Cal viva

El líder de Podemos, Pablo Iglesias/Ballesteros/EFE

El líder de Podemos, Pablo Iglesias/Ballesteros/EFE

Por Guillermo Passas Varo

“So deep in quicklime the bones of an old crime, I knew a man who raked them over, he’s still suffering (…). The more that it hurts, the less that it works”

-Pet Shop Boys

Durante el debate de investidura de Pedro Sánchez, Pablo Iglesias afirmó que Felipe González “tiene el pasado manchado de cal viva”, justo al día siguiente de haber afirmado que “nadie debería ir a la cárcel por sus ideas”, en referencia al recientemente excarcelado Arnaldo Otegi.

Ante estas durísimas declaraciones, muchos nos preguntamos de qué tiene el pasado manchado Arnaldo Otegi para Pablo Iglesias. Nos asombramos al ver cómo se afirma la responsabilidad directa de quien fue Presidente del Gobierno elegido por los españoles en cuatro ocasiones, mientras califica de preso político a quien, además de haber colaborado activamente en los crímenes de ETA, conspiró para conformar el brazo político de la organización terrorista para, una vez más, llevar la amenaza y el chantaje a las instituciones democráticas.

No hace falta militar o siquiera votar al Partido Socialista para sentir dolor por aquella declaración, basta con tener presente la memoria de las víctimas del terrorismo y el destierro del régimen franquista llevado a cabo por los protagonistas de la construcción de la España democrática. En realidad no debería sorprendernos, pues hay sobrado material para comprobar que efectivamente las ideas de Pablo Iglesias no están con la democracia, no están con el consenso, ni tampoco con las víctimas. Para Pablo Iglesias, hay asesinos mejores que otros, lo que lejos de parecerse a la nueva política parece querer acercarnos a la España que entendía justificable un tiro en la nuca para el que pensaba diferente.

Pero lo que más entristece es la forma en la que Pablo Iglesias está presionando a mi generación para que tome posiciones alejadas de su propia lógica: a la generación que nació en democracia, que ha conocido el mayor desarrollo de las libertades civiles de la Historia, que no tiene recuerdos de los peores años de ETA, que tendría la posibilidad de construir una España mejor, más avanzada, alejada de aquella España desestructurada en la que nos matábamos los unos a los otros. Pablo Iglesias pretende que honremos a quienes hicieron todo lo posible para que España no fuera la democracia europea que es ahora, renegando de todo lo bueno de nuestro pasado para escenificar un lamentable espectáculo de regresión a los años del “ETA, mátalos”.

Felipe González se preguntaba por qué tenía esa inmensa carga de rabia y de odio, al tiempo que afirmaba que sus declaraciones constituían un perfecto autorretrato de Pablo Iglesias. Lo más grave es que esas formas son coherentes con su contenido, que lejos de suponer el sentir ideológico de quienes han confiado en él para que los represente, siendo la indignación básicamente el único rasgo que tiene en común con sus incondicionales seguidores.

Pero la indignación de Pablo Iglesias, a mi parecer, no procede de la catastrófica crisis económica, de la desaparición de nuestro tejido productivo y de la deuda esclavizadora. Pablo Iglesias no era un trabajador mileurista, sino un funcionario con un salario fijo y sus complementos, no se vio afectado por una deuda hipotecaria incapaz de pagar, ni le fue retirado el crédito del cual dependía su negocio, tampoco se planteó salir de España para buscar mejores oportunidades. Pero él está indignado, indignado por no identificarse con la democracia constitucional, está indignado porque su soberbia intelectual no se corresponde con la soberbia material a la que aspira.

El desprecio de Pablo Iglesias por todo aquel que obtenga más protagonismo que él mismo es grotesco, y éste no será ni el primero ni el último espectáculo que nos ofrezca, intentando destruir nuestra memoria democrática y todo lo que ha significado España en los mejores momentos de su Historia. Hará todo lo posible por retrotraernos a tiempos peores, aquellos en los que nuestros abuelos, bisabuelos y padres sentían dolor por España, y que les llevó a enfrentarse entre ellos hasta acabar con todo vestigio de civilización más abajo de los Pirineos.

Este individuo ha venido a la política para eliminar todo el progreso en el que grandes personas de todos los colores han trabajado durante los últimos cuarenta años, a traer el dolor de otras épocas, a enfrentarnos y a robarle la dignidad a todo en lo que creemos. Ha venido a relativizar la Historia, a banalizar la muerte y el sufrimiento, a pedir lo imposible y a asaltar el poder constitucional desde la minoría, empezando por cambiarle el nombre para llamarla “mayoría social”, como ya habían aprendido a hacer sus homólogos de IU desde su 0,5% de representación en la Cámara Baja.

Porque Podemos es la “cal viva” de la política española, que pretende borrar la Historia de la libertad y de la democracia en nuestro país con argumentos corrosivos, falaces y cargados de odio y desprecio por todo aquello en lo que los demócratas, incluidos sus votantes, creemos.