TELETRIDENTE

‘Tricente’ del Bosque

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Uno y trino. Como la Santísima Trinidad. El misterio de Dios en sí mismo. Un solo entrenador y tres Personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Resulta ahora que Vicente del Bosque, nuestro ínclito seleccionador nacional, es uno y a la vez trino: ‘Tricente’ del Bosque. Lo veo –y o lo creo– en ‘Día cero’, en #0 –¿dónde si no?–, sorprendente engendro documental cuya primera entrega acaba teniendo apariencia de experimento con gaseosa sin burbujas. Nos cuentan la vida de Del Bosque estos principiantes ‘ceropatateros’ y, no contentos con ello, deciden acompañar la cosa de otras dos biografías semejantes cogidas al azar y por los pelos del bigote del primero. Muy ‘Cuéntame’, aunque basado en tipos reales. A lo ‘Vidas paralelas’, de Plutarco, pero con gente de lo más corriente. Curioso invento. Veamos de qué va.

23 de diciembre de 1950. Ese día Valencia festejaba el Gordo de la Lotería de Navidad (50 millones de las antiguas pesetas), las familias acababan de rebanar el pescuezo a sus pavos y en España nacieron 1.122 bebés. Uno de ellos, Vicente del Bosque. Muy, pero que muuuuuy fan de este hombre hay que ser para tragarse, de tirón, un florido documental sobre su vida, hechos y milagros. Sobre todos cuando, para más inri, calzan entreverados los perfiles de otros dos mozos de su quinta cuya existencia resulta, para empezar, algo tan interesante como las experiencias extraconyugales de algunos lamelibranquios. Qué cosas.

“¿Qué será de estos tres niños? ¿Tres existencias que se entrelazan con la vida de un país?”, se pregunta, con una meliflua vocecilla que pretende en vano tocarnos el corazón, la chica que pone voz a la voz en off. O sea, Michelle Jenner. Pues nada. A relajarse y a ver pasar añitos e imágenes de archivo como si el mundo fuese a hacer chimpún mañana. Muy divertido todo esto. Dan ganas de grabarlo para pasárselo, al terminar, al revés y marcarse un ‘memento’ en plan ‘El curioso caso de Benjamin Button’, pero sin despojarse del chándal de tactel.

Vicente, Antonio y Pepe. Tres eran tres los niños recién nacidos en un país triste y en blanco y negro. Futuros quintos del 68. No enteramos, en plan ‘scoop’, de que Vicente se pasó la infancia detrás de una pelota. “Parecía como vicio”, confiesa el entrenador. A su vez, se nos narra la infancia de Antonio, quien iba a la escuela, a unos kilómetros de Badajoz en coche de caballos. Fascinante no, lo siguiente. E hizo la primera comunión vestido de marinerito.

Pepe soñaba, por su parte, desde pequeño, con embarcarse rumbo a los mares del Sur. Confiesa que fue de los primeros niños españoles en comer chicle (el que traían los barcos americanos) y en zamparse una loncha de jamón de york. Un pionero, vamos. Fueron también de los primeros ceutíes en tener televisor. Vicente, no. Vicente se veía obligado a colarse a ver la tele en casa de su vecina Fernanda. Pepito se dejó cautivar por la música desde pequeño. No le compraron un piano, a Pepito, pero sí un acordeón. Apasionante no, lo siguiente.

Despuntaba ya Vicentito con una pelotita en los pies, cuando Pepito vio un anuncio por la tele: “¡Muchacho, la Marina te llama!”. Y allá que se fue, porque él siempre fue un chico de lo más obediente. Acabará vomitando por la borda de la corneta ‘Nautilus’ hasta los primeros cien gramos de jamón york que le dieron, de bebé, los marineros yanquis. ¡Todo por la patria! Pero eso ya es otra historia Y así, anécdota tras anécdota, gol tras gol, gracieta tras gracieta, golpe a golpe, verso a verso, hacen estos tres abuelos Cebolleta camino geográfico al andar. El resto no es más que una triple y barojiana lucha por la vida.

Mientras tanto, ahí, precisamente ahí, es cuando uno se da cuenta de que la vida es eso que pasa mientras uno pierde el tiempo, frente a su tele, contemplando la tediosa vida de los demás. Y es entonces cuando decide reagrupar aquel equipo de fútbol que tenía de joven para volver a la acción. Porque no pasan los años, sino los kilos. Y siempre está uno a tiempo de comenzar una brillante carrera en las categorías de jubilatas del Madrid. Eso, o acabar tocando el acordeón con María Jesús y sus muy voraces pajaritos.

En cuanto al resto del programa: divertidísimo no, lo siguiente.