Literatura

Cinco asuntos muy poco reales de los que la reina quiere hablar con Pé

Doña Letizia le regaló a la actriz la recopilación de ensayos 'Las pequeñas virtudes'. Está escrito por Natalia Ginzburg, de cuyo nacimiento se cumple ahora un siglo. 

La reina Letizia, en la Feria del Libro.

La reina Letizia, en la Feria del Libro. Gtres

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El actor Jorge Sanz declaraba a la revista estrella del corazón (y favorita del Nobel Vargas Llosa) que el gesto de la reina Letizia de ir a visitar el plató de rodaje de la nueva película de Fernando Trueba, La reina de España, era una muestra clara de su "sentido del humor". No obstante, éste no es precisamente el atributo más destacable del libro que la soberana regaló a la actriz protagonista, que se ha desvelado recientemente. Se trata de Las pequeñas virtudes (Acantilado, 2002), una recopilación de 11 ensayos escritos entre 1944 y 1960, que abordan temas que, a priori, estarían muy alejados del día a día de la reina de España.

Ginzburg hace homenaje en el prólogo del libro a un amigo del que no dice el nombre. "No está presente en ninguno de estos textos; sin embargo, en la gran mayoría de ellos ha sido mi interlocutor secreto. No habría escrito muchos de estos ensayos si no hubiera hablado algunas veces con él", escribe. ¿Será Penélope Cruz la inspiración oculta de nuestra reina?

He aquí algunos de los asuntos muy poco reales de los que -indirectamente- Letizia parece querer hablar con Pé.

El exilio

Aunque se trata de una circunstancia muy cercana a la realeza (el propio abuelo del rey Juan Carlos, Alfonso XIII, se exilió el 14 de abril de 1931), el exilio del que habla Ginzburg en Las pequeñas virtudes se presupone distinto al del monarca. En el ensayo Invierno en Los Abruzos, el primero del libro, la escritora describe el tiempo que pasó en el pueblo de la región italiana del mismo nombre así: "El exilio era el águila, era la estufa verde que crepitaba, era la vasta y silenciosa campiña y la nieve inmóvil".

Sin duda, un entorno diferente al lujo en el que vivió el bisabuelo de Felipe VI en diversas ciudades europeas. También contó con un final distinto: mientras que Alfonso XIII jamás volvería a su país, Natalia y su marido, Leone Ginzburg, sí dejaron el pueblo italiano sin nombre. En el caso de Leone, para morir "pocos meses después" en la cárcel de Regina Coeli, en Roma. Quizás por eso, su mujer concluye el relato: "Pero aquella fue la mejor época de mi vida, y sólo ahora que ha pasado para siempre, sólo ahora, lo sé".

El suicidio

Se trata de un asunto muy poco real pero, por desgracia, cercano a la actual reina de España. Quizás por eso a Letizia le guste la extrema delicadeza con la que lo trata Natalia en el precioso ensayo Retrato de un amigo, que habla sin nombrarlo del suicidio de Cesare Pavese, muy cercano a la escritora italiana. "Ahora nos damos cuenta de que nuestra ciudad se parece al amigo que hemos perdido y que tanto la amaba; es, como era él, laboriosa ceñuda en su actividad febril y terca, y, al mismo tiempo, apática y dispuesta a holgazanear y a soñar", escribe.

Imposible no destacar este otro párrafo, que sin duda tuvo que llegar a Letizia: "A veces estaba tan triste que nosotros hubiéramos querido acudir en su ayuda, pero jamás nos permitió una palabra piadosa, un gesto de consuelo; más bien, que nosotros imitábamos sus modos y, en la hora de nuestro desconsuelo, rechazábamos su misericordia".

Las diferencias conyugales

Es lógico suponer que Letizia y Felipe VI tendrán, como todas las parejas, sus diferencias. Pero lo que es prácticamente seguro es que nunca leeremos sobre ellas. Quizás como escape la reina quiera hablar del asunto con Pé y el ensayo Él y yo es una indirecta para que la actriz se atreva a sacar el tema y quizás incluso a compartir con su majestad sus propias diferencias conyugales con Javier Bardém.

El texto que, al contrario que la mayoría de los incluidos en el libro, no había sido publicado previamente en ningún periódico ni revista, relata con un disimulado sentido del humor las diferencias -en el sentido literal de la palabra, no los conflictos- entre ella y su segundo marido, Gabriele Baldini, especialista en literatura inglesa que fue director del Instituto Italiano de Cultura en Londres.

"El siempre tiene calor; yo, siempre frío". "Él sabe hablar bien algunos idiomas; yo no hablo bien ninguno". Y ésta, paradójica si se aplicara a nuestros reyes: "Yo temo a la autoridad constituida; el, no. Él tiene respeto. Es distinto".

La guerra

Aunque históricamente guerra y monarquía son dos conceptos íntimamente unidos, se puede decir que hace ya muchas décadas que no lo están, al menos en el caso de las monarquías europeas y, por ende, la española.

Para Ginzburg, sin embargo, fue un asunto importante, que le llevó al exilio, la viudedad y, en cierto modo, a la escritura. Natalia apenas esperó un par de años desde el final de la II Guerra Mundial para abordar el tema y lo hace en su ensayo El hijo del hombre, publicado en 1946 en el periódico del Partido Comunista italiano, Unità.

"Ha pasado la guerra y la gente ha visto derrumbarse muchas casas, y ahora ya no se siente segura en su casa como se sentía tranquila y segura antes", escribe, y añade: "Hay algo de lo que no nos curamos, y pasarán los años y no nos curaremos nunca".

La educación de sus hijos

Dicen las revistas del corazón que Letizia está "muy encima" de la educación de la princesa de Asturias, Leonor, y su hermana Sofía. Pero es imposible no preguntarse hasta qué punto su pertenencia a la realeza condiciona su posible intervención. Quizás para inspirarse Letizia lea a escondidas el último ensayo del libro de Ginzburg, precisamente el que le da título.

Es posible que la educación de sus hijos sea tema de conversación entre la reina y Pé y puede que este texto protagonice alguna de las futuras reuniones de la actriz y la monarca. Las pequeñas virtudes, escrito en 1960 y publicado originalmente en la revista Nuovi Argomenti, empieza con toda una declaración de intenciones: "Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes", escribe Natalia.

A partir de ahí, un imprescindible manual de pedagogía que no sabemos si a la reina le dejarán aplicar con sus hijas. Algunas ideas, sin duda sorprenderán a la ortodoxia: Ginzburg recomienda no enseñar a ahorrar a los niños, sino "acostumbrar a gastar", no prometerles dinero como premio si estudian mucho e "infundirles valor si un fracaso los ha mortificado".