Pedro el contumaz y Albert el incongruente

Por Jesús Peón Cadavieco (economista)

La osadía y arrogancia de Pedro Sánchez, tras su penoso resultado electoral 20-D (cuarto en su circunscripción, como cabeza de lista, y suelo plebiscitario para el PSOE, con 90 diputados, en "jornada histórica"), le sumergió, a caballo de su "¿que parte del "no" no ha entendido, señor Rajoy?", en la insolente aventura de proponerse al rey como candidato a formar gobierno. Recorrió, en su vano intento, un camino de humillaciones, hasta extremos de sonrojo, ante cuantas instancias vinculadas a Podemos y separatistas, logró tocar, dentro y fuera (Grecia, Portugal, ...) de España.

Mientras Rivera, su palmero en el pacto del abrazo y en el fallido debate de investidura, hacía mutis, mirando a su ombligo de mediador burlado, en las burdas escenificaciones con que Sánchez lucía su palmito, más por campaña anticipada para las segundas elecciones y por apuntalar su cuestionado liderazgo, que por creer en el éxito de su candidatura presidencial.

Así es que llegó la convocatoria de segundas elecciones, más por la estrategia caníbal de Pablo que por deseo de Sánchez y su equipo, bien dispuestos, hasta el último minuto, a enredarse con Podemos y partidos separatistas, casi a cualquier precio, anteponiendo su ambición de ocupar poder a los intereses de España y de su partido. Y, tras una campaña electoral en la que, tanto Sánchez como Rivera, pusieron en valor, una y otra vez, los pretendidos méritos de sus pactos y devaneos con Podemos para intentar formar gobierno, los ciudadanos volvieron a expresar su voluntad, acentuando y subrayando con mayor claridad el mensaje del 20-D: más SI al PP (17 escaños), quizá como mal menor, y menos apoyo (5 PSOE y 8 Ciudadanos) a quienes intentaron pactos con populistas, comunistas y separatistas.

Sin embargo, desde la misma noche electoral 20 J, parece que PSOE y Ciudadanos se empecinan en no entender el no rotundo a un gobierno de perdedores, sobre una amalgama insostenible, incapaz de resolver los graves problemas económicos y sociales que siguen pendientes, tras la demoledor nivel de paro sufrido por los españoles, muy por encima del resto de países azotados por la grave crisis financiera internacional del 2007/2008.

Y pese a que, curiosamente, todos los partidos han repudiado categóricamente la posibilidad de unas terceras elecciones y apuestan por un compromiso político responsable, para hacer viable la formación de un Gobierno, paradójicamente, hasta el momento, las posturas, activas y pasivas, que anuncian son radicalmente frontales a cualesquiera iniciativas de pactos de investidura o/y de legislatura ofrecidas por el candidato del partido nuevamente ganador de los comicios.

El señor Sánchez y sus fieles argumentan uno y mil trasnochados motivos para no abstenerse y, menos, votar si a ninguna propuesta, fórmula o pactos, que permita la investidura del señor Rajoy. Es decir, siguen en las mismas que tras el 20 D, y no quedaría otra salida que terceras elecciones, sin descartar que antes (ya hablan de ello) el Secretario General socialista repita el grotesco intento de encabezar su manido proyecto progresista y del cambio.

El señor Rivera, que se apuró a sellar el vano pacto del abrazo, añadiendo sus 40 escaños a los 90 del PSOE, pese a la manifiesta insuficiencia de ese total, busca ahora escurrir el bulto bajo pretexto de que sus 32 escaños no darían la mayoría a los 137 del PP. Consideró el 20 D que entonces si pesaban 130, a la hora de buscar más apoyos, pero no ahora 169, esto es, 39 más.

Señores Sánchez y Rivera, si quieren recobrar algo de la credibilidad perdida, por encima de intereses partidistas y ambiciones personales, abandonen sus necias posturas y colaboren en hacer factible, sin por ello entregar cheques en blanco, la formación de un Gobierno, encabezado por quien ha ganado nuevamente las elecciones, y con mayor claridad. Es lo que ha pedido el 20 D un electorado, harto de sectarismos, más pendiente e implicado que ustedes por el bien de los españoles.