Museo del Louvre

El Louvre descubre el secreto del Parmigianino

El museo muestra cerca de 60 bocetos del pintor llamado a reemplazar a Rafael.

Fragmento de los dos putti volantes de Parmigianino, boceto en el Louvre.

Fragmento de los dos putti volantes de Parmigianino, boceto en el Louvre.

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Más de quinientos años después de la pronta muerte del artista manierista Girolamo Francesco Maria Mazzola, llamado il Parmigianino (1503-1540), asfixiado a los 37 años con mercurio mientras mantenía su incansable búsqueda experimental, el museo del Louvre -hasta el 15 de febrero- le rinde homenaje con una exposición que presenta más de 60 bocetos de uno de los artistas más precoces y dotados de la historia de la pintura.

A los 21 años abandona su Parma natal para instalarse en Roma, donde entrega al Papa Clemente VII tres pinturas extraordinarias: La Sagrada Familia con un ángel (en el Museo del Prado), Circuncisión (The Detroit Institute of Arts) y Autorretrato en un espejo convexo (Kunsthistorisches Museum de Viena). No tarda en ser aclamado como la reencarnación de Rafael gracias a la habilidad que demuestra, frente al lienzo y en sus bocetos. Tres ensayos de la pintura del Prado se extienden hoy en el ala Denon del museo parisino.

No hay belleza excelente sin algo extraño y anormal en la forma, dejó escrito el artista de la Virgen del cuello largo

Movimiento, precisión, elegancia y volumen, propios del artista que definió su identidad prolongando virtuosamente las proporciones de sus figuras, erotizando los cuerpos a los que admiraba: la famosa Virgen del cuello largo (Galleria degli Uffizi de Florencia). La delicadeza con la que Parmigianino reta al ojo humano es en ocasiones inverosímil. Su derroche de precisión en esta virgen es sorprendente en cualquiera de los más de cincuenta bocetos que precedieron a la obra final.

Extraña belleza

Consciente de que la extrema delgadez de San Jerónimo o la prolongación del cuello de la Virgen no pasarían desapercibidos, el pintor optó por recalcar su intención con un minúsculo mensaje oculto en el segundo escalón de la columnata: “No hay belleza excelente sin algo extraño y anormal en la forma”.

Cabeza de un niño, de Parmigianino

Cabeza de un niño, de Parmigianino

El virtuosismo manierista del Parmigianino pudo verse antes de marchar a Roma, cuando recibe el encargo de decorar el castillo de la Rocca de Fontanellato, un fresco que recrea la historia de Diana y Acteón, en la que aporta la sensualidad de sus cuerpos. La insistencia en la curva y la perfección de las manos diseñadas por el italiano fueron dos de sus inconfundibles recursos a lo largo de su corta e intensa carrera, tan similar a la de su referente Rafael.

Trazo seguro y suelto, movimiento rápido sobre el papel. Le interesa la expresividad y la naturalidad, no tanto la verosimilitud de las proporciones

Su excesiva facilidad, su talento natural, quedó patente, sobre todo, en los retratos, la parte mayoritaria de su producción. Uno de los personajes que vemos aparecer en uno de los bocetos expuestos es el de Galeazzo Sanvitale, protector del artista, responsable del trabajo en Fontanellato. Obsesionado en la expresión del rostro y ligero en la consumación del cuerpo. Trazo seguro y suelto, movimiento rápido sobre el papel. Le interesa la expresividad y la naturalidad, no tanto la verosimilitud de las proporciones.

Imaginación desatada

El Parmigianino demuestra su valentía y habilidad desde el esqueleto de sus cuadros. Dos de los dibujos mostrados son el ejemplo perfecto del don natural y el riesgo con los que jugaba en sus preparaciones. Por un lado, los putti volantes, dos figuras pesadas y rollizas que flotan ligeras en escorzos complicadísimos. Es una maravillosa sanguina que subraya las sombras fundidas y la disposición de la anatomía a su libre imaginación.

Dos puttis volantes, de Parmigianino

Dos puttis volantes, de Parmigianino

Hace bailar a sus figuras. El mismo Giorgio Vasari revela en sus apuntes otro de los dones del joven artista: su manejo del laúd. De hecho, al dorso de varios de estos ensayos aparecen anotaciones musicales.

La otra pieza deslumbrante es una cabeza de joven que mira al suelo, que se repliega en sí mismo. El aliento de su maestro Correggio se desvela con absoluta claridad en el joven dibujante, octavo de una familia de nueve hijos y huérfano a los tres años.

Un perro entre los dibujos expuestos.

Un perro entre los dibujos expuestos.

El recorrido propuesto por el museo del Louvre está minuciosamente pensado para ofrecer al espectador la posibilidad de colarse entre los pensamientos del manierista y saborear las obras que fueron naciendo de estos bocetos. Pero más allá del innegable talento del italiano, la exposición también logra transmitir el lado más ligado a la intención de su obra. 'La boda mística de Santa Catalina', todavía hoy unida a un misterio: ¿le faltó al italiano tiempo para terminar su obra o prefirió cerrarla con ese aura de boceto inacabado?