Ondas Gravitacionales

Nuevo descubrimiento permitirá estudiar las poblaciones de agujeros negros en el universo

La colaboración LIGO, donde participan científicos españoles, detecta ondas gravitacionales por segunda vez y abre la puerta establecer límites sobre las poblaciones de agujeros negros.

Recreación de un agujero negro supermasivo.

Recreación de un agujero negro supermasivo.

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El 26 de diciembre de 2015 a las 4:38 de la mañana, mientras usted digería su cena de Navidad, los dos detectores LIGO, que se encuentran en los estados de Louisiana, y Washington (EE.UU.) observaron ondas gravitacionales por segunda vez.

Los nuevos hallazgos de esta colaboración científica, en la que participa el grupo de Relatividad y Gravitación de la Universidad de Islas Baleares, han sido anunciados este miércoles en la reunión anual de la Sociedad Astronómica Americana.

"El experimento detectó estas ondas muy claramente", ha dicho la argentina Gabriela González, investigadora en la Universidad Estatal de Luisiana y portavoz del LIGO. "Estamos muy orgullosos de que este sea el comienzo de una astronomía de ondas gravitacionales".

Como recordarán, las ondas gravitacionales son oscilaciones en el tejido del que está hecho el universo, sólo detectables tras  un choque o fusión de objetos estelares masivos, como los agujeros negros o las estrellas. En febrero, desde Estados Unidos anunciaron que habían sido detectadas por primera vez, confirmando la predicción que Einstein hizo hace 100 años.

Las ondas anunciadas esta semana fueron generadas por la fusión de dos agujeros negros, que eran ocho y 14 veces más grandes que el Sol, produciendo un solo agujero negro con 21 veces la masa de nuestra estrella más cercana y liberando una cantidad de energía equivalente a la masa de un Sol en forma de estas ondas gravitacionales.

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La fusión de estos agujeros negros se produjo hace 1.400 millones de años, tras girar y girar y girar acercándose como dos canicas en un sumidero. El LIGO fue incluso capaz de captar una señal, de apenas un segundo de duración, correspondiente a las últimas 55 órbitas que dieron antes de fusionarse.

En apenas cuatro meses desde que reanudaron el experimento, los científicos del LIGO han sido capaces de detectar ondas gravitacionales en dos eventos diferentes. Ahora, estos científicos tratarán de limitar las predicciones sobre la población de agujeros negros en el universo, un cálculo tan inabarcable sin estas nuevas herramientas que hasta ahora se ha considerado imposible.