Misión ExoMars

Así se vivió la accidentada llegada a Marte de Europa

La tarde fue movida en la sede alemana de la Agencia Espacial Europea para vivir el desarrollo de la misión ExoMars.

Jan Woerner, director de la ESA.

Jan Woerner, director de la ESA. Reuters

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Se trataba de demostrar que podían hacerlo y lo han conseguido. Nada podía fallar en el aterrizaje durante los "seis minutos de terror", como los ha llamado el director de vuelo, Michel Denis, porque sólo había una oportunidad. Desde hoy Europa y Rusia se unen a Estados Unidos como las potencias espaciales que han aterrizado en Marte.

"Este programa está poniendo los cimientos de la futura exploración humana de Marte, aunque probablemente será algo para la próxima generación. La exploración espacial es algo que lleva tiempo", explicaba el astronauta alemán Alexander Gerst.

El programa ExoMars de las dos agencias ha conseguido el hito de alcanzar el planeta rojo en una misión que busca pruebas de la existencia de vida. El módulo de aterrizaje Schiaparelli descansa ya sobre la rojiza desolación de Meridiani Planum.

"Ya se ha acabado la carrera espacial", anunció el subdirector general de Roscosmos, la agencia espacial rusa. "Nuestro plan para Marte es el mismo que el de la ESA y la NASA. Llevar primero robots y, después, seres humanos".

El pequeño módulo penetró en la atmósfera de Marte a unos 21.000 kilómetros por hora en medio de la temporada marciana de tormentas de polvo. Tras un viaje supersónico, Schiaparelli abrió su paracaídas para frenar el descenso hasta los 1.700 kilómetros por hora. Un buen frenazo. Un minuto después se libró del escudo térmico para activar su radar y ver a qué distancia estaba del objetivo. Desde ese momento, el ordenador podía usar sus nueve motores para calibrar el descenso. A un metro y medio del suelo, los motores se apagaron.

Según la simulación, Schiaparelli había llegado a Marte aunque aún faltaba la confirmación oficial.

ExoMars había conseguido su objetivo, demostrar que la Agencia Espacial Europea y Roscosmos tienen la capacidad técnica de realizar la entrada, el descenso y el aterrizaje seguro en Marte. Ahora Schiaparelli puede descansar, su única tarea ahora consistirá en realizar estudios ambientales hasta que se agote su batería.

Para llegar a Marte, el módulo ha viajado durante siete meses de la mano del Trace Gas Orbiter (TGO), del que se separó con éxito hace tres días. Esta pequeña nave también ha culminado hoy su trayecto con una maniobra de frenado que la ha situado en órbita alrededor del planeta rojo. Cuando el director de vuelo apareció en pantalla para anunciar que habían recibido la señal con éxito, los aplausos inundaron la sala del centro de control de operaciones de Darsmstadt (Alemania) donde el personal de la Agencia seguía la misión.

Señales en la sala de control que indicaban que el TGO funcionaba.

Señales en la sala de control que indicaban que el TGO funcionaba.

La labor del TGO consiste en analizar la atmósfera del planeta rojo en búsqueda de sus compuestos minoritarios, entre ellos el metano. ¿Por qué es tan importante el metano? Esta sustancia tarda unos 400 años en descomponerse por la radiación ultravioleta. Durante ese tiempo, los vientos deberían esparcirla de forma homogénea por todo el planeta. Es por eso que los científicos esperaban encontrar una cantidad concreta, estable durante todo el año. En cambio, diferentes misiones han detectado cantidades de metano que fluctuaban dependiendo del momento y del lugar. Es muy extraño.

Esto significa que hay fuentes activas de metano en el planeta, que pueden tener un origen geológico o biológico. En la Tierra, los organismos vivos emiten parte del metano que hay en la atmósfera, ¿ocurre lo mismo en Marte?

Este es uno de los misterios que va a tratar de descifrar el TGO. El análisis de sus instrumentos servirá para "decir la última palabra sobre la existencia de metano en Marte", afirma José Juan López Moreno, responsable del equipo en el Instituto de Astrofísica de Andalucía que ha contribuido a ExoMars.

En 2020 el desafío continúa con el lanzamiento de la segunda parte de la misión que llevará un laboratorio móvil a la superficie. "La complejidad de la misión crece de forma logarítmica", explica Jorge Vago, jefe científico de ExoMars 2020.

Si todo sale bien, el vehículo llegará a la superficie de Marte para buscar signos de vida. Es capaz de recoger muestras a una profundidad de hasta dos metros bajo tierra, para luego analizarlas con instrumentos de última generación capaces de identificar sustancias orgánicas. "El rover es genial, va a rescribir la historia marciana", asegura el científico.

Su éxito dependerá en gran medida del lugar de aterrizaje. La Agencia busca un lugar muy preciso: un lugar antiguo -eso quiere decir de más de 3.600 millones de años de antigüedad-, con antecedentes de agua calmada -un río, un lago, un mar, quizás un glaciar-, con suficiente material por encima como para servir de escudo frente a la radiación, pero no tanto como para que la presión haya hecho desaparecer los posibles restos biológicos. Quieren dos candidatos. El primero ya está decidido, Oxia Planum, un enorme campo de arcilla muy antiguo. El segundo lo elegirán a principios de 2017.

En su conjunto, el programa ExoMars "es ahora mismo el programa de exploración planetaria que tiene más posibilidades de dar una respuesta a la pregunta de si hubo o hay vida en Marte", según Vago. Es difícil, sí. Es poco probable, también. Pero si ExoMars encuentra indicios de vida en el planeta rojo, eso lo cambia todo.