Elecciones generales 2016

Pedro Sánchez pierde el Orgullo

El socialista se autoinvita al día LGTB valenciano con triste resultado: a los presentes les molesta su "teatro". Van a votar a Unidos Podemos.

Pedro Sánchez junto al president de la Generalitat, Ximo Puig, y la vicepresidenta, Mónica Oltra, en el día del Orgullo LGTB valenciano.

Pedro Sánchez junto al president de la Generalitat, Ximo Puig, y la vicepresidenta, Mónica Oltra, en el día del Orgullo LGTB valenciano. EFE

A Pedro Sánchez -el hombre que lleva en la muñeca una pulsera LGTB en memoria de las víctimas del atentado de Orlando- no le hace falta que nadie lo reclame: él solito se erige como paladín de la libertad sexual. El candidato robótico lo mismo te vende una thermomix en la Teletienda que una Ley Integral de Transexualidad en el Parterre de Valencia. Lo que él sabe hacer es poner la cara y presentar el producto, pero se le nota el desapasionamiento.

Hoy sábado ha incrustado la campaña socialista en la manifestación del Orgullo valenciano -con triste resultado-, queriendo rebañar la solera de un partido que ya no existe: no hay forma de volver a ese julio de 2005 en el que Zapatero modificaba el código civil para que pudieran casarse personas del mismo sexo. No hay manera de regresar al brío de Zerolo, a su lucha valiente a fuerza de rizo loco. Sánchez -camisa blanca, demasiado perfume, gesto cansado- ha conseguido lo imposible: desvincular al PSOE del movimiento LGTB. Machacar las conquistas de la tradición socialista, inspirar la desmemoria en el colectivo. Buena suerte y hasta siempre. Ahora hay nuevos amores que atender.

El desgaste del símbolo

Alberto tiene 58 años y es un ejemplo carnal de este cisma. Lleva el pelo cano, camiseta alegre sin mangas y una larga cola de tigre que dice prestada. Se ha sacudido los ideales de la Transición y no se anda con nostalgias: tiene guasa para rato. “Yo he sido maricón toda la vida, ¿sabes? Y siempre he votado al PSOE, desde que el mundo es mundo”, relata. “Porque ellos siempre nos han llevado un poco por bandera y nos han ayudado a conseguir muchas cosas, es verdad. Tampoco había otro partido político que lo hiciera… pero ahora sí lo hay”. Aquí está el pastel. Da la sensación de que al PSOE hay que soplarle el polvo en cuestiones de diversidad: se ha desgastado como símbolo. No evoca ya esa transgresión feliz que raspaba a los populares; su arcoiris sabe medio a añejo. “En las anteriores elecciones voté a Unidos Podemos y ahora voy a volver a hacerlo”, concreta Alberto.

Al PSOE hay que soplarle el polvo en cuestiones de diversidad: se ha desgastado como símbolo. No evoca ya esa transgresión feliz que raspaba a los populares; su arcoiris sabe medio a añejo

La fórmula de Sánchez de allí me colé y en tu fiesta me planté hasta ha chirriado al personal que rodea la Plaza de Alfonso el Magnánimo, hermosa a golpe de serpentina y de globo. Nadie le esperaba en este guateque. “A mí me molesta que este tío venga aquí a hacer su campaña cuando ya no nos sentimos representados por su partido. ¿Quién le ha invitado? Hoy es nuestro día”, espeta Sara, de 35 años, sin soltar la mano de su novia. "Que se vaya a otra parte a hacer el teatro". Algunos viejos himnos no han muerto: suena muy alto I want to break free, de Queen. Las pancartas -"Yo también soy trans”, “Mi hijo es trans”- se menean siguiendo su ritmo. “Nena, no me dirás que no estoy guapa”, me sonríe una belleza híbrida desde unas plataformas rojas infinitas.

El candidato socialista, Pedro Sánchez, en la manifestación LGTB de Valencia.

El candidato socialista, Pedro Sánchez, en la manifestación LGTB de Valencia. EFE

Juno, de 20 años, explica que ahora “las prioridades son otras”: “Los gays y lesbianas ya están más protegidos. Pero se trata de visibilizar también a las personas bisexuales, que están marcadas como viciosas… o se les dice que están confundidas. Los transexuales tampoco han encontrado su sitio aún: tienen unas tasas de paro altísimas… y yo creo que el partido que más puede ayudarnos con estas reivindicaciones es la coalición Unidos Podemos”. Cuenta que “aquí en Valencia, Compromís ha tenido mucha presencia en el tema LGTB”: “Yo he ido a muchas ponencias… y han demostrado que van en serio con esto, igual que en temas de medioambiente y derechos de los animales”. No le vale que venga Sánchez “a poner la cara bonita”: “Si luego no demuestras nada, no sé… igual no te necesitamos”. Y sonríe, con disculpa, agitándose los cabellos cortos y azules. "Tampoco pasa nada, seguro que le votan otros", bromea el brasileño Manoel -litrona en mano-, que nos ha escuchado. 

