Las anfetaminas de Ferlosio

'El Jarama', de Rafael Sánchez Ferlosio/ Nacho/ Flickr

'El Jarama', de Rafael Sánchez Ferlosio/ Nacho/ Flickr

Por Juantxu Gomeza

Hace no muchas semanas, Sánchez Ferlosio se asomaba a la prensa, en una entrevista, y confesaba que escribió lo mejor de su obra con la ayuda de las anfetaminas. Sus palabras son las de quien está a la vuelta del camino y tiene la verdad por única razón: la autenticidad nos hace libres y el artista, que es por definición un gran fingidor, se revela al final como el alma desnuda, que es lo único que sobrevive al Arte y lo justifica. No me sorprenden estas declaraciones. Son tantos los escritores que han recurrido a lo que llamamos sustancias que parece extraño conocer a un poeta que escriba en las horas de la alborada, recién despierto, con su alma llena de vida nueva, ahíto sólo de leche y una galleta de trigo. Quizás la mejor literatura no pueda hacerse sólo con los alimentos de avena y trigo y con buenos sentimientos y que sean al final esas sustancias las armas turbadoras del alma y la conciencia.

El talento, las musas, esa voz que parece despertarse en cada línea, es un duende que a veces duerme en el fondo de la consciencia y debe despertarse con el fórceps que le ayude a ver la luz. En realidad, no hay alumbramiento sin partera y las letras exigen de todo escritor un elemento sanador, a veces la luz de sol que se asoma o el canto de un ave, el aroma de la azucena o el hedor de la letrina.

No me asombra la confesión y ni siquiera la considero inocente. Toda verdad es al final una provocación y el hombre artista toma revancha de la imagen que de sí mismo pueda haberse forjado. En una sociedad puritana además toda confesión que parece atentar contra las imágenes preestablecidas es una sacudida a sus reglas. En la sociedad del doping y que expulsa al deportista que ha tomado estimulantes, sus marcas son anuladas, parecen derribarse sus estatuas, como en la Antigüedad, y se le retiran las coronas que antes lucía con orgullo. No sé, ahora que he oído a Ferlosio, qué harán con él; si acaso se eliminarán las páginas mejores de El Jarama o si las Andanzas de Alfanhui serán reducidas y un tribunal de la decencia y del juego limpio podará los mejores párrafos, juzgando abominable que las glorias de las letras vengan emanadas de los vapores de una sustancia que se deshace en los fondos cavernosos del esófago humano.

"El gallo de la veleta, recortado en una chapa de hierro que se cantea al viento sin moverse y que tiene un ojo solo que se ve por las dos partes, pero es un solo ojo, se bajó una noche de la casa y se fue a las piedras a cazar lagartos", escribe Ferlosio en el comienzo de Alfanhui, texto que una comisión garante de la ética y de la verdad recortaría, con debates encendidos sobre el alcance de la anfeta en la adjetivación y la sintaxis. Habría dudas sobre dónde podar y en qué cuantía.

Creo que, así las cosas, probablemente nunca ha habido como hoy un afán mayor de sustituir la justicia divina, de dejarlo todo atado en la tierra y ya no tenemos sino justicieros que pretenden dejar sin casos al último tribunal, de forma que el tribunal divino, ese que anuncia el Evangelio, sea como una sala del Supremo en agosto, sin un papel sobre los estrados, sin otra luz que la que llega de las vitrinas.

Hay clases y se nota. Los deportistas con anfetas o con lo que sea que estimule las piernas son expulsados. Nuestro García Bragado se lamenta de qué habría sido el medallero si los rusos, grandes tramposos (según sospechas, probablemente injustas), hubieran jugado limpiamente durante decenios. Una verdad alternativa habría florecido, pero ¿qué hacer con los escritores que escriben sobre el diván cargados de alcohol o sentados con los ojos como platos por influjo de anfetas que casi rompen su corazón?

Es cierto que el escritor no es competidor nato o no debería serlo y produce una obra que pervive, pero ¿no deja en la orilla del olvido, de la derrota literaria, a otro que ha jugado con el solo ensueño del cielo, sin más estímulo que el manantial transparente y el cereal limpio? Definitivamente, así lo pienso, no hay justicia en este mundo, pero desconfío de quienes pretenden realizar al máximo la justicia y son capaces de extirpar un adjetivo y de arrancar a quienes moran en el monte Parnaso. Probablemente sean las Artes el único lugar en el que se justifique forzar los sentidos, en el que todo, o casi todo, valga la pena antes de que nuestra mortal existencia acabe y se lleve todo lo que pudo haber sido.