Revistas científicas

Tres relatos de terror sacados de revistas científicas

Al abrir una puerta al acceso abierto a la ciencia, los cibercriminales han aprovechado para entrar. He aquí historias para no dormir basadas en hechos y científicos reales.

Tan inquietante como este paisaje puede ser una carrera científica.

Tan inquietante como este paisaje puede ser una carrera científica. Flickr

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Como si no fuera suficiente con los recortes presupuestarios, la burocracia, los autores fantasma o los directores de instituciones científicas escogidos o despedidos por sus vinculaciones políticas, los científicos tienen motivos para tener miedo a internet.

Un reciente artículo del iraní Mehdi Dadkhah publicado en el Journal of Advanced Nursing recoge algunas de las ciberamenazas más habituales a las que puede exponerse un científico estos días.

Aquí van tres ejemplos reales extraídos de revistas científicas o relacionados con este tipo de publicaciones.

La revista secuestrada

Esta página web parece pertenecer a la revista GMP Review, especializada en manufactura farmacéutica. Contiene los nombres del comité editorial de la revista, el ISSN (código internacional para publicaciones seriadas) de la revista, las conferencias e incluso números anteriores en formato PDF. Este dominio incluso aparece indexado en la base de datos de revistas científicas de Thomson Reuters.

Atlas de revistas científicas secuestradas en 2014.

Atlas de revistas científicas secuestradas en 2014.

El problema es que la web es falsa, y sirve básicamente para contactar con científicos a los que cobrarán por publicar en GMP Review, una revista que, sin saber muy bien cómo, ha sido secuestrada. En 2014 les pasó lo mismo a 20 publicaciones científicas, en 2015 (PDF) ya eran casi cien revistas.

Su estudio ahora pertenece a un mafioso

Varios medios recogieron el pasado mes de enero la polémica ley rumana que descuenta 30 días de cárcel a cada convicto que publique un estudio científico. Esta ley data de la era comunista y estaba planteada para presos que no pudieran hacer trabajos manuales. El problema es que en los últimos 3 años el número de escritores científicos en prisión ha aumentado espectacularmente y 188 prisioneros han publicado 415 libros. Llama la atención el caso de Dan Voiculescu, fundador del Partido Conservador y uno de los hombres más ricos de Rumanía. Condenado a 10 años en 2014, Voilescu ha publicado 8 libros desde entonces.

Si se están preguntando de dónde salen los artículos científicos, una explicación está en sitios webs que ofrecen a los investigadores un servicio de proof reading, es decir, revisan los manuscritos en busca de errores o incoherencias antes de enviarlos a una revista científica seria. Este tipo de sitios copian los trabajos y trafican con ellos. Algo así le pasó al historiador Catalin Parfene, que encontró su tesis de 2005 sobre alianzas matrimoniales de reyes rumanos del siglo XIV convertida en el libro de un empresario rumano encarcelado llamado Gheorge Copos.

Acceso abierto, pero a su cartera

Lukić Tin y compañía informan (PDF) de que algunas sospechosas revistas y conferencias científicas aprovechan para vender la información de investigadores que participan en ellas. Es decir, estos autores pagan cantidades que pueden rondar los 1.800 euros por publicar en una revista depredadora, que encima luego aprovecha para comerciar con su nombre, teléfono y correo electrónico. Los compradores de esta información, ni que decir tiene, la aprovecharán para seguir intentando desplumar a estos pobres investigadores incautos.

¿Es usted científico y le ha ocurrido algo similar? Estaré encantado de escuchar su historia en antonio.villarreal@elespanol.com