Política y lenguaje

Albert Rivera, el prototipo de cuñado según Pablo Iglesias

¿Cuál es la nueva acepción de "cuñado"? El líder de Podemos reprocha al de Ciudadanos sus "perogrullos".

Albert Rivera, líder de Ciudadanos.

Albert Rivera, líder de Ciudadanos. EFE

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El cuñado es ese ser luminoso, ese oráculo del saber que no se da cuenta durante la cena de Navidad de que le chorrea un hilo de aceite por la comisura de la boca. Él habla. Habla y mastica a la vez. Se ríe y te llega su hedor. Suda, transpira, pringa. Bebe gintonics, saluda a sus compadres diciendo "crack", "fenómeno" o "artista" y siempre tiene a mano un chiste de Arévalo. Para el cuñado todo es comunismo, todo es Venezuela, todo es ETA. Sujeta la torre de Pisa en su álbum de fotos, lidera las congas en las bodas, remueve la paella del domingo y sonríe: "Soy español, ¿a qué quieres que te gane?". Él ya vio venir el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, él ya estaba, ya lo sabía, ya te avisó, ya tuvo también una novia de esa región remota que mencionas.

La RAE aún lo define como "hermano del cónyuge de una persona", "concuñado" o "pariente por afinidad, en cualquier grado". Señala también que en algunos países de hispanoamérica se emplea "como fórmula de tratamiento afectivo para dirigirse a los amigos". Ah, la RAE. Qué lacerante cuando quiere. Con todos los términos que acepta a manos abiertas y el "cuñado", tal y como lo jalea el pueblo, aún no acaba de verlo, inserto como está en nuestro gen, en nuestros hábitos, en nuestros recursos tristes.

"Mucho protestar y bien que tienen iphones", "Digamelón", "No sé quién [escriba aquí un cantante o director de cine] lo ha vuelto a hacer". Cultura mohína, mal de muchos, corriente ibérica "de toda la vida de Dios". El cuñadismo es una atmósfera, una camisa medio desabrochada, un "los deberes se los ha comido el gato", un "eso te lo marco yo" viendo un partido de fútbol.

Cuñados en el congreso

Incluso Pablo Iglesias abrazó el concepto en la sesión parlamentaria de ayer miércoles, doble acepción incluida. La primera fue la incluida en la RAE -"pariente por afinidad"-, acusando a Rivera de "cuñadismo" por "alinearse con el señor Aznar, el del trío de las Azores" en cuanto a su defensa de que la OTAN bombardease Siria tras los atentados de París. Pero hubo guiño también para el significado perdido: "La intervención del señor Rivera ha coincidido en muchos aspectos con la suya", le espetó a Rajoy.

"Usted ha puesto el buen tono y el señor Rivera ha hecho un ejercicio de cuñadismo ideológico. El cuñadismo lo mismo sirve para vender preferentes que para intervenir en una tribuna: muletillas, lugares comunes, perogrullos y tópicos rancios", delimitó. "En esta ocasión, el señor Rivera nos ha explicado que estudió en Barcelona y en Helsinki y que eso le sirvió para distinguir entre política migratoria y política de asilo".

Vaya; Barcelona, Helsinki. Con todo lo que aprendió allí. Con todo lo que interiorizó como la Biblia de la política exterior. Y chico, qué posgrado en Derecho Constitucional

Efectivamente, es cuñadismo hablar con condescendencia. Iglesias le recrimina a Rivera que no se arranque la costra esa de la anécdota, de los recuerdos universitarios relatados con paternalismo. Vaya; Barcelona, Helsinki. Con todo lo que aprendió allí. Con todo lo que interiorizó como la Biblia de la política exterior. Y chico, qué posgrado en Derecho Constitucional. El cuñado estudia, respira, observa y vive para contarlo. Ya lo decían en El club de la Lucha (David Fincher, 1999): [el cuñado] no te escucha, sólo espera su turno para hablar. 

Deportista, abogado, filósofo

"El respeto es un valor que aprendí en mi etapa como deportista", sentenció una vez el líder de Ciudadanos, que también es atleta. "Soy naranjito porque me mueve la ilusión y no el miedo", aseguró en otra ocasión, sonriendo junto a una imagen de la mascota del Mundial de Fútbol que se celebró en España en 1982. Rivera entiende de música y segrega fenómeno fan: "Soy muy fan de Fito y Fitipaldis y le quiero conocer". Ahí, pegadito, intenso, cual dulce cuñado.

El cuñado nunca quiere chirriar pero chirría. Si por él fuera, se llevaría bien con todo el mundo, como Bertín Osborne. No es de derechas ni de izquierdas; sino auténtico, central, genuino. Al cuñado no le basta con ser pop, campechanote y tiarrón: sus vastos conocimientos alcanzan la literatura, el arte, la filosofía. El cuñado acostumbra a estudiar Derecho porque es un atajo rápido para saber de todo: "Yo vengo del mundo del Derecho y Kant, desde luego, es un referente, un pilar, no sólo un gran filósofo sino también un gran jurista", recalcó Rivera en aquella célebre ocasión. Sin embargo, no sabía citar una obra concreta y acabó confesando que nunca había leído a Kant.

Los vastos conocimientos del cuñado alcanzan la literatura, el arte, la filosofía: acostumbra a estudiar Derecho porque es un atajo rápido para saber de todo

Rivera se arremanga raro, hace uso de Twitter sin descanso, tiene opinión para todo y sonríe con los colmillitos, como los inolvidables cuñados. Es hablar y sentar cátedra. Comparte, como buen representante político, la epidemia popular del cuñadismo, porque, eso sí, de ser cuñado no se libra ni Dios. Iglesias debería tener más cuidado: sacar la guitarra a cuento de nada para montarle la verbena al pueblo -y, para más inri, en el programa de María Teresa Campos- es ser el padre de todos los cuñados.