De nuevo Mondrian: ¿dónde está la imaginación?

Muestra de Cartografía (ÉS), obra de Miquel Patón / Marta Teixidó

Muestra de Cartografía (ÉS), obra de Miquel Patón / Marta Teixidó

Por Marta Teixidó. 

La galería Fernando Pinós, especializada en arte modernista y del siglo XIX, se descolgó el pasado mes de mayo de su línea habitual. Con motivo de una nueva edición de #El paper de l’art apostó por una muestra de carácter abstracto, presentado la obra más reciente de Miquel Patón. No acertó.

Bajo el título Cartografia (ÉS), la muestra recogía la enésima versión de la obra de Piet Mondrian, más vista que Rajoy en televisión, demostrando además una gran carencia de nivel y de atractivo, a pesar de la calidad del soporte utilizado. Una lástima por todo el material ensuciado.

Revisando la página web del artista descubrimos que ya había expuesto varias veces en esta galería. Su obra se basa en la simplicidad de formas geométricas, principalmente cuadrados y rectángulos. También se observan triángulos, donde el color domina sobre el contexto, todo ello de un perfil bastante bajo. Una obra claramente mejorable, a pesar de que la Real Academia de Belles Arts de Sant Jordi disponga de una muestra de su obra, a buen seguro cedida más que solicitada.

El currículo expositivo de Miquel Patón no alcanza grandes ni reconocidos espacios galerísticos, sino más bien estamentos de ámbito semi-público, (Caixa Tarragona, Colegi d’Arquitectes, Palau Episcopal de Tortosa, etc.). Un caso parecido al de muchos pseudo-artistas, que se manejan bien en según qué ambientes hasta lograr que instituciones como las Diputaciones Provinciales reúnan parte de su obra sin que ésta se cotice en el mercado. No obstante, la galería Pinós es la que más pedigree le proporciona al autor, al ser la única con prestancia de su trayectoria profesional.

A través de sus trabajos el artista pretende reducir a la mínima expresión la representación de objetos y de entornos. Una tendencia claramente minimalista, donde los espacios en blanco, a pesar del color y la geometría existente, forman también parte del contexto de la obra. Clara alusión a Mondrian, cuyo arte siempre estuvo íntimamente relacionado con sus estudios espirituales y filosóficos, buscando incansablemente un conocimiento esencial a través de una indagación en lo Absoluto.

Sin embargo, en Patón no se aprecia ni la huella de la Filosofía ni la búsqueda de la pureza o de la Esencia, sino una crisis de creatividad y una falta de talento que le ha obligado a acudir a las vanguardias del siglo XX, con la esperanza que sus posibles compradores no tuvieran ni pajolera idea de Mondrian o del Minimalismo.

En resumen, una exposición para olvidar, a la espera que el artista salga de su red geométrica y tenga la capacidad suficiente de sumergirse en otros áreas y conceptos.

Lo único que tuvo cierta gracia de la muestra fue el espacio expositivo, puesto que entre los arlequinados de Patón, se apreciaban dos singulares motocicletas (entre ellas una Vespa) en medio de hermosas esculturas, lámparas y muebles modernistas. Un desatino, como se diría en lenguaje común, no exento de simpatía al que le sobra el pastiche de los dibujos de Patón.