Juego

La 'locura' del inversor de bolsa

Aún no reconocido oficialmente, un trastorno similar al del juego puede afectar a los que compran y venden acciones sin control. 

La obsesión por la bolsa puede ser un trastorno

La obsesión por la bolsa puede ser un trastorno Flickr

  1. Juego
  2. Bolsa
  3. Adicciones

La primera vez que Tim (nombre falso) compró acciones tenía sólo 15 años. Aunque no lo sabemos, es muy probable que su familia le felicitara por su iniciativa, inusual en alguien tan joven. El muchacho, además, lo hizo con su propio dinero, obtenido en el típico trabajo estival. Menos de 15 años después, tras haber sido abandonado por su mujer, Tim forma parte de una peculiar cohorte de pacientes llamada EVALJEU. 

No todos son como él; la mayoría, pacientes del Centro Hospitalario Universitario de Nantes (Francia), son personas que acudieron al médico por problemas con el juego, una tendencia excesiva a las apuestas que interfería con su vida diaria. Pero Tim comparte problema con otros siete individuos del grupo, junto a los que protagoniza un estudio publicado en la última edición de la revista Addictive Behaviors. Quizás si hubieran podido elegir, hubieran preferido otro tipo de 15 minutos de fama. 

En 2013, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) editaba el manual DSM-V, la biblia del diagnóstico de las enfermedades mentales. Se trataba de la quinta edición del documento y la comunidad médica esperaba con ansiedad el veredicto de la APA. De esta actualización saldrían identificados nuevos trastornos y se sabría si conductas como las compras compulsivas o el uso excesivo de videojuegos podrían considerarse enfermedad. 

Al final, ninguna de estas adicciones entraron en la categoría de trastorno mental, pero hubo una que cambió de posición: la antiguamente llamada ludopatía, actualmente denominada trastornos de juego, pasó de pertenecer a la categoría de enfermedades asociadas al control de impulsos y se definió como la única adicción comportamental reconocida, como recuerda la psiquiatra Susana Jiménez-Murcia, de la Unidad de Adicciones Comportamentales del Hospital Universitario Bellvitge, en Barcelona. 

La mayoría de los pacientes de este departamento son jugadores que deben dejar de jugar, pero también hay otro tipo de enfermos, aunque científicamente no pueden denominarse como tal. Los psiquiatras estadounidenses dejaron la puerta abierta a que aparecieran nuevas formas de locura y las agruparon en la sección tercera del manual. Eran comportamientos, comenta Jiménez-Murcia, sobre los que no había aún suficientes hallazgos, pero de los que se sospechaba que darían que hablar en un futuro. La adicción al sexo o a las redes sociales están ahí incluidas. Y los que las padecen también acuden a la consulta del hospital barcelonés de vez en cuando. 

Conductas no incluidas en el manual

Varios psiquiatras de todo el mundo han seguido durante estos años recopilando datos sobre conductas que requieren de tratamiento y que no están en el DSM-V. Entre ellos, los responsables de EVALJEU que, de vez en cuando, recibían pacientes que no tenían problemas con el juego, pero sí con la bolsa. 

De su observación y tratamiento es fruto el estudio publicado en la revista británica, en el que también ha participado la psiquiatra del centro barcelonés. Jiménez-Murcia comenta a EL ESPAÑOL que, entre un 1 y un 1,5% de los pacientes que consultan a su unidad lo hacen por esta razón. "Muchos se enfrentan a problemas legales graves por el dinero que han perdido, incluso a la cárcel", señala. 

Trastorno propio

Lo que el estudio sugiere es que el comercio excesivo en bolsa se puede definir como un trastorno propio y que, de hecho, se aproxima más al causado por algunos tipos de juegos que por otros. La estrella en similitud es el póker y no en cualquier versión, sino en la versión Texas Hold'em. "Tiene un componente de azar, pero también de estrategia, es mucho más parecido que, por ejemplo, las apuestas con tragaperras", comenta la psiquiatra de Bellvitge.

No es el primer trabajo que describe este comportamiento. La propia Jiménez-Murcia firmó uno previo en 2012 en la revista Comprehensive Psyschiatry, con el clarividente título Apostando en el mercado de valores: un tema por explorar

La psiquiatra explica que, aunque comparten muchos rasgos con los jugadores, hay características que diferencian a los inversores con problemas de adicción a la bolsa, que son precisamente las que destaca el nuevo estudio. Así, subraya, estos suelen tener un nivel más alto de estudios y una mejor aceptación social. 

Signos de alarma

De los afectados que han pasado por la consulta de Bellvitge, la gran mayoría son hombres. De hecho, comenta Jiménez-Murcia, este género predomina en general en los trastornos de juego, en los que sólo entre un 10 y un 15% de los pacientes son mujeres. En el caso de la bolsa, ella sólo ha tenido una paciente femenina. 

Entre las señales de alarma que pueden hacer pensar a un inversor en bolsa (o su familia y amigos) que necesita consultar a un psiquiatra están las distorsiones cognitivas. El afectado suele creer que posee un sistema específico que le va a hacer ganar. Además, tienen tendencia a invertir en valores de los denominados de daily trading, poco estables y que permiten ganar (y perder) una gran cantidad de dinero en poco tiempo.

La obsesión por la información constante, que les hace incluso no dormir -al invertir por internet, se puede hacer en todos los mercados del mundo- y la tendencia a endeudarse, primero con su propio dinero pero después con ajeno -de su familia y hasta de contactos profesionales- son otros rasgos característicos de estos ludópatas del parqué. 

Esperanza para el futuro

Aunque Jiménez-Murcía insiste en que se trata de un problema muy grave y con consecuencias muy importantes, destaca también que, curiosamente, los afectados no acaban con las relaciones personales tan deterioradas como los pacientes de trastornos de juego habituales. 

Aunque no está plenamente definido como enfermedad, sí existe un protocolo de tratamiento. "El objetivo es conseguir las abstinencia completa", relata la psiquiatra. Eso se logra con una terapia psicológica de 16 sesiones semanales, que se completan con un seguimiento de dos años. "Se pretende lograr que sea autosuficiente económicamente, pero al principio se suele limitar el acceso al dinero y a internet", añade.

Un problema adicional es que, en algunos casos, los afectados por este trastornos son brokers, personas que se dedican profesionalmente a la compraventa de acciones. "Se les anima a que cambien de profesión y ellos mismos lo piden", resalta la terapeuta. 

El trabajo recién publicado concluye afirmando que "invertir no es una forma de apostar, pero algunas personas apuestan con inversiones". A partir de ahí, los autores recomiendan más investigación, el desarrollo de estrategias para la prevención y tratamiento del trastorno y llevar a cabo estudios para saber cuándo calificar de comportamiento anómalo la inversión excesiva en bolsa.