La columna

El debate a 4... y los 4 debates a 2

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La buena televisión no se rige por las normas de la realidad. La buena televisión crea la suya propia para regurgitarla en directo y generar así una realidad paralela. Para lelos, dirán los eternos enemigos de una pantalla capaz de crear esos otros mundos que están en éste. Pero eso no sucedió anoche con el Deb4te: si los españoles vivimos la convocatoria del 26J como una repetición de las elecciones, los espectadores podríamos haber sentido que eran unas nuevas elecciones. Porque estábamos ante una novedad (menos los discursos y los candidatos, pero eso es –televisivamente hablando– lo de menos) que la buena televisión habría aprovechado. Pero no fue así.

¿Nuevo formato? Se acabó la suplantación de un candidato por una mano derecha, sí, y la mesa camilla, también, pero no se acabó con la retahíla de monólogos interrumpidos por alguna pulla al estilo del "Es usted un indecente" "Y usted es un Ruiz". Y no solo no se acabó con el cara a cara, de hecho ayer tuvimos tuvimos cuatro. Y simultáneos: Rivera contra Rajoy, Sánchez contra Iglesias, todo por razones electorales; Sánchez contra Rajoy, Rivera contra Iglesias, por lógica ideológica. Solo cuando se rompió ese reparto, el debate se hizo tal y ganó ritmo e interés. Como era de esperar, el tema de la corrupción fue lo que mejor alimentó la tensión y, por lo tanto, lo único interesante. 

Los cuatro candidatos a la presidencia por fin juntos, por primera –¿y última?– vez, en pie, tras unos atriles, más libres en su participación… Ejem. Con tiempos establecidos, es cierto, y con un orden de intervención, también es verdad, pero con momentos que permitían el intercambio de… bueno, de lo que fuera. Gracias a esa mecánica aprendimos que es importante que quien gane las elecciones gestione España mejor de lo que gestiona su tiempo en televisión.

No es un show

Hay quien sigue aferrado a la vieja idea de que el espectáculo está reñido con el rigor. Pero la televisión exige espectáculo para atrapar al espectador. No sólo porque lo pida el espectador, sino porque el medio lo permite: ¿es menor riguroso un debate por tener unos vídeos que ilustren los distintos bloques de contenido? ¿O por contar con un grafismo moderno? ¿O por tener una realización que vaya más allá del plano general / plano medio / primer plano, buscando el plano detalle para descubrir aspectos que puedan pasar inadvertidos (de las manos, de los tics, de las miradas… el lenguaje corporal es clave en este tipo de formatos)?

Nadie en la Academia ha debido ver los debates para la elección de los candidatos republicanos o demócratas, lo que explicaría ese plató desangelado dominado por los azules y grises, con una escenografía plúmbea que confunde el minimalismo con el “miserabilismo”. Los planos generales mostraban el vacío en todo su esplendor.

Nuevos presentadores

Campo Vidal parecía empeñado en competir por heredar la leyenda urbana de la criogenización de Walt Disney, pero el presidente de la Academia finalmente se ha rendido a la evidencia: la descriogenización solo le vale ya para el papel de azafata de congresos. Así las cosas, el reparto ha quedado en mano de tres profesionales en activo de la información: Ana Blanco, Vicente Vallés y Pedro Piqueras, cada uno de ellos como moderador de un bloque y, también cumpliendo un reparto de papeles, preguntas incluidas (sin duda, lo mejor de la noche). Y Ana Blanco, como siempre, impecable como maestra de ceremonias.

Lo peor ha sido los resabio del viejo debate (tiempos, bloques, monólogos); lo mejor, las preguntas de los moderadores, al fin en el papel de periodistas: la cara de Rajoy ante la pregunta de Vicente Vallés a propósito de las promesas electorales no tuvo precio. Por otra parte, Piqueras se vio en algún momento superado por las réplicas por alusiones, impidiendo el avance y estacándose el debate en las mismas acusaciones que llevamos escuchando como un mantra desde hace una eternidad.

El triunvirato funcionó a medio gas, no por incompetencia sino por la propia mecánica del formato, que requiere claramente una evolución hacia el control del tiempo y de los contenidos por quien finalmente lo modere, no por los partidos. Queda claro que este Deb4te exige más periodismo pero, sobre todo, más televisión.

Antes del debate 

La tele es noticia en la tele. Ver a Pedro Piqueras entrevistado en Al rojo vivo, en La Sexta, es un hecho histórico. A niveles televisivos, claro. Hasta ahora, al informar del Debate a 4, cada cadena había mostrado un total de su presentador como si fuera el único moderador de la noche. Al fin las televisiones descubren una obviedad a sus espectadores: existen otras cadenas además de la que están viendo en ese momento. Negar la competencia es una reacción infantil que al fin se corrige.

Previa. El equivalente a la “alfombra roja” de los Oscar: conexión para ver la llegada de los candidatos y posado en photocall siguiendo una precisa escaleta… que Pablo Iglesias se salta para saludar a los manifestantes contra la manipulación en TVE, generando la primera anécdota de la noche, algo clave para los debates previos y posteriores al debate, porque ya que nos ponemos a hacer debates, nos ponemos…

El uso de una cabeza caliente permite dar aire a esos planos de llegada, dando valor institucional a un momento concebido para el lucimiento del presidente.. de la Academia de Televisión. Eso sí, esos paneos a ras de asfalto y esas panorámicas aéreas mostrando los vacíos aledaños del Palacio de Congresos recuerdan más a la cabecera de The walking dead que los multitudinarios recibimientos a las estrellas de cine. Nota de audio: ¿Es mi televisor o el sonido de los abucheos a la llegada de Rajoy me llega amortiguado en TVE?

Visual Key. En televisión, este término se aplica a un elemento icónico que caracteriza a un programa (el “rosco” de Pasapalabra, por ejemplo). La Academia decidió que el visual key del Debate a 4 fuera la escalera mecánica (“La escalera que lleva a La Moncloa” anunciaba un tuit con video en clave de promo). Una idea delicada porque se presta a muchas bromas, que si la escalera para asaltar los cielos, que si da más miedo que Al final de la escalera… Pero, sobre todo, que sea esa escalera y no las urnas la clave de las elecciones es una idea muy propia de la gente de la tele, que de tanto mirarse el ombligo llega a creerse que de verdad es la tele la que elige al Presidente… Aunque, ¿y si fuera cierto?

El caos. Todo iba muy bien hasta el momento clave: el arranque del Deb4te, con Campo Vidal revisando la petaca de Albert Rivera en su polifacética omnipresencia. Antena 3 retransmitió a pelo la cuenta atrás, y a los 40 segundos descubrió que en ese tiempo había perdido unos miles de espectadores. Llegado el minuto, la señal institucional seguía mostrando la cuenta atrás…Todas las cadenas se sorprendieron del retraso debido, al parecer, a la foto oficial.