Virales y guerra de sexos

Putas y maltratadoras: así hablan de la mujer los youtubers más 'machos'

De Dalas Review a Jorge Cremades: los reyes del vídeo viral se acercan a su público despreciando al sexo contrario. 

Uno de los vídeos de Dalas Review.

Uno de los vídeos de Dalas Review.

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"Debemos sobrepasar los límites establecidos para tener éxito con una chica. Nunca preguntes si puedes hacer algo, hazlo sin más", invitaba el -escracheado- youtuber Álvaro Reyes, quien se bautizó a sí mismo como "uno de los mayores expertos en seducción de España". En un vine de Jorge Cremades, una joven sale del baño de un bar y se acerca a él, oscilante y ebria: "Perdona, es que voy to' ciega y he perdido a mis amigas". "¿Vas borracha y estás sola?", pregunta él. Redoble de tambores. Sus colegas, que están en la barra, se giran y comienza la reyerta: "¡Eh, que la he visto yo!", "¡Yo primero!".

Mientras, en una larga diatriba viral, Dalas Review denuncia que las mujeres "se están quejando todo el día de que sufren y que están oprimidas y que sólo son vistas como un objeto, pero ellas no paran de subir fotos desnudas y más fotos desnudas para calentar pollas". Patalea también por esas "bombas publicitarias feministas" que se le quedaron en "el subconsciente" de pequeño: suerte que un día creció y descubrió "la realidad".

Cada año hay entre 40 y 70 asesinatos, y aun así tenemos esta ley, que más que defender a la mujer trata de machacar al hombre, dice Dalas 

Dice que ellas -también- son "potenciales violadoras" y alude a un vídeo en el que, según cuenta, un tipo se mete un relleno en la entrepierna y las mujeres del metro "se muerden los labios" y "lo miran fijamente". "La violencia de género está sobresensibilizada", continúa el bueno de Dalas. "España es uno de los países con menos muertes de mujeres a mano de sus parejas". Saca datos. "Cada año hay entre 40 y 70 asesinatos, y aun así [no le parecen bastantes] tenemos esta ley, que más que defender a la mujer trata de machacar al hombre". "Las maltratadoras son ellas", persiste. "Mirad estas tablas... un 40% de hombres son maltratados". 

El primero tiene 456.000 seguidores en Youtube; el segundo, casi cinco millones en Facebook y el tercero, casi dos y medio. Las bases de su "coaching de habilidades sociales y seducción" -en el caso de Álvaro Reyes-, su humor -cuando hablamos de Cremades- o su denuncia social -aquí Dalas- pasan, de manera transversal, por la cosificación de la mujer, por su subestimación o por su demonización.

Más allá de las críticas, su éxito es innegable. Que cualquier plataforma, siempre amparada por el derecho a la libertad de expresión, pueda contener mensajes machistas -u homófobos, xenófobos, violentos o amenazantes- es esperable en los tiempos de depredación social que corren, pero el peligro real que representan estas estrellitas pop de las redes es su influencia en el público adolescente de criterio permeable. La corriente cada vez coge más fuerza: ahora el canon de la ejemplaridad para los chavales está en el youtuber. 

Mujeres y cocinas

También Wismichu -4.317.612 suscriptores en Youtube- se lanzó durante una época a eso tan viril y generoso de dar consejos a sus compañeros de género sobre cómo ligar con mujeres. La serie fue abortada por la cantidad de comentarios negativos que recibió, acusándole de machista. Así que, ya reformado y de chaqueta, en 2014 dio a luz "Cosas de mujeres", contando que vivía con su chica y que había aprendido mucho sobre el sexo femenino. Qué podía el público esperar de un tipo que tuiteaba en 2013 "No soy machista, es que no sé usar una plancha": la carnaza estaba servida.

