Prótesis

En busca de la mano que agarre el futuro

Las impresoras 3D podrían revolucionar el mercado de las prótesis biónicas al reducir su precio. 

Las manos biónicas podrían tener muchas ventajas.

Las manos biónicas podrían tener muchas ventajas. bq

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Los brazos y las piernas artificiales que se utilizan hoy son productos médicos certificados, destinados a un tipo de paciente muy específico. Debido a su escasez, también son caros.

Una prótesis biónica para un brazo, que esté robotizada y ofrezca la mayor funcionalidad, puede costar unos 40.000 euros, una cifra que no está al alcance de todos. El boom de la impresión 3D ha llevado a pensar que los costes de producción se pueden reducir mucho, de manera que el precio final descienda abruptamente.

Existen proyectos que exploran el uso de esta tecnología para la construcción de prótesis. Destacan algunos dentro de la comunidad de código abierto, como OpenBionics –cuyo brazo recibió el premio de diseño Dyson– o The Open Hand Project, que estiman una reducción de precio radical, hasta llegar a unos pocos cientos de dólares de coste.

Es una tecnología muy prometedora.

Es una tecnología muy prometedora. bq

Hay tres tipos de prótesis. Las estéticas son las más sencillas y cumplen con una función estructural y de equilibrio. Las mioeléctricas se conectan a los músculos del paciente y permiten abrir y cerrar la mano. En España ambas están financiadas por la seguridad social. Las únicas que escapan al respaldo de la sanidad pública son las biónicas, que implican una psicomotricidad mucho más refinada.

“Los dedos trabajan de forma individual. Podrías cerrar cuatro dedos y dejar el índice, para teclear en un ordenador; con una mioeléctrica, no, porque abre los cinco dedos a la vez”, apunta Esther Bellido, presidenta de AFANIP (Asociación de Familias de Niños con Prótesis).

Un brazo biónico funciona con electrodos que captan las señales nerviosas del paciente. Estas se convierte en señales eléctricas y un pequeño procesador las traduce en órdenes para los motorcillos de la prótesis. A Esther Bellido le gustaría contar con ellas, pero señala dos dificultades. “Habría que trabajar en muchos sentidos. En que costasen menos y en que se hiciese cargo la seguridad social”.

Unos niños observan una mano biónica.

Unos niños observan una mano biónica. bq

¿Se puede reducir el precio con impresión 3D? Es la pregunta del millón. Y la respuesta rápida que se puede encontrar en internet es sí, mucho. La marca española de smartphones bq también vende impresoras 3D y está investigando este campo.

Juan González, responsable de robótica e innovación de la firma, explica que trabajan con la comunidad abierta de makers, los aficionados a este ámbito que comparten sus progresos en la Red. Su departamento está en contacto con AFANIP para guiarse en sus investigaciones, aunque la colaboración está en una fase inicial. “Nosotros venimos del mundo de la ingeniería y no sabemos nada del mundo de las prótesis. Esa es la parte que tenemos que aprender”, apunta González.

Actualmente están modificando el modelo de Enabling the future, un proyecto que surgió para crear manos muy baratas destinadas al tercer mundo. Dado que las prótesis estéticas y mioeléctricas están subvencionadas en el primer mundo, en bq se están centrando en las biónicas. “Estamos haciendo unas que van a llevar motores y sensores de biofeedback”, indica González. “Los componentes encarecen el precio, pero no se dispara”.

El responsable de robótica de bq calcula que el coste de esta prótesis rondaría los 100 euros. José Becerra, director del centro especializado en nanomedicina y biotecnología Bionand, cree que las empresas que hoy comercializan prótesis emplearán la impresión 3D, pero opina que ésta no reducirá sensiblemente el precio. “Realmente donde esta gente gasta el dinero es en la investigación de nuevos modelos. La producción no creo que sea un procedimiento caro porque el polvo de titanio es un artículo barato”.

