Opinión

Corruptos somos (casi) todos

  1. Opinión

Por Sigfrido Samet

“Esta teoría (la del conocimiento del sentido común) es muy simple. Si cualquiera de nosotros desea conocer algo que aún desconoce sobre el mundo, no tiene más que abrir los ojos y mirar a su alrededor. (…). Los diversos sentidos son pues, nuestras fuentes de conocimiento- las fuentes o los accesos a nuestra mente. Karl Popper (Conocimiento objetivo, pg.65. Ed. Tecnos, 1988).

Si un bebé ve pasar a un perro blanco, para él es sólo una mancha blanca que se mueve. Recién cuando adquiere el concepto perro, puede interpretar a cientos lo que vio. Filogenéticamente, conceptos y categorías se forman por inducción de sus instancias. Por el contrario, en la ontogenia, ambos preceden a sus instancias. Por eso conocer es mucho más que ver.

Durante siglos el racionalismo cosechó grandes éxitos como impulsor del desarrollo de las ciencias. Pero, al mismo tiempo, nos indujo a creer que todo lo existente reproduce una idea que forzosamente tuvo previamente que estar alojada en una mente (divina o humana). Es cierto que, como dijo Sartre (El existencialismo es un humanismo), en un cortapapeles la esencia precede a la existencia, pues antes de existir como “cosa”, fue imaginado para un fin preciso. Pero en los fenómenos complejos, los más importantes para la humanidad, no hubo planificación ni pensamiento previo. Las funciones más importantes, simplemente surgieron de la complejidad sin intención ni planificación alguna (Hayek). Nadie inventó el lenguaje, ni el comercio, ni la moneda, ni la globalización. Sin embargo son las principales instituciones que continuamente mejoran nuestra calidad de vida. Estar contra la globalización tiene tanto sentido como lo tendría estar contra el lenguaje.

El fenómeno globalización involucra a grandes empresas y tendemos a creer que ellas son las únicas beneficiarias y al mismo tiempo quienes la dirigen. Estas creencias se deben al desconocimiento de la complejidad y sus consecuencias y son aprovechadas por algunos políticos para ofrecernos culpables contra quienes luchar. Los enemigos son imprescindibles para lograr nuestra cohesión.

En gran parte del planeta, la gente está irritada porque, habiendo vivido mejor que sus padres, era esperable que esta tendencia continuara; sin embargo, está sucediendo lo contrario. Se culpa a diversos factores, como el mal reparto del ingreso nacional*. Pero en la realidad no hay reparto alguno. Hay un continuo intercambio de bienes y servicios, a los precios que establece el mercado. El Estado ahoga a la economía a base de impuestos. Lo razonable sería bajar los impuestos, cosa posible si se bajan los gastos. Pero esto no se hace porque un Estado elefantiásico permite dotar de buenos sueldos a cientos de miles de empleados innecesarios. Los Gobiernos compran así los votos de esos agradecidos. Corruptos no son solo los que roban directamente, sino también quien acepta puestos cuyo único objeto es cobrar al sueldo cada mes.

*Ver: 1) “El Capital en el siglo XXI”. Thomas Piketty, FCE 2014. 2) “Desigualdad”. Anthony B. Atkinson, FCE 2016.