El presidente de la Generalidad, Artur Mas, durante un acto en Cataluña

El presidente de la Generalidad, Artur Mas, durante un acto en Cataluña Reuters

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Roberto Fernández: "La patria del historiador es la verdad”

  • El Premio Nacional 2015 asegura que su intención no es "desbaratar" ningún mito catalanista, a pesar de la lectura del ministro de Cultura
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29 octubre, 2015 18:29

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Roberto Fernández, catedrático de Historia Moderna y rector de la Universidad de Lleida, es el nuevo Premio Nacional de Historia por su libro Cataluña y el absolutismo borbónico, publicado por Crítica. El trabajo ha sido reconocido como obra cuya pretensión es reivindicar el método científico en la reconstrucción del pasado, con un único objetivo: alcanzar la verdad y mantenerse al margen de los intereses ajenos que pretenden malinterpretar y usar en beneficio propio los acontecimientos históricos. “La patria del historiador es la verdad”, ha dicho el galardonado (con 20.000 euros) a este periódico.

“Todos los ciudadanos tienen derecho a una verdad inalienable”, explica. Son los historiadores quienes reconstruyen los hechos y los que levantan los velos que ocultan la verdad. Fernández reclama la aplicación del método científico en la historiografía, porque “a la verdad se llega mediante la ciencia y no la ideología”. Método, independencia y libertad. La pretensión de este tratado es devolver al historiador una posición destacada en la sociedad, desde la que pueda servir de referencia al resto en la creación de un espíritu crítico común.

Bonanza económica

El trabajo investiga sobre los motivos del crecimiento económico, el desarrollo social y la edad de oro de la cultura con el cambio político tras el triunfo de Felipe V en la Guerra de Sucesión. La bonanza económica catalana tuvo que ver con unas clases dirigentes muy dinámicas, pero sobre todo con un diálogo fecundo con las máximas autoridades de la monarquía.

Felipe V se comprometió con el desarrollo de la industria catalana, a favor de una sociedad dinámica. Los intereses de ambas partes estaban alineados, el diálogo fluía. No quiere entrar el académico a valorar si ha habido en los últimos borbones déficit de aquel compromiso que asumieron sus antepasados, en el siglo XVIII, en la conciliación entre Cataluña y el resto de España.

De hecho, Roberto Fernández quiere dejar muy claro que su intención no ha sido desmitificar nada, porque el libro nació y creció como idea y como proyecto, precisamente, hace siete años, antes de que estallase la tensión independentista en la que el libro ha visto la luz.

De esta manera responde a la declaración del ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, que a los pocos minutos de conocerse el premio que concede su propia cartera ha lanzado un comunicado a la prensa en el que asegura que “ha leído con detenimiento la obra”. Y le ha parecido “una obra muy rigurosa, una aportación fundamental a la historia de Cataluña y España que desmitifica y desbarata los falsos tópicos en los que los independentistas catalanes fundamentan sus argumentos”.

Pueblos unidos

El propio autor responde a este periódico que su pretensión no era “desbaratar” nada, porque su “único interés ha sido demostrar que la Historia y los historiadores deben estar al servicio de la ciudadanía y al margen de los intereses partidistas que la desvirtúan”. Y ha añadido que ambos “deben servir para que con el conocimiento objetivo del pasado los pueblos se unan”. La unión de los pueblos contra la utilización política de la Historia por parte de intereses ajenos a la historiografía. “La Historia no debería ser un arma arrojadiza de unos contra otros”, ha dicho a EL ESPAÑOL.

La Historia podría ser una vía de entendimiento, un libro de instrucciones. Podríamos haber aprendido del diálogo con el que el reformismo borbónico superó la crisis. “Siempre hay un camino para el diálogo. En aquel momento los intereses del Estado para tener más mercado y desarrollo económico coincidieron con los intereses de la burguesía y los grandes propietarios agrícolas”.

Por último, el galardonado reclama formación en las ciencias sociales para todos los ciudadanos como arma esencial para el desarrollo de una población crítica e independiente de los usos partidistas de nuestro pasado. Los mismos métodos científicos que exige son los que han sido cuestionados en la lectura del pasado reciente de este país por parte de la Real Academia de la Historia en la elaboración de su Diccionario Biográfico Español, pero Roberto Fernández aclara que es una obra rigurosa y que unas pocas voces “discutibles” no pueden manchar el resto de los trabajos de científicos que aplican el método.