EMO es una empresa con sede en Valencia que distribuye y fabrica prótesis. Su director técnico, Leopoldo Fernández, también opina que gran parte de los costes están en las horas de investigación o en el valor de la maquinaria. “Los informes que ha habido sobre impresión 3D creo que solo evalúan la fabricación en sí, pero no el desarrollo”, señala, haciendo referencia al coste de los materiales.

Cautela y expectación

La calidad de las prótesis impresas en 3D es otra fuente de debate. El mismo Fernández cree que la tecnología aún está verde, especialmente en materiales: “Hay que ver que la durabilidad sea buena y que las características sean apropiadas, a nivel de resistencia y de pruebas biomecánicas”.

Becerra saca a colación otra arista: los materiales y el producto tienen que estar médicamente certificados. “Hay que hacer pruebas de toxicidad y de corrosión destinadas a asegurarse de que la pieza no va a producir perjuicio”.

Esther Bellido advierte de que es un tema delicado y aboga por no crear falsas esperanzas. Según su experiencia las prótesis impresas en 3D tienen grandes carencias “en estética y en funcionalidad". "Su peso es bastante inferior al de las prótesis de nuestros hijos. Pero es menor por algo. Tienen que ser resistentes. Que tú puedas coger con esa prótesis una bolsa de 15 kilos y no te la cargues”, arguye.

La otra cara de la moneda la ponen quienes trabajan con impresión 3D. González, de bq, le da la vuelta al discurso: “Se le está dando una publicidad increíble y se está atrayendo mucho talento hacia el mundo de las prótesis. En la comunidad de impresión 3D somos muchos y nos gusta imprimir cosas. Cuando surgió el proyecto Enabling the Future nos pusimos todos a imprimir prótesis e incluso gente que no teníamos ni idea nos hemos metido en este campo”.

Reconoce que funciona mejor una prótesis comercial, pero defiende que una impresa en 3D también es útil. Y fija el objetivo en mejorarla entre todos para que dentro de un tiempo esté refinada. La clave es el trabajo dentro de la comunidad abierta. “La única manera de avanzar rápidamente es compartir el conocimiento”, afirma el responsable de bq.

Añade González que ya han subido un modelo de prótesis estética al portal Thingiverse, para que cualquiera lo pueda descargar y modificar. Para esto se necesita capacidad técnica. Y aquí es donde entrarían empresas especializadas, que impriman los productos, obtengan la certificación médica, los monten y los adapten con todas las garantías.

“Lo que pasa es que aquí el conocimiento te viene de la comunidad. Las empresas lo pueden usar para vender sus productos, pero no se pueden apropiar de él. No puede haber un monopolio”, afirma González, que apunta a que esto es lo que encarece el producto final.

Las prótesis como un juguete

González ve otra ventaja en la impresión 3D. Las prótesis se pueden personalizar, algo impensable con las comerciales, debido a su precio. El responsable de robótica de bq cita un vídeo en el que un niño recibe una prótesis de Iron Man (de manos del propio Robert Downey Jr, el actor de la saga) y se muestra encantado con ella.

La aceptación de la prótesis por parte del paciente es un aspecto clave. Lo usual es que los productos protésicos imiten a los miembros naturales. Pero aquí se propone otro concepto de aceptación, en el que un niño podría ver la prótesis como un juguete.

Esther Burillo, de AFANIP, recuerda que hay una cuestión emocional por detrás: “Eso puede llegar a ser muy bonito desde fuera. Probablemente si se le preguntara a otra madre diría que está genial tener en el armario cinco prótesis para elegir. No es mi prioridad y probablemente si yo le diera a elegir a mi hijo, él elegiría una prótesis lo más parecida a su otro brazo”. Aunque sí cree, concluye, que para ciertos deportes sería útil tener otros productos, como una pieza tipo aleta para natación o una mano totalmente abierta para jugar al balonmano.