Señora presidenta

Por Montserrat García González

No he hecho campaña electoral. No ha habido democracia en mi elección. Sencillamente, el azar me ha designado. Y yo, que nunca he sido agraciada en tómbola ni sorteo alguno, esta vez fui tocada por el dedo aleatorio de la, ¿suerte?

Soy presidenta, intento hacer las tareas de mi cargo lo mejor posible y, como la mujer de César, ser honrada y, además parecerlo. Por eso solamente firmaré cheques nominativos, exigiré facturas con todas las de la ley, estudiaré los presupuestos y no aceptaré desembolsos extraños ni contratos que no entienda. Controlaré que se gaste adecuadamente y con rigor hasta el último céntimo de las cuotas de mis representados.Asumo que hay quien me aprecia y valora mis decisiones y que otros me criticarán e incluso pondrán en duda mi calidad de administradora. No dejaré que esto último me influya personal o familiarmente.

Lamentablemente, tengo que dedicar tiempo a mis nuevas tareas y mi ocio se ve un poco mermado. No tengo remuneración alguna y debo confesar que algunos correos electrónicos, llamadas telefónicas y fotocopias las hago en algún ratito perdido en mis horas de trabajo. Espero que nadie me acuse de corrupta. El tiempo no me llega, de verdad.

Es cierto que hay un administrador –debidamente pagado- que hace muchas cosas, pero no valora cada euro como yo lo hago y creo que con más control por mi parte, ahorraremos durante mi mandato. Lo haré lo mejor que pueda en este año y, luego, respiraré aliviada cuando pase el testigo al siguiente presidente, designado en un nuevo sorteo.

Sí, soy presidenta de mi Comunidad de Propietarios y como no se puede repetir presidencia mientras haya un solo vecino que no haya tenido este peculiar bastón de mando, estoy segura, por cuestiones de edad y número de vecinos, que este será mi único mandato. La vida, efímera, no me permitirá otro.

Ante estas próximas –y aburridas, tediosas, cargantes, repetitivas- elecciones, pienso si no podría el rey Felipe decidirse por un sorteo si no se llega a acuerdos. Como en tantas comunidades. ¡Cuánto tienen que aprender los políticos de esta forma no remunerada de micro-gobierno! Para empezar, que nadie se aferra al cargo. Quizá porque se trabaja gratis.