Turismo Científico

Así es el volcán islandés que inspiró a Julio Verne

'Viaje al centro de la Tierra' sitúa en Islandia la puerta hacia un mundo subterráneo descartado por la ciencia, pero convertido en reclamo turístico.

El volcán Snæfellsjökull, en Islandia.

El volcán Snæfellsjökull, en Islandia. Wikimedia

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Snæfellsjökull. Déjelo, no intente pronunciarlo. Quédese con que es el volcán de Islandia por el que los protagonistas del libro Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne, se cuelan hasta las entrañas de nuestro planeta. El mismo nombre designa a uno de los tres parques nacionales del país, que abarca desde el mar hasta las montañas, y al glaciar que alberga.

Desde el punto de vista turístico, el reclamo literario que supone el gran autor de la novela de ciencia es un ingrediente más de un cóctel perfecto, compuesto por estos bellos paisajes situados en la península de Snæfellnes, al oeste de la isla, con un enorme valor geológico y biológico, y cierto aire de misterio, quizá generado a partir de la propia obra, publicada en 1864.

En la ficción, el joven alemán Axel y su tío Otto Lidenbrock, un prestigioso profesor de mineralogía, encuentran un pergamino con un criptograma que logran resolver. El mensaje revela que es posible llegar al centro de la Tierra a través del volcán Snæfellsjökull. Ambos viajan hasta allí y junto a Hans, un guía local, emprenden una aventura en la que arriesgarán varias veces la vida por pendientes, laberintos, mares y bosques increíbles, contemplando mastodontes y monstruos marinos y soportando tempestades. Finalmente, acaban saliendo a la superficie terrestre por el volcán de la isla de Estrómboli, junto a la costa italiana.

"Aparentemente, es un viaje inverosímil, pero tenemos que circunscribir la obra a su tiempo, que la Tierra tenga un núcleo compuesto por hierro, níquel y otros elementos a altísimas temperaturas es algo que estaba lejos de aclararse, así que algunas teorías apostaban porque el centro del planeta estaba hueco", afirma a EL ESPAÑOL el historiador de la ciencia Pasqual Bernat, "probablemente el mayor especialista en esta novela en España", según la Sociedad Hispánica Jules Verne, a la que pertenece.

Un visionario geólogo

En efecto, si Verne destaca por haberse anticipado a acontecimientos científicos y tecnológicos tan extraordinarios como la llegada del hombre a la luna (De la Tierra a la Luna) o la navegación submarina (Veinte mil leguas de viaje submarino), en el caso de esta novela parece haber errado el tiro. Sin embargo, en realidad "a lo largo de la narración se desvía muy poco del conocimiento científico de su época en cuanto a los saberes geológicos y paleontológicos" y llega a citar por boca de sus personajes la posibilidad de que el interior terrestre sea un lugar inhóspito, lo cual en su tiempo tan sólo era una hipótesis más.

Ilustración de Jules Verne con sus criaturas publicada en L

Ilustración de Jules Verne con sus criaturas publicada en L

A pesar de que uno de los tópicos sobre el autor francés es que apenas se movió de su tierra natal, la verdad es que fue un extraordinario viajero y visitó buena parte de Europa, África y Norteamérica, pero nunca pisó Islandia. Entonces, ¿por qué situar allí la puerta de entrada a un fantástico mundo subterráneo? "No sabemos si tenía una motivación explícita, pero posiblemente tenga que ver con la mitología escandinava, contaba con unos conocimientos geográficos amplísimos y probablemente le pareció oportuno situar la acción en un lugar remoto, un volcán dormido desde el siglo XIII".

Julio Verne es el gran autor de la novela de ciencia, un género que utiliza los conocimientos de su época para desarrollar sus tramas. "La ciencia verosímil forma parte de su argumento, se sirve de ella con propósitos literarios, pero no inventa nada", señala Bernat, "posteriormente llegaría la ciencia ficción, que toma sus novelas como referente, pero es otra cosa".

Su influencia es enorme, pero no sólo en la literatura, sino incluso en la propia ciencia. "Podríamos analizar cómo su obra ha despertado vocaciones científicas, porque muchos personajes ilustres han declarado ser hijos de sus novelas; por ejemplo, Yuri Gagarin, el primer ser humano que salió al espacio exterior", afirma el experto.

No es sólo para jóvenes

El análisis de su obra siempre puede ser poliédrico y no faltan quienes les atribuyen interpretaciones ideológicas, políticas y filosóficas. "Para el joven Axel el viaje al centro de la Tierra es iniciático, le sirve para formarse y, de hecho, la persona que entra por el volcán de Islandia es diferente a la que sale en Estrómboli" y esto es un denominador común en las novelas de Verne, el viaje y el misterio como excusas para contar grandes historias.

En cualquier caso, Bernat alerta contra otro tópico: la idea de que el novelista francés escribe para jóvenes, causa de que muchos adultos que no le leyeron a tiempo se pierdan grandes epopeyas y un buen puñado de valiosos conocimientos. "Verne es el gran divulgador de la ciencia, nos habla de geografía y de historia, pero también de la electricidad, de la física y de la química de su época", asegura, "su fórmula es la de enseñar divirtiendo".

La mayor profundidad que ha alcanzado el ser humano es el Pozo Superprofundo de Kola, en Rusia, un proyecto científico que consiguió perforar más de 12 kilómetros

De hecho, también en un viaje (real) a Islandia se puede aprender mucha ciencia aunque sea como un simple turista. Volcanes, glaciares, géiseres, auroras boreales y una naturaleza extraordinaria están ahí para ser descubiertos y entendidos. Sin embargo, no se hagan ilusiones: por mucho eslogan turístico que hable del centro de la Tierra, no podrán llegar ni a través de los volcanes islandeses ni desde ninguna otra parte del globo.

La mayor profundidad que ha alcanzado el ser humano es el Pozo Superprofundo de Kola, en Rusia, un proyecto científico de la URSS que consiguió perforar más de 12 kilómetros entre 1970 y 1989. Además, la ciencia nos dice que no hace falta la evidencia directa para descartar la idea de que el planeta esté hueco en su interior. Los estudios geológicos no dejan de acumular pruebas sobre la solidez del núcleo terrestre, algo que corrobora la propia existencia de la gravedad y del campo magnético terrestre.