Historia

Si Conan Doyle hubiese tenido Google Maps

Ediciones de mapas literarios de los clásicos plantean el papel que juega la nueva geografía digital entre los escritores actuales.

Si Conan Doyle hubiese tenido Google Maps

Si Conan Doyle hubiese tenido Google Maps

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En el siglo XIX, los libros se concebían como una experiencia total: los escritores debían ser capaces de crear universos cerrados que permitieran viajar a una imaginación que apenas podía alimentarse por otras vías.

La editorial M&S Aventuras Literarias ha querido coger varios de esos clásicos, abrirlos y diseccionarlos hasta extraer toda esa información y, con ella, construir mapas literarios que permiten acceder a sus páginas con una experiencia absolutamente nueva que tiene una doble vida en papel y en soporte digital: "No hacemos literatura de viajes, sino que viajamos con la literatura. Entendemos el proceso como un juego, una aventura. Recorrer los lugares acompañados de las palabras de los escritores que les dieron vida, perderse en ellos, sentirse un personaje más... Viajamos en el espacio a través de un mapa, pero también en el tiempo a través de un ejercicio de contextualización histórica", afirma Mónica Vacas, una de sus creadores.

El Londres de Jane Austen.

El Londres de Jane Austen.

Hasta el momento han recreado el Londres de Jane Austen y el de Sherlock Holmes, y estos días sacan a la luz el tercer viaje, nada menos que La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne. Un ejercicio en el que lo escrito vuelca su contenido en un formato digno de Google Maps y que demuestra que, para los escritores del XIX, la geografía era algo sólido que apuntalaba la ficción: "Por entonces, la geografía estaba en un período de expansión, de grandes expediciones en busca de nuevos territorios, de mapas con espacios en blanco". Unos mapas que se convertían en una forma de narrativa, no necesariamente aliada con la realidad: "En ocasiones llegaba a establecerse una barrera muy difusa entre realidad y ficción; por ejemplo, el diario del coronel Percival Fawcett inspiró El mundo perdido de Arthur Conan Doyle, y Fawcett presumía públicamente de haber inspirado el personaje del profesor Challenger".

Y en pleno siglo XXI, cuando Google permite viajar virtualmente por cualquier lugar del mundo, cuando en teoría es posible para muchos llegar a visitar nuestras antípodas y las televisiones transmiten instantáneamente lo que sucede en otras culturas, ¿qué papel cumple la geografía?

Muchos escritores actuales utilizan Google como herramienta de escritura, y curiosamente no sólo para echar un vistazo a lugares lejanos. Por ejemplo, Sergio del Molino, cuyo último libro publicado es Lo que a nadie le importa (Random House), utiliza Google Maps incluso para lanzar una mirada distinta sobre su entorno más cercano y supuestamente mejor conocido: "Siempre me han gustado los mapas y las ciudades son importantes en mi literatura, son un personaje, pero también los paisajes. Verlos desde el aire, pasearlos desde el ordenador, fijarme en cosas como los tejados o las azoteas, transforma mi perspectiva de los espacios. Cuando empezó Google Maps, descubrí que algunos edificios cerca de mi casa tenían piscina en la azotea. Me cambió la idea que tenía del barrio a ras de suelo".

La editorial también ha recreado el Londres de Sherlock Holmes.

La editorial también ha recreado el Londres de Sherlock Holmes.

La escritora y guionista Lea Vélez, por su parte (El jardín de la memoria, Galaxia Gutenberg), reconoce que la geografía que muestra Google Maps le permite ir más allá del mero recuento de lugares: "Cuando escribí La cirujana de Palma, aunque había visitado Mallorca, usé Google muchísimo para ambientarme, para viajar virtualmente por la isla. Es una parte más de la documentación que me permitió, por ejemplo, circunnavegar la isla como hacen los propios personajes en su velero. Sería imposible para mí hacer ese viaje sólo para unas páginas del libro, pero Google Maps me permitió ver el color de las rocas de cada cala, explorar los ríos y los bosques impenetrables de las zonas más agrestes".

Por su parte, Mercedes Cebrián (Genuino sabor, Random House) no sólo ha utilizado la herramienta de forma habitual, sino que también se ha acercado a ella como parte del juego literario, dejándose llevar por el muñequito amarillo de la aplicación. Pero cree que es pronto para saber si dejará una huella perdurable en la forma de narrar: "Creo que siempre hay que dejar 'macerar' los nuevos inventos antes de entusiasmarse literariamente con ellos demasiado pronto. Me acuerdo de cuando surgieron los teléfonos móviles: vinieron acompañados de cientos de ficciones sobre escenas imposibles que le ocurrían a gente que los usaba (por ejemplo, cadáveres a los que les sonaba el teléfono en el ataúd). Comprendo la pulsión de escribir relatos así, pero a la vez me deprime un poco lo rápido que envejecen y la sensación cercana a la pereza que da leer esos textos años después".

El mapa literario de La vuelta al mundo en 80 días.

El mapa literario de La vuelta al mundo en 80 días.

En el siglo XXI, la relación de la literatura con la geografía tiene más que ver con los márgenes de la experiencia personal que con el viaje sin garantía de regreso. Y si no, como dice Mónica Vacas, "cuando no quedan espacios en blanco en los mapas, la imaginación es capaz de crearlos".