Alfredo Pérez de Armiñán

El pacificador toma las riendas de Patrimonio Nacional

Con su nombramiento acaba la guerra de la institución real con el Museo del Prado. Destaca por su perfil jurídico. 

Pérez de Armiñán tiene un duro trabajo por delante.

Pérez de Armiñán tiene un duro trabajo por delante.

  1. Pintura
  2. Escultura
  3. Patrimonio Nacional

El último Consejo de Ministros del pasado viernes finiquitó una de las crisis más crudas de esta legislatura protagonizada por dos instituciones públicas y nombró a Alfredo Pérez Armiñán como nuevo presidente de Patrimonio Nacional, en sustitución de José Rodríguez Spiteri, que ha renunciado a su cargo después de protagonizar una dura pugna con el Museo del Prado por recuperar cuatro pinturas clave que pertenecen a la colección real y no a la pinacoteca.

El nombramiento siembra la paz entre las dos casas: Alfredo Pérez de Armiñán, jurista, abogado, letrado de las Cortes Generales y miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, es uno de los cerebros que configuró la ley que ha dado independencia al Museo del Prado. Esa norma aprobada en 2004, que liberó al centro de las cadenas de la Administración y convirtió al museo en una excepción dentro de los museos estatales y no en un modelo, fue obra del nuevo presidente de Patrimonio Nacional.

Jugó un papel decisivo en las negociaciones con la Iglesia durante el proyecto de la ampliación del Prado.

También estaba ahí –en el Patronato- cuando se nombró a Miguel Zugaza como director, en el año 2001. Fue uno de los impulsores de la Fundación Amigos del Prado y jugó un papel decisivo en las negociaciones con la Iglesia durante el proyecto de la ampliación del Prado, que pasó por momentos críticos para liberar el claustro de los Jerónimos. Logró que el Prado ejecutase su crecimiento tal y como estaba previsto. Como dicen antiguos compañeros suyos, “Alfredo conoce muy bien el Prado y le quiere muy bien”.

Tanto Zugaza como José Pedro Pérez-Llorca, presidente del Patronato del Prado, han dado el visto bueno al movimiento de ficha propuesto directamente por el ex secretario de Estado de Cultura del PP Miguel Ángel Cortés, que no se perdió su nombramiento ayer en Palacio. Juntos trabajaron mientras Pérez de Armiñán dirigía la Fundación Caja de Madrid y patrocinaba las actividades culturales del área del que Cortés se responsabilizó entre 1996 y 2000, con la presidencia de José María Aznar.

Mil chaquetas

Pero la carrera política de Pérez de Armiñán (Madrid, 1952) empieza una década antes, cuando había que democratizar este país. Formó parte del núcleo de trabajo de Adolfo Suárez, en la Unión de Centro Democrático (UCD), con quien empezó siendo subdirector general de Patrimonio Artístico, Secretario General Técnico hasta asumir el cargo de director de Bellas Artes, Archivos y Bibliotecas. En aquellos años colaboró estrechamente con Javier Tusell (a quien la ex ministra de Cultura Soledad Becerril destituye en 1982).

Ha alertado de la saturación del turismo en los recursos del patrimonio y animado a las sociedades privadas a invertir en cultura.

No se perdió tampoco los inicios de la construcción de la Ley de Patrimonio Histórico, que finalmente redactaría el Gobierno socialista en 1985. Fruto de su amistad con Araceli Pereda, redactora de la Ley, estuvo de alguna manera presente, aunque no lleva la firma de Pérez de Armiñán.

Su especialidad son las relaciones y las leyes, ambas le han permitido una dilatada carrera que llega ahora a su cénit, al hacerse cargo, por primera vez, de la gestión directa de uno de los grandes buques de la cultura española. Recala en Palacio tras su breve paso por la UNESCO, donde el ministro Margallo le nombró director general adjunto. Antes también fue director de la asociación Hispania Nostra, desde donde alertó de la saturación del turismo en los recursos del patrimonio y animó a las sociedades privadas a compartir con el Estado la financiación de la cultura. Hablaba de mecenazgo allá por 2003.

Vehemente y repipi

Fuentes cercanas al nuevo presidente consultadas por este periódico, lo describen como “una persona bastante entregada”, “muy activo en asuntos de mecenazgo y sostenibilidad de la cultura”, “una persona muy preparada, muy vehemente, defiende y argumenta muy bien lo que piensa, muy polémico” y sus detractores dicen de él que es “un repipi y que llega a ser cargante defendiendo lo suyo”. "Es una persona muy discutidora, conoce los idiomas y tiene muchos contactos, aunque no es de los que han estado medrando en Casa Real", señalan otros.

A la mayoría le parece que el cargo en Patrimonio Nacional está hecho a su medida, porque no es un diplomático, que son correctos pero sin un perfil profesional de la cultura. “A Alfredo no va a haber conservador que le tosa”, estas fuentes se refieren sobre todo a José Luis Díez, director del Museo de las Colecciones Reales. El nuevo museo será uno de los escollos que el nuevo presidente tendrá que resolver (e inaugurar). De hecho, muchos esbozan la posibilidad de lograr préstamos importantes del Museo del Prado para cubrir las carencias de obras señeras en la colección a exhibir. Ver para creer.