Globetrotter

¿Para qué sirve una cocina?

¿Para qué diablos sirve una cocina? La pregunta parece un idiotez, pero tiene su enjundia. Averiguar la respuesta me obliga a madrugar para volar a la Baja Sajonia, uno de los 16 estados federados de Alemania, limitada geográficamente al norte por el mar y el río Elba y al suroeste por los Países Bajos. Ocho millones de habitantes con un nivel de vida de lo mejorcito de Europa.

Una mañana de febrero el conductor me traslada durante una hora, en un modelo 6 de la Bavaria Motor Wagen (BMW), entre la niebla centroeuropea, por un mar de campos verdes adornados de miles de granjas diseminadas. Se palpa la riqueza. La arquitectura de las granjas, el cuidado de los campos, la carretera bien asfaltada y señalizada, los vehículos delante de los graneros, los tejados de las cabañas, todos, todos, con placas solares. “¿Es usted periodista? ¿Sabe por qué todas las granjas tienen placas solares en los tejados?”, me pregunta el conductor sin desajustarse el pinganillo. "Autoabastecimiento verde”, respondo. “Más que eso, señor. Cada granjero genera electricidad de sobra y ganan dinero vendiéndosela al estado. Además no les costó nada instalarla, se lo subvencionó el gobierno. En todas esas granjas vive gente muy rica. Muy rica. Todos tienen animales, cultivos y viven muy bien”.

Estamos llegando al distrito de Ladshut, al pueblo de Aich, a cuya salida se encuentra Bulthaup, para muchos el mejor fabricante de cocinas del mundo.

Vengo a conocer a su presidente, Mark O. Eckert. Me interesa la cultura familiar que ha hecho de Bulthaup un referente. No es el mejor momento porque Eckert prepara el momento más importante del año, el Salon del Mueble de Milán, donde se espera de la firma una nueva apuesta por el futuro.

En medio de un campo de cebada, una fábrica que no se parece en nada a una fábrica sino a un laboratorio, desde allí Bulthaup defiende la utilidad del diseño como fuente de felicidad.

Eckert es abogado. Como hombre es un volcán, un ejecutivo vehemente y motivador, un líder como solo el propietario de una empresa, de una empresa familiar, puede ejercer el liderazgo. Encuentro a Mark en plena ebullición. Tiene al equipo creativo de la compañía, mezcla de ingenieros y diseñadores (70), bailando sobre una plancha de hierro ardiente, como se hacía antaño con los osos para enseñarlos a bailar en los circos.

“Los tengo bailando, quiero que salgan de su zona de confort. Hay que dar un buen golpe en Milán”, explica Mark, recién fumado, con un elegantísimo jersey de juego cisne azul cobalto. “El Salón del Mueble de Milán es nuestra alfombra roja. Nuestros Oscar. De Bulthaup se espera que defienda su liderazgo en el sector y un año más vamos a sorprender. Nos iremos fuera del salón.”

A Eckert le ha elegido la familia para conducir la compañía que fundó su abuelo Martin Bulthaup en 1949 en Bodenkirchen, tras la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes necesitaban cocinas, cocinas duraderas. En 1969 la compañía consiguió el liderazgo nacional, en 1973 comenzó la expansión internacional. Pero fue en 1980 cuando se aliaron con el diseñador Oti Aicher, que defendió que la cocina y sus utensilios debían encontrarse a la vista de todos. Aicher diseño la primera cocina isla y la puso en el centro del hogar, convirtiendo los “fogones” en el centro de la familia y diseñando una tipografía exclusiva que hoy cualquiera identifica con Bulthaup.

Mark se explica con pasión. “Hemos tardado décadas en colocar la cocina en el centro de la familia. Nosotros fabricamos cocinas caras, a partir de 30.000 euros, y solo si la cocina es el centro del hogar tiene sentido una inversión de este calibre”. Le pregunto por los retos y tiene muy clara la respuesta. “El reto es adaptarse a las nuevas familias, todas necesitan hogares diferentes. Padres divorciados, hijos que se marchan más tarde, culturas distintas en continentes aparentemente iguales por la globalización pero con costumbres propias… Lo que quiero hacer es responder a esta pregunta, ¿para qué sirve una cocina en el siglo XXI? La respuesta es fácil: para hacer hogar. Pero tenemos que ver cómo interpretamos eso en el futuro”.