Ciencia Obvia (4)

A tu gato se la bufa que lo llames y otras obviedades pergeñadas por la ciencia

Los científicos se empeñan en sacarnos de quicio con sus obvios estudios, pero, ¿cuánto más podremos aguantar? 

"Antes todo eso era ciencia obvia", dijo el coronel en Hampton Roads.

"Antes todo eso era ciencia obvia", dijo el coronel en Hampton Roads. Flickr

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Cada día, en Prodigios peinamos distintas fuentes de conocimiento científico en busca de algo nuevo, relevante, importante o interesante. A veces, sin embargo, encontramos estudios científicos que nos epatan. Esa persona de vuelta de todo que cualquiera de nosotros llevamos dentro se ajusta el cinturón, se pone un palillo en la boca y proclama: "¿Y para esto hacía falta un estudio?"

A lo largo de este mes, y en cómodas entregas semanales, pondremos coto a algunos de estos descubrimientos tan poco aparentes para explicar qué hay detrás de ellos. Tras las tres primeras entregas publicadas, aquí van nuevos estudios.

Equipo grande, ande o no ande

Este fin de semana ha empezado la liga de fútbol y los grandes favoritos vuelven a ser el Real Madrid y el Barcelona. Lo que quizá no suponían es que, de acuerdo con un estudio científico de la Universidad de Nottingham, tener entre tus filas a algunos de los mejores jugadores del mundo ayuda a llenar de gente el estadio.  

Las conclusiones a las que han llegado estos economistas podrían ayudar a explicar por qué Florentino Pérez o Josep María Bartomeu tratan, cada verano, de contratar para sus equipos a rutilantes estrellas del panorama futbolístico europeo y mundial.

Al menos, en deportes como el cricket se pensaba que la afluencia estaba más determinada por asuntos como la clasificación, pero no. Dos equipos con excelentes jugadores en las últimas posiciones de la clasificación tienen, según este estudio, más posibilidades de llenar el estadio que al contrario.

Tu gato reconoce tu voz, pero se la suda

El gato lleva 10.000 años mirando sospechosamente a los hombres desde un altillo y, de hecho, muchas personas tienen la fuerte impresión de que su felino les entiende, de que son capaces de comunicarse perfectamente con ellos. Tienen razón.

El problema es que a sus gatos eso les da igual. Un trabajo publicado en Animal Cognition por Atsuko Saito, de la Universidad de Tokio, estudió a 20 de estos animales domésticos, perdón, criaturitas cuquis, poniéndoles las voces de sus amos cuando estaban presentes, cuando no estaban presentes o usando voces de extraños intercaladas con la de su amo. Llegó a la conclusión de que sí, son capaces de discriminar voces pero como explicaba Saito, "históricamente hablando, los gatos, al contrario que los perros, no han sido domesticados para recibir órdenes".

Pero son tan adorables.

Los empleados odian las reuniones

Al parecer, en prácticamente cualquier empresa, los empleados suelen creer que las reuniones que sus jefes les hacen mantener no sirven para nada, les hacen perder tiempo de trabajo y, en definitiva, ser menos productivos. 

En una encuesta realizada por Harris Polls, un 46% de los consultados declaraban que preferían hacer una tarea desagradable antes que asistir a una reunión laboral. De estos, un 17% prefería mirar a pintura secándose en una pared y un 8% soportar una endodoncia.

Pero otros estudios sobre nuestra aversión a las reuniones ofrecen resultados muy interesantes, como la diferencia entre los millenials y los mayores (a estos últimos les gustan menos) o entre hombres y mujeres.

Probablemente, la mayor aportación de estos estudios a la ciencia son las palabras y frases más odiadas por todos los participantes en reuniones contemporáneas. Entre ellas están las clásicas "pensar de forma creativa" (think outside the box), "estrategia win-win" o nuestra favorita personal: "Sinergia".