Los padres de las siamesas antes de la cirugía

Los padres de las siamesas antes de la cirugía Ed Cunicelli Children's Hospital of Philadelphia

Salud Casos insólitos

Así es la arriesgada cirugía que ha permitido separar a dos siamesas unidas por la cabeza

Las pequeñas Abbey y Erin Delany han dormidos por primera vez en cunas distintas después de una intervención de 11 horas en la que participaron hasta treinta profesionales sanitarios. 

Azucena Martín

El nacimiento de gemelos siameses en la especie humana es un fenómeno muy raro, que se produce únicamente en uno de cada 200.000 nacimientos, de los cuáles sólo un 2% se encuentran unidos por el cráneo.

Sin embargo, este tipo de malformación, llamada craniopagus, es un hecho raro pero real, que muy de tarde en tarde irrumpe en la vida de padres como Riley y Heather Delaney, un matrimonio de Carolina del Norte cuyas hijas, de diez meses de edad, acaban de ser operadas para separar sus cabezas,  que las tenían unidas desde su nacimiento.

Una intervención complicada

El planteamiento de esta intervención, que ha sido dirigida por el neurocirujano Gregory Heuer y el cirujano plástico Jesse Taylor, ambos del Children's Hospital de Philadelphia, comenzó incluso antes de que las pequeñas nacieran.

Los Delaney fueron informados de la situación de los bebés que venían en camino cuando la madre se encontraba embarazada de 11 semanas, por lo que pasó a recibir los cuidados necesarios antes del parto en este hospital, en el que se ha llevado a cabo la separación de 22 pares de siameses en los últimos 60 años.

Ninguno de estos casos había sido de gemelos unidos por el cráneo, pero aún así era un buen lugar para llevar a cabo la operación, cuyos preparativos comenzaron justo después del nacimiento de las niñas, a las que llamaron Erin y Abbey.

Ambas llegaron al mundo por cesárea, de forma prematura y con un peso que rondaba el kilo, pero estaban vivas y por el momento eso era lo único que necesitaban los médicos.

Según declaraciones a The Washington Post, varios profesionales del hospital pasaron meses analizando sus escáneres cerebrales y realizando modelos tridimensionales que les ayudaran a planear meticulosamente la intervención.

Lo más importante para que estas intervenciones tengan éxito es prestar especial atención a los vasos sanguíneos, especialmente a los que irrigan el cerebro, por lo que son necesarios ensayos previos para conocer al detalle los posibles problemas que pudieran darse en el momento de la verdad.

Finalmente, el 6 de junio Erin y Abbey entraron unidas al quirófano, para salir por separado 11 horas después, gracias a la colaboración de un equipo de 30 personas, entre las que se encontraban cirujanos, anestesistas, enfermeros y otros profesionales.

Para hacer más eficiente el proceso, el instrumental quirúrgico estaba etiquetado en verde y morado, uno para cada niña.

Además, tras la separación, que comenzó con la sección de los vasos sanguíneos y la capa fibrosa que recubre el cerebro, todo el equipo médico se dividió en dos, atendiendo a cada bebé de forma individual.

La operación fue un éxito y con ella ha pasado una buena parte del peligro, pero no todo, ya que aún falta esperar a ver cómo evolucionan las pequeñas. Si todo va bien, los médicos esperan poder darles el alta a finales de este año. Será un proceso largo, pero si todo sigue por el camino correcto Abbey y Erin tendrán una larga vida por delante y la espera, sin duda, habrá valido la pena.