Periodo post-electoral, periodo de recolocación

Por Ángel Alonso Pachón

Jugar a ser políticos haciendo estrategias partidistas, manipuladoras del voto sencillo del ciudadano, perenne madrugador, es entender la política como un negocio de prometedor futuro, como una agencia de colocación gremial y como un "simulador de vuelos" para principiantes.

Pasan los días y se confirma el ego dolido de los perdedores, que se manifiesta en la utilización retorcida del lenguaje, en la obcecación personalista de los proyectos y en pensar que España es una isla en Europa con derecho al derroche electoralista.

Ni Sánchez, ni Iglesias, ni Rivera, ni sus inefables portavoces, ni sus barones de taifas, tienen derecho a culpar a la mayoría salida de las urnas de sus perennes endemias, de sus machacones errores, de sus obsesiones por los apellidos, de su pequeñez visual, de su merma intelectual y, sobre todo, de su falta de visión de Estado.

Cuando uno se sienta en la mesa de juego, lo primero que debe saber es que perder es la forma de aprender para poder ganar después. La ciudadanía quiere vivir, hoy trabajando, mañana recogiendo. Eso, de sobra conocido por los políticos, no tiene ni color, ni sedes, ni escudos. En eso es en lo que todos deben ponerse de acuerdo.

Lo demás es marear la perdiz para que unos pocos, quiero decir bastantes, vivan a costa de los presupuestos, simplemente, preparando la barbacoa, que dicen comunitaria. Aunque la verdad es que sólo da para ellos.