El marginado del instituto

Una manada de jóvenes baila una danza tribal en la marcha: los guían unos enormes tambores. Nadie sabe que Pedro Sánchez va a venir, a nadie parece importarle. Ni hambre hay de selfie: todo son flores, plumas, cervezas y besos. Late fuerte el Café Reke- Su café- Kiosko: el agosto era esto. Mientras Sánchez pulula por ahí, orina tontamente sobre un territorio ya hostil, saca diente para la foto. Piensa que pronto tendrá que marcharse a la Fiesta de la Rosa, pero que el acto de presencia importa. Se agarra como a un clavo ardiendo a la pancarta principal: “Personas bisexuales. Diversas e iguales”, pero no es capaz de quitarse el gesto ese del marginado social que se autoinvita a una fiesta del instituto. Es fácil recrearle: moviendo una pierna, queriendo captar el rollo del baile, saludando con la mano a alguien que no existe. Echándose una copa -por ganar tiempo-, inmiscuyéndose en la charla de otros. Riéndose, nervioso e incómodo, añorando complicidad. El candidato quiere ser guay, pero ha traído un vino que no le gusta a nadie.

Sánchez se agarra como a un clavo ardiendo a la pancarta principal: “Personas bisexuales. Diversas e iguales”, pero no es capaz de quitarse el gesto ese del marginado social que se autoinvita a una fiesta del instituto

Inés, de 47 años, también votará a Unidos Podemos gracias a Compromís. “El año pasado fue el primer año en el que se puso la bandera LGTB en la plaza del Ayuntamiento, y fue porque llegaron ellos”, explica. “Siempre celebrábamos este día en la Plaza del Carmen, una plaza pequeña, agobiante… y este año lo hacemos en la plaza principal de Valencia. Lo están cambiando todo”.

El candidato socialista liderando la manifestación LGTB en Valencia.

El candidato socialista liderando la manifestación LGTB en Valencia. EFE

María José se ha colocado unas pestañas postizas con los colores del arcoiris. Lleva mucho carmín y su voz es un tintineo dulce: “Nunca ha habido tanta libertad como este año en Valencia, y es por Compromís. Y yo no estoy de acuerdo con ellos en algunas cosas, como en el tema del idioma y tal… pero hay que reconocerles el trabajo. Han abierto las calles a nuestra población, hasta el ayuntamiento. ¡Que hay una bandera LGTB en la Plaza de Toros, joder!”, sonríe. Le parece “fatal” que Sánchez haya venido a encabezar la manifestación: “Ningún partido político debe representar una reivindicación como ésta. Si el tío… o cualquier otro... viene vestido de sábado y se pone entre la gente, perfecto, bienvenido. Pero es muy descarada esta forma de rascar votos aprovechándose de nosotros”.

Compromís conquista

La marcha rodea la Puerta del Mar. Tiene algo de poético que el levantamiento se desarrolle a las faldas del Tribunal Superior de Justicia. Un chico rubio de piel clara lleva escrito en la espalda “Mi cuerpo no define mi género”; y unas niñas diminutas bailan con sus madres agitando pistolitas de agua. Los jóvenes del Partido Comunista -con su hoz y su martillo en forma de bandera- cuentan que “si se quiere cambiar algo, hay que cambiar primero la base material de la sociedad: el sistema”. El grupo lo lidera Pérez Román, su secretario político. “Estamos aquí de verdad. Pedro Sánchez… es como todos, un oportunista que siempre busca ir en la cabecera. Viene, se hace la foto y en un rato se coge la furgoneta para irse a otro acto de campaña”.

Pedro Sánchez… es como todos, un oportunista que siempre busca ir en la cabecera. Viene, se hace la foto y en un rato se coge la furgoneta para irse a otro acto de campaña

Son los únicos -a excepción de otra chica, que se confiesa anarquista- que dicen que no van a votar a Unidos Podemos. Es cierto que tampoco a Blanca, de 30 años, Compromís acaba de convencerla: “Yo me dedico al sector social. Trabajo con niños discapacitados… y tengo muchos chicos que son gays y lesbianas. Les cuesta decirlo porque se lo han reprimido, y para eso hace falta intervención psicológica desde pequeños”, sostiene. “Y claro que, de cara a la galería, Compromís lo está haciendo muy bien. Pero a la hora de la verdad, yo te digo que no dan dinero. Vienen a todo, sí, pero ¿y sus subvenciones, dónde están?”. Con todo, cree que son lo mejor “dentro de lo malo”. En cuanto a Sánchez, ironiza: “Bueno, como es alto, imagino que se le verá bien. Y tiene buen tipo para lucir palmito, que es lo que quiere”.

A Pedro se le va la hora: ha querido estirar su presencia -como un chicle insípido- y va a llegar tarde al mitin de la Rosa. Poco hay que rascar aquí. La fiesta continuará sin él, tal y como empezó. Sólo se muestra acertado en un instante de la manifestación: cuando entiende, por fin, que es hora de irse.