el tono vibrante de los colores.

La gran muchedumbre, obra de Antonio Saura, de 1963.

La gran muchedumbre, obra de Antonio Saura, de 1963.

No hay nada más. La exposición se la juega todo a Mural. Una operación arriesgada que, en vez de centrar la atención con absoluta honestidad en la pieza protagonista, reparten las salas precedentes con guarnición. Quizá ese fuera el motivo por el que David Anfam recordase en la rueda de prensa el gran salto cualitativo de la muestra cuando llegue a Londres, a la Royal Academy. No tuvo empacho en vender la que será la “gran revisión del expresionismo abstracto, con más de 160 obras”. Mural volverá a ser protagonista, pero esta vez enfrentado a la última obra maestra de Pollock: Bule Poles (1952). “Nunca han estado colgadas juntas”, añadió. La exposición de Málaga está a años luz de la que adelanta el comisario.

De ahí, probablemente, ese empeño añadido en hacer coincidir Guernica de Picasso con Mural de Pollock. Al parecer, Guernica “subyugó a Pollock”. Nada extraño, es una obra que sigue haciéndolo. “Significó una experiencia avasalladora, violenta, que estimuló probablemente su ambición por vencer a la tradición figurativa y a hacerlo de modo espectacular con la ayuda del gran formato”, dice el comisario, remarcando, de nuevo, el tamaño. Para el norteamericano su obra representa “una estampida”. “Cada animal en el oeste americano, vacas y caballos y antílopes y búfalos, todos a la carga a través de la maldita superficie”, indicó Pollock. Lejos de un bombardeo.

Pollock ante la obra Mural, para el recibidor de la casa de Peggy Guggenheim.

Pollock ante la obra Mural, para el recibidor de la casa de Peggy Guggenheim.

“Cuando pinto tengo siempre una idea general de lo que estoy haciendo. Puedo controlar el fluir de la pintura. No hay nada accidental, de idéntica manera que no existe ni principio ni final. A veces pierdo alguna obra. Sin embargo, no me asustan los cambios, destruir la imagen, porque todo cuadro tiene vida propia. En cierto sentido, lo dejo vivir”, explica el artista en el vídeo de 1951, cinco años antes de su muerte en accidente de tráfico, que se proyecta. También aparece en el fantástico libro La energía visible. Jackson Pollock. Una antología (La balsa de la Medusa), editado por José Lebrero, director del museo.

Pollock lo hace sobre la tela, como una danza de la fecundación. Su criatura es el expresionismo abstracto, el mejor arma de polinización cultural norteamericana

Apenas queda dibujado el Pollock que se aísla para renacer, para impedir que su gesto y su expresión, su energía y su movimiento, bailen a solas con el azar y la espontaneidad. Pollock lo hace sobre la tela, como una danza de la fecundación. Su criatura es el expresionismo abstracto, el mejor arma de polinización cultural norteamericana de la Europa en cenizas. La nueva expresión -que nace del surrealismo y contra el surrealismo- debe dominar y convertirse en la orientación hegemónica del nuevo orden político internacional. Y Pollock es su profeta. En Málaga está la puntita de la nueva mitología.