Tecnología

¡Hola, casa! (del futuro)

La domótica está cada vez más cerca de ser ciencia ficción y convertirse en realidad. El principal obstáculo es el precio y no la técnica. 

Un dispositivo de domótica.

Un dispositivo de domótica. Devolo

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Buenos días, casa, ¿está preparado el café? La pregunta sería retórica porque el café estaría listo, como todos los días al levantarte. Sales de la cama y se enciende la lámpara de la mesilla de noche, al entrar en el baño la estancia se ilumina y el calefactor se pone en marcha. Todo sin tocar ni un solo botón.

A día de hoy todas estas cosas son técnicamente posibles y los dispositivos para llevarlas a cabo están en el mercado. A través de un enchufe inteligente se puede programar la cafetera para que empiece a funcionar cuando le indiques, mientras que la lámpara, las luces del baño y el calefactor se activarían gracias a un sensor de movimiento.

Devolo es una de las empresas que fabrican estos dispositivos de domótica. Lucio Lascaray, su portavoz en España, apunta que con un enchufe inteligente se puede controlar a distancia y programar el funcionamiento de electrodomésticos y otros productos que funcionan con corriente eléctrica. "Hay soluciones que te permiten saber cuándo ha terminado tu lavadora de funcionar o conectar tu cafetera y que se ponga en funcionamiento a las siete de la mañana, para que a las siete y diez tengas tu café listo".

La domótica lleva mucho tiempo pendiente de arrancar y no termina de hacerlo. Ahora las empresas tratan de acercar esta tecnología al gran público, para que sea apta para el consumo de masas. "Esto de dar una palmada y que se enciendan las luces o que al pasar por el pasillo se encienda un electrodoméstico, todo era posible, pero con instalaciones complicadas. Siempre lo hemos identificado con casas muy caras", indica Anselmo Trejo, responsable de marketing de D-Link, otro de los fabricantes de estos productos.

Una de las orientaciones que ha tomado la domótica es la seguridad. Lascaray enumera toda una retahíla de dispositivos y funciones destinados a impedir la entrada de intrusos en el hogar: cámaras IP, sirenas, detectores de apertura de puertas y ventanas, más detectores –en este caso de presencia–, encendido y apagado de luces y cierre automático de persianas.

Otra de las justificaciones para hacer una casa inteligente es el ahorro energético, que se logra controlando en todo momento, con una aplicación móvil, la calefacción y las luces.

El cine como fuente de inspiración

Lo más llamativo de la domótica, sin embargo, es la pretendida comodidad que se quiere conseguir con estos dispositivos. Para alcanzar este objetivo, las empresas tienen unos modelos más fantasiosos de lo que podría pensarse. "Nosotros lo que hemos hecho ha sido acercar al usuario un poco de lo que hemos visto en las películas", comenta Trejo, de D-Link, quien menciona Regreso al futuro como una de las fuentes de inspiración.

Trejo recuerda la secuencia en que Michael J. Fox le dice al televisor los canales que quiere ver y este sigue sus órdenes, así como aquella en la que el protagonista pide fruta y del techo baja una nutrida bandeja de uvas rosadas y una selva de hojas verdes. "Aquí nosotros no entramos porque no somos distribuidores de fruta", comenta jocosamente Trejo. "Pero por lo menos la bandeja sí pertenecería al hogar del futuro".

 "Evidentemente el cine nos influye mucho en la percepción que tenemos de lo que tiene que haber en el futuro de la casa", concluye Trejo, ya más serio. Esto no quiere decir que su empresa vaya a fabricar un sistema de bandejas colgantes, pero la ciencia ficción no deja de ser una referencia.

Lascaray también echa mano del cine para explicar cómo la domótica puede disuadir a los ladrones de sus intenciones. y describe la escena en la que una vez que un ladrón entra en un museo de repente suena la alarma y se cierran todas las persianas automáticamente.

El control de una casa inteligente

Los dispositivos de domótica, desde los enchufes inteligentes a los electrodomésticos y el resto de aparatos conectados, como el televisor, deben poder comunicarse entre sí. Sin embargo, a pesar de que el protocolo de comunicación Z-Wave se está convirtiendo prácticamente en un estándar en este campo, algunos productos no lo soportan. "Ahí es donde el usuario a día de hoy se puede encontrar sustos, si hace una inversión en una lavadora y no se puede conectar con otros dispositivos. Tiene que entender qué es lo que necesita y qué dispositivos pueden ser compatibles entre sí", apunta Lascaray.

Además de que todos los dispositivos sean compatibles hace falta que la plataforma de software, a la que se accede mediante una aplicación móvil, permita integrar en ella a productos de otros fabricantes, algo a lo que las marcas de momento se muestran reacias.

Pero en el futuro, aparte de una app, se espera que el usuario use su movimiento y sus gestos para dar comandos a la casa. "Ya hay televisiones para las que no necesitas mando a distancia, con gestos puedes controlarlas", indica Trejo.  "Esa sería la tendencia. Entrar en una casa y que, sin dar ni a un solo interruptor, al ir pasando por salas y se vayan encendiendo y apagando las luces. La smart TV, en cuanto entres en el salón, se encendería", explica.

El hogar de la información

Estos dispositivos conectados a internet tienen la posibilidad de captar una gran cantidad de información sobre nuestros hábitos domésticos, pero Trejo apunta que su empresa no los almacena. "El servidor lo único que hace es comunicación entre los dispositivos y el teléfono móvil del usuario. No guarda ningún tipo de estadística de cuánto tiempo ha estado conectado el usuario y, por supuesto, no graban imágenes", señala.

Sergio Carrasco, abogado especializado en telecomunicaciones, advierte que el problema en todo caso estaría en el uso que se da a la información: "El tratamiento deben ser compatible con la finalidad para la que inicialmente está creado el producto. En caso contrario se tendría que pedir consentimiento".

Si se extrajeran hábitos de lavado o las horas en las que estás en casa, las empresas de gestión de energía podrían ofrecer ofertas más ajustadas. En este caso sería imprescindible el consentimiento.