Capítulo uno: recorrido por la casa. ¿Primera parada? La cocina. "Tiene instrumentos que yo nunca voy a entender su funcionamiento: ¿veis esto? Es antigravitacional. Está hecho por la NASA de las chachas. ¿Y con esto qué hago? [coge otro] ¿Me froto el glande?", y los va tirando, uno a uno, ruidosamente contra el suelo. Después va al baño y muestra que él solo usa "dos putos botes de mierda" para ducharse, mientras que una mujer usa "champú, otro champú, ¡otro champú!, jabón íntimo, ¡y yo que me limpio la chorra con un estropajo y piedra pómez...!". Vuelve a tirar los objetos a la bañera.

Aunque icónico, no era el peor episodio: llevaba desde los 17 años llamando "putas" a las mujeres desde la pantalla, hasta que el pasado diciembre pidió perdón públicamente en el programa de Risto Mejide. Alegó que las palabras que empleaba no eran suyas, sino las de su personaje. Y que era un crío. Y que no volvería a hacerlo. En todos los niveles de la pirámide viral se celebran desprecios hacia la mujer: desde la criatura más marginal del último páramo de Youtube -que se echa unas risas con los tres amigos que ven sus vídeos- hasta el padre de esta ciencia, que es El Rubius, con más de 19 millones y medio de suscriptores. El chico tampoco se quita el "puta" de la boca.

La pregunta que surge es la obvia: ¿para conectar con los usuarios es necesario denigrar al sexo femenino? ¿Se crea así más compadreo, más cercanía, más sensación de colectivo?

La pregunta que surge es la obvia: ¿para conectar con los usuarios es necesario denigrar al sexo femenino? ¿Se crea así más compadreo, más cercanía, más sensación de colectivo? Quizá su triunfo en redes no sea más que un retrato de la masa que salta a pie de escenario: millones de chavales que se sonríen cuando se dibuja a las chicas como un coñazo, como esa carga pesada que llevar sobre los hombros con tal de llegar a la cama; como seres predecibles, estúpidos y anodinos, llenos de exigencias y reproches; como satánicas estafadoras emocionales. ¿Se ha acostado conmigo? Puta. ¿No se ha acostado? Puta. ¿Me ha dejado? Puta también.

Guerra de sexos

No les basta con emplear lenguaje y parodia para vejar a las mujeres y engordar estereotipos: también se dedican a fomentar la guerra de sexos. No le da a ninguno por romper la norma y, aprovechando su difusión, defender la causa feminista -que, por definición, es la causa de la igualdad-, sino que comparten un factor común: derribar el "feminazismo". Contra eso sí que van en bloque.

AuronPlay -casi cuatro millones de seguidores- es otro miembro de un club, probablemente, liderado por el gran Dalas (ver su obra 'Las feminazis más hipócritas e imbéciles' o 'Las mujeres son superiores a los hombres'): "Nos hemos transformado en una sociedad hembrista", explica. Vuelve a sacar sus gráficas y, con ellas, pretende rebajar el impacto de la violencia machista. "Mirad: datos del maltrato a los hijos. El porcentaje de agresoras mujeres es del 64,81%". Más: "El 77% de suicidios es de hombres: y los que no podremos contabilizar, pero muchos terminan con la vida destrozada. ¿Cuántos hombres sintecho os vais a encontrar? Muchos. ¿Y cuántas mujeres...?", chincha. No cree que la Ley contra la Violencia de Género arregle nada: "Si un hombre está mal de la cabeza, esta ley no sirve de nada. Cuando salga de la cárcel la va a matar igual".

Trabajar para neutralizar estas influencias contaminadas no es fácil: uno lo sabe cuando ve eternas colas de chicas para que Dalas Review les firme su libro

Es sintomático que un programa de la Diputación de Granada -que arrancará en septiembre- ya prevea enseñar a los alumnos de instituto a distinguir conductas o comentarios machistas de reputados youtubers y a combatir estas actitudes desde canales propios, con mensajes de igualdad. Trabajar para neutralizar estas influencias contaminadas no es fácil: uno lo sabe cuando ve eternas colas de chicas para que Dalas Review les firme su libro. O peor, cuando algunas adolescentes resoplan a pie de vídeo: "Joder con las feministas estas... están locas".