Neurología

Monos transgénicos que se comportan como autistas

Investigadores chinos desarrollan un modelo animal muy parecido al humano de este trastorno del desarrollo, aunque advierten sobre sus limitaciones.

Una hembra de macaco con su bebé.

Una hembra de macaco con su bebé. Trentham Monkey Reserve

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Al encerrar a un mono en una jaula se pueden esperar distintos comportamientos, pero si se trata de animales jóvenes (y presumiblemente juguetones) lo normal es que hagan cosas distintas, que investiguen el recinto, que curioseen las aperturas o que expresen su descontento por estar allí.

Cuatro macacos de entre año y año y medio de edad mostraron, sin embargo, un comportamiento muy atípico: se pasaron la mayoría del tiempo -el castigo duraba 20 minutos al día durante cinco jornadas- dando vueltas circulares en la misma dirección. 

En realidad, los científicos de la Academia China de Ciencias que los estaban observando no se sorprendieron: esa manera de actuar era justo la que estaban esperando. Porque los monos que había encerrados en esa jaula no eran monos normales.

De hecho, son protagonistas de un estudio publicado este lunes en Nature, porque esos cuatro animales -junto a otros cuatro a los que sometieron a otra batería de tests- suponen el primer modelo de autismo en simio, algo que puede hacer avanzar enormemente la investigación en esta enfermedad de la que queda tanto por saber.

¿Monos autistas?

Sin embargo, los autores del trabajo han sido muy cuidadosos a la hora de denominar a esta nueva especie, creada tras la inserción de la proteína MeCP2 a través de un virus en los oocitos (los precursores de los óvulos) de sus madres. Así, no se puede hablar propiamente de monos autistas, entre otros motivos porque nadie sabe todavía las causas del autismo, una de las grandes áreas de la investigación actual en este patología.

Estos animales transgénicos presentan, sin embargo, comportamientos similares a los de las personas con autismo y lo hacen por portar un gen humano, cuya presencia anómala puede provocar en personas dos enfermedades raras: el síndrome de Rett y el de duplicación de MeCP2. Son dos trastornos que, entre otros síntomas, hacen que sus afectados se comporten de forma parecida a los que padecen autismo.

Hasta ahora, para analizar el autismo en un modelo animal se tiraba de ratones, algo que tiene numerosas ventajas según la experta de la Universidad de California en Davis Melissa Bauman: "Son de bajo coste, generan progenies amplias y se pueden realizar experimentos piloto rápidamente". Pero a esas ventajas se le añade un enorme pero, como resalta la misma especialista: "Los trastornos del espectro autista son únicamente humanos y están caracterizados por un déficit en comportamientos complejos, por lo que hay limitaciones a la hora de apoyarse sólo en ratones". 

Limitaciones del modelo

Bauman comenta, sin embargo, las limitaciones del estudio y, por tanto, del animal desarrollado por los científicos chinos. "Aunque los problemas sociales exhibidos por estos monos transgénicos son interesantes, el trabajo se vería reforzado por medidas adicionales de funcionamiento social que sean relevantes para el estudio del trastorno, como medidas de seguimiento de los ojos, para maximizar el potencial traslacional del modelo", señala.

Eric Vallende, de la Universidad de Mississippi, comenta por su parte que el autismo es una enfermedad "increíblemente compleja" que no tiene "una única causa biológica". "Aunque está claro que tiene un componente genético, todavía hace falta un largo camino para entender toda su dimensión en cuanto a genes afectados", comenta. 

El experto define, eso sí, a los nuevos monos como un "excelente modelo" del síndrome de duplicación de MECP2. "No es algo trivial y pueden ser un paso importante hacía el entendimiento de los desórdenes del neurodesarrollo", añade y concluye: "Es un modelo de autismo, pero no el único".

Características estudiadas

Además del experimento de la jaula, que sirvió para evaluar los comportamientos repetitivos, los ocho animales autistas demostraron su condición con otras pruebas. Los monos transgénicos mostraron más ansiedad que los salvajes evaluados para comparar, lo que se vio en un test de comportamiento que, entre otras cosas, analizaba la expresión de gruñidos, gritos y otros sonidos.

También se quiso ver cómo funcionaban en cuanto a interacción social. Para ello, nada mejor que observarlos en relación con animales no modificados genéticamente. ¿Se relacionaban con otros monos, lo hacían de forma agresiva? Todo indicó que sus comportamientos se asemejaban al de los humanos con autismo, un trastorno caracterizado por la poca interacción social que muestran los que lo padecen con otras personas.

¿Y el futuro?

Los autores del estudio dejan casi lo mejor para el final. De poco serviría crear un modelo casi perfecto de estudio del autismo, si hubiera que llevar a cabo el complicado procedimiento de creación, que incluye un tipo de terapia génica y el uso de técnicas de reproducción asistida, entre otras cosas, cada vez que se quisiera evaluar un aspecto o probar un candidato a tratamiento de la enfermedad.

Así, era importante que el nuevo modelo transmitiera sus comportamiento a su progenie, lo que también han logrado los investigadores de la Academia China de Ciencias.

Los propios autores del trabajo reconocen que ni la técnica empleada ni el modelo logrado van a ser el arma definitiva para vencer al autismo, pero sí van a ayudar. De hecho, reconocen un trabajo anterior publicado en la revista Cell, en el que investigadores de la Universidad de Nanjing utilizaron la técnica de edición genética  CRISPR/Cas9 para desarrollar macacos a la carta.

"Junto a estos recientes progresos, nuestros hallazgos allanan el camino para un uso eficiente de macacos diseñados genéticamente para estudiar desórdenes en el cerebro", concluyen.