La tribuna

Bondad, talento y diferenciación

Juan Pedro Moreno
Bondad, talento y diferenciación

Ilustración

  1. Opinión
  2. Empresas
  3. Sostenibilidad
  4. Felicidad

En el día mundial de la Bondad se nos insta a ser felices y a contribuir a la felicidad ajena, no porque los demás piensen como nosotros o entiendan el mundo desde la misma óptica, sino fundamentalmente porque compartimos un único mundo. Un día inspirado por the World Kindness Movement, un movimiento internacional que se originó en Japón en 1997 y que, actualmente, aglutina a miembros de 25 países, desde Australia a Estados Unidos, desde Brasil al Reino Unido. Al leer la lista en inglés y llegar a la letra S sorprende, o no, no encontrar Spain, entre South Korea y Switzerland. Esta ausencia quizá se derive de la premisa que indica que hay que mirar más allá de nosotros mismos, más allá de las fronteras de nuestro entorno, de nuestra cultura, raza o religión.

La bondad es una aspiración, un deseo, que en España se concentra, casi exclusivamente, en cinco minutos entorno de las campanadas cada fin de año. A partir de entonces nos entregamos al cainismo político, social y profesional, olvidando al vecino, el respeto a lo diferente y el aprecio por lo nuevo y desconocido.

En España aún podemos aprender que para ser semejantes tenemos que ser buenos, pero también distintos. Aprender a que las facilidades y el acceso a cualquier materia -más allá del bienestar social, los incentivos fiscales, tecnológicos, y académicos- no tienen por qué ser iguales en todos los lugares, aunque sí accesibles para todos. De esta manera, podremos fomentar las especializaciones, la creación de polos de atracción de comunidades de ámbito nacional e internacional de las que hoy estamos bastante escasos. Ser bueno es acabar con el igualitarismo sin acabar con la solidaridad; ser bueno es apreciar lo que de bueno hay en nuestro país, nuestra sociedad, nuestra ciudad o nuestra comunidad y disfrutarlo sin utilizar las diferencias como armas arrojadizas cargadas de envidia o egoísmo.

Ser bueno también es ser exigente. Contribuir al grupo, pero exigir de él que nos retorne progreso, confianza y certidumbre.

Vivimos tiempos complejos con debates territoriales, políticos y sociales. Que ser bueno sea ser solidario desde los territorios ricos pero exigir también a que los ayudados muestren progreso y buena utilización de la solidaridad; que ser bueno o bondadoso -que no es sinónimo de ingenuo- sea que los más ricos contribuyan más a que los más vulnerables o desprotegidos progresen, pero que ese progreso se supervise, mida y actualice, y ante un hipotético incumplimiento, la ayuda se reconsidere. Que los datos, los hechos y la exigencia sean los antídotos para acabar con la envidia.

Hoy la clave de la sostenibilidad es producir bueno y diferente. Productos y servicios diferenciales, con altos niveles de productividad que superen cada día los estándares más rigurosos. España necesita ser más diferente y productiva. Hay que desarrollar importantes cotas de innovación y, por supuesto, contar con las dosis de bondad, talento y especialización disponibles en el entorno. ¿Tenemos el entorno adecuado? Los investigadores apuntan a que la clave de la investigación, el desarrollo de innovación y la potenciación del talento están en la "comunidad". No en la comunidad autónoma sino en la comunidad del talento. Y eso significa bondad y generosidad para colaborar y ceder soberanía individual en favor del grupo.

Hoy España -y en parte Europa- puede convertirse en un museo, un museo de lo antiguo mientras el talento, el diseño, la innovación y la tecnología se mueven hacia el Este, donde también hace sol y calor y donde hoy se está construyendo el futuro a gran velocidad.

Talento llama a talento. Los científicos, investigadores, emprendedores quieren estar, formar parte de una comunidad de especialización y, así, sentirse atraídos por la disponibilidad de compartir ese talento común y las importantes sinergias que conlleva. Por esas razones se agrupan en aquellas localizaciones donde existe masa crítica de capital humano, social, relacional, digital y tecnológico. Lugares donde nace la llama de la invención, la innovación y el desarrollo a partir de las apuestas conjuntas de gobiernos responsables y sectores privados comprometidos.

Si Antonio Machado sostenía que "benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien" convendremos que a nuestro país le sobra algo de conformidad e incertidumbre y le falta algo más de voluntad de cambio y exigencia de progreso.

***Juan Pedro Moreno es consejero delegado de Accenture Iberia