Ilustración de ‘Shieldcroc’ en su entorno del norte de África hace unos 95 millones de años

Ilustración de ‘Shieldcroc’ en su entorno del norte de África hace unos 95 millones de años Henry P. Tsai Universidad de Misuri

Ecología Tesoros escondidos

El 'padre' de los cocodrilos africanos que se escondía en un museo canadiense

'Shieldcroc' medía más de nueve metros, tenía unas mandíbulas delgadas y evitaba las peleas con los dinosaurios que vivían en la costa. 

Laura Chaparro

El Museo Real de Ontario (Canadá) albergaba en sus almacenes el cráneo del antepasado de los cocodrilos actuales que hoy campan por África. Pero nadie lo sabía. Tuvo que llegar Casey Holliday, un investigador de la Universidad de Misuri (EEUU), para revelar que databa del Cretácico Superior, hace unos 95 millones de años.

"Aegisuchus witmeri o Shieldcroc es el antepasado más antiguo de los cocodrilos modernos que se encuentran en África", señala el científico. "Estamos descubriendo que los antepasados de estos animales son mucho más diversos de lo que lo que los científicos creían", añade.

Apodado como Shieldcroc –que significa escudo de cocodrilo–, lo que más llama la atención del fósil es una especie de escudo de piel gruesa que recubría su cabeza. Los restos, descubiertos en Marruecos, mostraban una cicatrización de los vasos sanguíneos, por lo que Holliday dedujo que el animal había desarrollado una estructura encima del cráneo, como una coraza.

Sus funciones podrían ser variadas: desde que sirviera para intimidar a sus rivales, hasta para atraer a otros compañeros e incluso como termorregulador, para controlar la temperatura de su alargada cabeza, de un metro y medio de longitud.

Porción del cráneo fosilizado del cocodrilo.

Porción del cráneo fosilizado del cocodrilo. Casey Holliday Universidad de Misuri

Boca-trampa para los peces

En total, el ejemplar medía más de nueve metros y, a diferencia de los cocodrilos actuales, sus mandíbulas no eran fuertes sino delgadas, que utilizaba para capturar peces a modo de trampa. Parece que evitaba las peleas con los dinosaurios en la costa.

"Es posible que esperara hasta que un pescado nadara delante de él. Entonces, si estaba lo suficientemente cerca, abría la boca y se lo comía sin luchar, eliminando la necesidad de mandíbulas fuertes", baraja Nick Gardner, investigador de la Universidad Marshall (EEUU) y coautor de la investigación, que se publicó en PLOS ONE.

Tras ser estudiado por los científicos, los restos del animal se devolvieron al Museo Real de Ontario, donde fueron expuestos y permanecen en la actualidad.