FIESTAS DE LA PALOMA

La poesía castiza lucha contra el reguetón

Desde hace cinco años la asociación Los Castizos organiza el certamen, pero tienen que imponerse a la música que esconde sus versos en La Latina.

Manolas, mujeres vestidas con el traje tradicional, con la Virgen de la Paloma de fondo.

Manolas, mujeres vestidas con el traje tradicional, con la Virgen de la Paloma de fondo.

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La plaza de la Paja era un bodegón costumbrista. Los chulapos paseando, ellas luciéndose, la luz de Madrid que bajaba, la música sonando… El pueblo que sale a la calle y, por una vez, puede tomar las plazas sin temer que la autoridad diga nada. La España de misa y toros volvía, pero esta vez con libertad y con un programa de fiestas diseñado a su medida en la Verbena de la Paloma. 

Los Castizos, una agrupación de madrileños y amigos, organiza desde hace cinco años una rareza -sólo digna y factible en una escena como aquella- el certamen de poesía castiza. Sin embargo, los bares de la plaza no facilitaron el certamen ya que no bajaron la música que salía de sus amplificadores mientras los concursantes recitaban. La valentía de Los Castizos es sin igual, en un mundo donde los versos quedan relegados a las estanterías especializadas, la poesía castiza es un animal en peligro de extinción que cada mes de agosto sale de su hibernación. 

El certamen de poesía celebra la 'verdadera cultura madrileña'

De la misma manera que se visten con sus mejores galas, bailan con los ritmos de sus padres y mantienen las maneras de una época pasada, Los Castizos quieren “mantener la verdadera cultura madrileña”, cuenta Luis Caballero, un flamante chulapo que presenta el concurso. ¿Y qué es la verdadera cultura madrileña? “Los versos que hemos escuchado desde niños y que hablaban de nuestro Madrid”, señala Luis.

A la hora de la verdad el concurso es un pequeño homenaje que Mari Cruz y Juan José le hacen a su Madrid. Ella compite, contra ella misma, en la categoría de declamación, es decir, Mari Cruz recita un poeta de otro autor. Ha escogido al ‘pastor poeta’, Julián Sánchez Prieto, porque “me lo enseñó mi padre”, cuenta mientras sonríe ante las felicitaciones acordándose del hombre que le cantaba cuando era niña. “Era actor, sabes, por eso declamo tan bien”, afirma. Mari Cruz casi no puede andar, pero cuando los versos salen de sus labios se mueve y vive cantando al Madrid que ella conoció en las rodillas de su padre. “No hace falta vestirse de castizo ni  de chulapo para sentirse de Madrid”, declama Mari Cruz.

Mari Cruz casi no puede andar, pero cuando los versos salen de sus labios se mueve y vive cantando al Madrid que ella vivía en las rodillas de su padre

Luis recoge el testigo de Mari Cruz y antes de presentar al próximo concursante, recuerda que “uno se siente de Madrid aunque sea de Cáceres". El siguiente es Juan José, está nervioso, le tiemblan las manos y lleva en un papelito la poesía castiza que ha compuesto. “No es la primera que escribo, pero sí la primera que voy a recitar”. Cada año veía como otros poetas se subían al escenario y este año decidió que le tocaba a él. “Madrid es el lugar donde nací, donde viví, canto a Madrid, la tierra de mi juventud”, comienza a recitar Juan José.

Mari Cruz, Juan José, Luis… cantan a un Madrid que ya no existe, aunque sí en el recuerdo y en los versos que de carrerilla se saben o que con dificultades escriben, la vista ya no da para mucho. Dentro de La Latina hay un reducto de casticismo que a mediados de agosto revive, para comprender el paso del tiempo. La poesía castiza intenta sobreponerse al reguetón que ponen los bares y, aunque con dificultades, consigue hacerse escuchar. El mundo moderno se impone ante el costumbrismo, pero la memoria puede más y el público deja de escuchar la música para rendirse ante el casticismo, el verdadero Madrid.